El autor es Ex embajador de Estados Unidos en Paraguay y El Salvador (1980-1981), donde jugó un papel decisivo en la investigación de la violación y asesinato de cuatro mujeres estadounidenses de la Iglesia Católica por los escuadrones de la muerte salvadoreños. Hoy es presidente del Center for International Policy.
Ahora es posible reconstruir con cierta precisión la manera en que el gobierno de Obama convirtió un triunfo diplomático inminente, en una derrota negociada.
El 20 de octubre, el Senador Jim DeMint declaró que se había reunido con el Sub-Secretario de Estado Thomas Shannon y que estaba complacido de que el Departamento de Estado por fin entendió que "es esencial que estas elecciones [en Honduras] se lleven a cabo y sean reconocidos." Como resultado, DeMint dijo que estaba "ansioso" de retirar el bloqueo contra la confirmación de Arturo Valenzuela a Sub-Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental y Thomas Shannon, el actual Sub-Secretario, como embajador a Brasil.
Como bien sabia Shannon, este cambio en la política de EEUU en Honduras sacrificaría el principal mecanismo de presión que Estados Unidos pudiera utilizar para persuadir al régimen de facto para que permitiera el regreso puntual del Presidente Zelaya a su país.
El 28 de octubre, una delegación diplomática dirigida por Thomas Shannon llegó a Tegucigalpa para dar nuevo impulso a las negociaciones entre el régimen de facto y el Presidente Mel Zelaya. En una conferencia de prensa, Shannon dijo que el regreso de Zelaya era "central" entre las prioridades de EEUU y la comunidad internacional. Sin embargo, se negó declarar que su regreso sería un componente esencial a cualquier trato.
Es legítimo inferir que en este punto el presidente de facto Roberto Micheletti ya sabía que el Departamento de Estado había asumido un compromiso con el Senador DeMint en el sentido de que el gobierno reconocería la validez de las elecciones de 29 de noviembre sin importar si Zelaya regresara a la presidencia.
En estas circunstancias, cualquier novato en la diplomacia reconocería de inmediato que la única posibilidad para lograr un acuerdo duradero sería informar al Presidente Zelaya del cambio en la política de EEUU. Ya con esta información, Zelaya podría haber insistido en establecer una fecha para su restitución. Con el respaldo de la delegación de EEUU, hubiera tenido una ligera posibilidad de que Micheletti se aprobara el acuerdo porque se acababa el tiempo.
Siempre era posible, hasta probable, que las negociaciones fracasaran, pero aún éste resultado hubiera sido mil veces preferible a la farsa en donde Zelaya firmó un acuerdo bajo la ilusión de que Estados Unidos aseguraría su pronto restitución al poder.
El resultado de esta cínica y torpe diplomacia no podría ser peor.
La Secretaria de Estado anuncia con bomba bombo y platillo un gran avance en Honduras. Micheletti responde que todavía no se ha acordado la restitución del presidente electo por el pueblo, y un Zelaya engañado declara que el acuerdo está muerto. El fracaso diplomático está completo.
Aún existe un espacio para maniobras diplomáticas. Por ejemplo, en la OEA, los Estados Unidos podrían declarar que aunque su país reconociera los resultados de las elecciones, apoyaría una decisión de la OEA de no enviar observadores hemisféricos para certificar las elecciones. Esto casi seguramente provocaría el regreso inmediato de Zelaya porque Estados Unidos habría reconfirmado su compromiso de no separarse de sus socios hemisféricos.
Si el gobierno de Obama no actúa rápidamente para rescatar este descalabro, Zelaya tomará el único camino que tiene abierto y llamará a sus seguidores a boicotear las elecciones.
* Fuente: Adital
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