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La irremediable caída de los imperios. . . 

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En la historia moderna de las experiencias humanas, las sociedades se asemejan en el proceso de su desarrollo y de su decadencia.  En la situación actual de depresión económica, el Imperio de los EEUU y su élite no tienen una actitud diferente al de élites imperiales anteriores, como aquellos su actitud es globalizadora (en cuanto a su poder económico, comercial y cultural) y como aquellos creen también que su caso es único, diferente al de imperios anteriores –español, holandés y británico. Por ello creen ser inmunes a la decadencia. Pero con la llegada de la decadencia, en el centro imperial el ciudadano común que la experimenta –sufre pobreza, deterioro de calidad de vida, desmoralización, aunque sus élites protegidas continúen en las alturas actuando como si aquella no existiera.

Este fenómeno, desarrollo y decadencia, es observable y el primero en describirlo fue Brooks Adams en su libro “The Law of Civilization and Decay” (Ley de Civilización y Decadencia) publicado en 1896. Uno de los últimos en escribir sobre el tema ha sido Kevin Phillips, en su libro “Wealth and Democracy” (Riqueza y Democracia) publicado el 2002.

Kevin Phillips es un conocido columnista de Los Angeles Times, de las revistas Time y Harper´s, comentador del Columbia Broadcasting Services, y escritor además del libro “The Politics of Rich and Poor” (La Política de Ricos y Pobres). En “The Law of Civilization and Decay” Phillips compara cuatro paìses y sus zonas de influencia (que yo llamo aquí directamente imperios) y examina el proceso de su desarrollo y desenlace final. Phillips escribe sobre España del siglo 16, Holanda del siglo 17, Gran Bretaña de los siglos 18 y 19 y Estados Unidos del siglo 20 y 21, desentrañando elementos comunes y mostrando un hilo unificador: la inevitabilidad de la decadencia como resultado del éxito de sus élites por acapararlo todo y globalizar su poder.

El Imperio Español
Sobre España Phillips explica que el imperio español se convirtió en la fuerza política y comercial más importante del mundo entre 1540-50, fue su cima y período de consolidación, pues el dominio de los imperios ha sido generalmente medio siglo aunque el fin de su dominio no lleve al completo colapso pues se sobrevive más alla del fin. El imperio español contó con los recursos de oro y plata de América, que fluyeron particularmente entre 1530-1580 y que los españoles llamaban “largeza”.  También contó con el emparentamiento del centro del reino español, Castilla y Aragón, con la Casa de Austria o dinastía de los Habsburgo a través de Carlos V, por lo que implicaba a Austria pero también a Burgundy, Flandes y el sur de Italia.

La economía del imperio se fortalece y se establecen vínculos con los banqueros mercantiles de Génova (financistas de ese entonces) que  contribuyen a la creación de élites financieras propias del imperio en Madrid. En cuanto al comercio y la industria, los centros fueron Burgos, Segovia y Toledo, que llegaron al apogeo entre 1570-80. Sevilla era el centro principal de comercio con las Américas y también creció alcanzando 150 mil habitantes para 1588.

Para 1580 el flujo de oro decae porque ya no era tan fácil obtenerlo y para compensar la caída se aumentan los impuestos –que pagaban los campesinos, artesanos y comerciantes, pero no los hidalgos o caballeros pues estaban exentos.  Además de aumentar los impuestos la monarquía emite bonos de deuda que entonces se llamaban “juros” y eran vendidos por la monarquía a comerciantes, hidalgos y  nobles y a quienes tuvieran dinero para pagarlos. Pero esta gente que compraba juros no invertía en nada productivo pues vivían de las deudas (de otros). El aumento de los impuestos fue socavando a las empresas productivas y eventualmente las destruye –en particular a las de Castilla.  Muchos empresarios terminan comprando “privilegios de hidalguía” para escapar al pago de los pesados impuestos. Para el 1600 los arbitristas, que eran analistas de lo que sucedía, hablaban del desproporcionado peso que acarreaban los no privilegiados, que creaban diferencias muy marcadas entre ricos y pobres y estaban desapareciendo al medio, se achicaba la base que sujetaba al reino.

El golpe de gracia fue la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) que secó la tesorería de España. Para 1625 el oro y la plata que llegaba de América era la mitad de lo había sido en 1600. Los productos de América también disminuyeron. El declive era visible e inevitable. Ciudades como Burgos y Toledo tenían para entonces la mitad de la población que habían tenido en 100 años antes pues la gente se volvía al campo y el señorío agrícola volvió a emerger. España no pierde inmediatamente sus colonias, que no se le levantan sino hasta el siglo 19, pero que bien podían haberse liberado antes.

El Imperio Holandés
Las Provincias Unidas de los Países Bajos nacen a fines del siglo 16, cuando se levantan contra la autoridad real de Habsburgo y surgen como centro comercial cuando el reino de España es aún fuerte. Su poderío es marítimo y comercial pero también religioso, pues reciben Protestantes expulsados de España en 1585 -eran gente preparada que le sirve a Ámsterdam muy bien. Si en 1580 Ámsterdam tenía 30 mil habitantes para 1662 tenía 200 mil y era el centro comercial de Europa.

El centro financiero que fue Ámsterdam creó precedentes nuevos para un capitalismo popular a través de especies de sociedades anónimas. Holanda con un millón de habitantes, comparada con España con 20 millones y Francia con 16 millones, llega a tener una flota de 6000 barcos en 1669, además de un alto desarrollo tecnológico, textil, astilleros de barcos e industria pesquera. Su época dorada es entre 1647 y 1672, y se caracteriza por tener una clase media relativamente sobria y poco pretenciosa (que se refleja en las pinturas de Rembrandt) y por tener el primer proletariado europeo relativamente bien pagado. Sus ciudades alcanzan un alto nivel de sanidad. Al tiempo que los pueblos de Castilla se despueblan las ciudades de Holanda duplican su población.

El punto más alto para la producción fue en 1667, para 1670 el comercio holandés comienza a sufrir a manos del mercantilismo francés (de Luis 14) y porque la clase pudiente holandesa comienza a invertir sus ganancias en tierras y propiedades en vez de en la producción y a  invertir fuera de Holanda en Gran Bretaña –que sería el imperio que sigue. La Guerra de los Nueve Años (1668) marca el declive. Las clases altas, dueñas de la mitad de los bonos del estado holandés, mantienen una actitud pasiva en el declive. Sus capitales están en bonos y seguros, un 25% de su riqueza está en acciones y fondos en el extranjero y un 12% en tierras y propiedades en el país.

El colapso de la economía holandesa se hace irreversible cuando aumentan las transferencias de capitales que se transforman en depósitos en el extranjero. Para mediados del siglo 18 los holandeses ricos son los acreedores de un cuarto de la deuda pública, pero también son dueños de una tercera parte del Banco de Inglaterra y de una parte de la empresa británica East Indian Co.  Como en España hay una gran polarización entre ricos-pobres.

El Imperio Británico
Es dificil establecer el comienzo del Imperio Británico aunque derrotar a los franceses en 1763 es lo que les permite un imperio global de proporciones. La Revolución Industrial está en su haber y el nuevo imperio cuenta con una enorme armada. Su centro de inversiones de capitales -reemplaza a Holanda, y su comercio internacional que entre 1800-1830 aumenta en un 30% se multiplica por cinco entre 1840-1870 –la mitad en base a manufacturas. En Gales y el norte de Inglaterra aumenta la producción de carbón cuatro veces. La población de Londres pasa de 2 a 5 millones entre 1841 y 1881 y la de Gran Bretaña alcanza los 26 millones en 1871. Los salarios de los trabajadores especializados aumentan y para 1874 son los más altos de Europa. Aumenta el consumo entre 1850 y 1860, según muestra el mayor consumo de azúcar.

Pese a su poderío industrial Gran Bretaña importó siempre más de lo que exportó, pero la exportación invisible fue en aumento –préstamos bancarios, seguros, transporte marítimo. Para 1900 las inversiones británicas estaban regadas por todo el mundo –de Argentina a Zanzibar, trenes en Chile, caucho en Malasia, servicios públicos en Ohio. Sus inversiones daban más utilidades que las fábricas en West England. Como con los anteriores imperios, la modernización de la industria británica no se implementa, aunque tienen la tecnología, el capital y la creatividad para hacerlo, es que se gana más afuera.  El gobierno conservador de Balfour (1901-1906) trata de modernizar la industria pesada con tarifas, pero no resulta.

Joseph Chamberlain, el mayor defensor del proteccionismo en ese tiempo habla repetidamente de las experiencias de España y Holanda, de la necesidad de evitar la polarización ricos-pobres que las finanzas estaban favoreciendo focalizándose en la producción. El peligro, decía, era ser “ricos y sin embargo más débiles,” la nación no podría resistir a menos que se creara riqueza a través de la producción, decía. Como Isaac de Pinto en 1770, y Gonzalez de Cellorigo en 1600, Chamberlain recomendaba precaución pero nadie le escuchaba, predicaba en el desierto: se trataba de enriquecerse más y hacerlo pronto, poco le importaba Gran Bretaña a la élite -pues la había trascendido globalizando su poder, como otras élites antes que ella.

Posterior a 1900 la combinación de aumentos de precios y crecientes tarifas hacen que las exportaciones británicas se encarezcan, bajan los salarios y hay inflación por lo que el poder de consumo de la población baja. Para 1914 más del 40% de la fuerza laboral en la manufactura eran mujeres, mayormente porque se necesitaban dos salarios para vivir. La élite alcanzó su mayor poder en el país entre 1911-13 cuando es dueña del 69% de la economía británica. El final es siempre la guerra. La Primera Guerra Mundial exige de los británicos un gran endeudamiento, en 1929 cae la Bolsa. Entre las dos guerras se vive una locura temporal y  sin raíces, pero la Segunda Guerra Mundial llama a la realidad. Es ella la que elimina las inversiones de ultramar británicas, fuerza la devaluación de la libra y el completo colapso del imperio como líder económico.

El imperio de los EEUU
EEUU, el prestamista de los británicos,  surge como imperio del siglo 20 y 21, recorriendo un camino no tan diferente del de los otros. Cuando se debilitan los británicos, EEUU no parece interesado en tomar su lugar, su centro y dominio está en América. Es su indiferencia en cuanto a “recibir la antorcha” británica, y su exigencia de que le sean pagados los préstamos que hizo en la Primera Guerra Mundial lo que lleva a la Segunda. Al final de ésta los EEUU emergen como nuevo imperio.
Durante los años 80 comienza la reorientación del proyecto imperial de EEUU bajo la globalización, y eso es historia. Si las experiencias anteriores nos enseñan algo es que estamos viviendo la última fase de otro imperio. Para el año 2000 el déficit comercial era enorme y EEUU se convertía en un gran deudor, pero se le apreciaba en su potencial como exportador de servicios de computación, entretenimiento, comunicaciones, ciencia y tecnología y turismo. Para el 2008 sus valores de capital, vendidos al mundo, se convierten en papel sin valor y en tóxicos. El país, su gente y corporaciones acarrean deudas inmensas, impagables. Podremos decir que este es su final… De ser así, ¿quien se perfila como heredero? ¿Es este el último del proceso y emergerá uno diferente?

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