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EE.UU. interviene en Bolivia 

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Como en Egipto hace medio siglo, hoy USA paga ignorantes asesinos, bandoleros y una chusma ínfima pero desenfrenada (además de la prensa mundial) para lanzar una intervención directa contra el pueblo de Bolivia.

Todos los bolivianos saben que Branko es agente de USA. También lo saben los gobiernos de Brasil y la Argentina, de cuya reacción depende ahora el fracaso del embajador Goldberg, el  destructor de Kosovo. Todos, bolivianos, argentinos y brasileños, saben que las bandas de delincuentes borrachos son pagadas por Branko y Goldberg.

Así, el destino de un país, Bolivia, depende de los crímenes cometidos por un puñado de delincuentes que son la “oposición” que citan los periódicos del mundo para justificar el asesinato de Bolivia y el de sus gobernantes legítimos.

Tan bien saben los bolivianos que están sufriendo una intervención directa y brutal de USA que han decidido no hacer nada ante esta agresión. Han decidido cruzarse de brazos porque esta es la posición más sabia que les dicta su larga y cruel experiencia política. Esta vez es necesario negarse a la violencia para acabar con la violencia. Es lo correcto y lo más inteligente. El mundo debe saber que el pueblo boliviano se niega a una guerra civil y a las agresiones de sus peores hijos.

También el gobierno legitimo de Bolivia hace bien al negarse a la violencia y acudir a la Ley, así sea esa Ley tan débil que casi no existe en el país. El mundo debe saber que la mayor fortaleza de Evo es su fuerza moral y la justicia que respalda su lucha. En un país en que seis de cada diez seres humanos viven como animales, sólo las bestias y los animales prefieren un retorno a un pasado horrible hecho de hambres, esclavos, explotación y crímenes.

De ese modo, ni los bolivianos ni su gobierno legitimo se prestan a seguirle el juego a Goldberg y sus agentes locales. Goldberg estaría feliz si Evo enviara soldados bolivianos a matar a sus hermanos descarriados. Lanzaría sus perros de presa desde su base paraguaya a las pocas horas. Usaría los agentes que ya tiene en Bolivia, militares que son asesinos profesionales disfrazados de “locales”, a matar a dirigentes bolivianos y a todo aquel que les pareciera capaz de percibir los hechos como son. Así lo hacen hoy mismo en Irak, Afganistán y Pakistán y tienen “buenos” resultados.

Pero Evo ha cometido terribles errores desde que llegó al Palacio Quemado. Sabía y sabe perfectamente que su “oposición” es un grupo de ricachones apátridas que se avergüenzan de ser bolivianos y los grupos de asesinos a sueldo que esos delincuentes pagan usando la plata que robaron a Bolivia. Sabía desde el primer día que son fascistas, nazis trasnochados cuya mera presencia en el Siglo XXI es una pesadilla casi increíble. Sabía que Branko pertenece a un grupo humano que explotó a los nacidos en Bolivia como esclavos y como animales durante medio siglo. Evo y su gobierno sabía todo esto pero jamás lo denunció ante el mundo.

En su ceguera de socialista a la Chávez, Evo se negó a usar la mejor carta que tenía y tiene para denunciar ante el mundo a la “oposición” que le ataca. Evo dispone hoy de cientos si no de miles de fotografías que demuestran el fascismo salvaje de sus enemigos. Tiene el testimonio de cientos de extranjeros que han visto la increíble tragedia de una ciudad de un millón de habitantes ocupada y aterrada ante la brutalidad y la violencia de esos grupos de choque que se venden por centavos. Han visto la vergüenza de un millón de personas temerosas y tímidas ante los desmanes de un grupo de bellacos pagados. Este es el día en que Evo acusa débilmente a USA de intervenir en su patria matando a varios cientos de bolivianos ya sin decir más de dos palabras juntas. Hubo instantes en que Evo aparecía tonto, ciego o vencido antes de imitar a Allende y denunciar ante el mundo la agresión criminal que viene sufriendo Bolivia bajo la conducción del asesino de Kosovo.

Tanto la policía como el ejército hicieron bien al negarse a atacar a bolivianos, por muy apátridas y renegados, salvajes y racistas que fueran. Pero cuando los grupos violentos amenacen la capacidad boliviana de cumplir tratados y compromisos internacionales veremos por fin hasta donde llega la prudencia de quienes juraron defender la integridad de la patria hasta morir.

Hasta hoy, los apátridas y sus agentes han quemado en el Oriente sólo el pan de los más humildes entre ellos. Han privado a esas zonas (tan lejanas, deshabitadas y tan abandonadas que parecían estar en la luna realmente) de los pocos agentes de civilización que les servían: electricidad, teléfonos, un mínimo de orden social. Ahora tienen una sola ley vigente, la ley de los bárbaros, en un país que viene sufriendo de altos índices de criminalidad durante 30 años. Así, los tímidos y los débiles quedan en manos de los criminales y los violentos. Branko continúa con sus saraos, su buen vivir y sus placeres. ¿Qué puede importarle la suerte de los humildes? Como él mismo lo dijera: “derramaremos la sangre de sus hijos responsablemente (ante mis compinches)”. ¿Qué respeto puede sentir por una ciudad que se agacha y se le entrega sin un gesto de rebelión? Para este nazi, los bolivianos humildes son menos que lo que fueron los judíos, padres de Goldberg, para los primeros nazis.       

Lo cual deja el destino del país que es corazón de la América colonizada, explotada y torturada en manos de sus vecinos. Es posible que tales vecinos se dirijan al agresor con un solo mensaje, “Manos fuera de Bolivia!”, “HANDS OFF BOLIVIA!” en estas fechas?

¿Es posible que los latinoamericanos sean capaces de impedir este primer crimen de gran envergadura en el corazón de Latinoamérica? ¿Es posible que la ONU, la OEA y otras Casas de Indias similares piensen: “si hacen esto hoy, ¿no harán con nosotros lo mismo mañana?” y levanten, por una sola vez, en su triste existencia, la voz

Por eso, los bolivianos tienen una nueva ocasión de recordar que Los Andes son la esencia y el alma de su patria. No hay renegados en Los Andes. Hoy deberán recordar que su pueblo fue el primer rebelde de América, el más bravo. Recordarán otra vez que han derrocado tiranos impuestos por extranjeros durante toda su vida de pueblo libre y que “cuna de la libertad y tumba de los tiranos” es algo más que palabras huecas. Harán conciencia de que “morir antes que esclavos vivir” es algo más que un eslogan publicitario; es una necesidad vital.

Y si el diablo mete la cola, que ya la metió, enseñarán a loas advenedizos orientales cómo se hacen bloqueos, cómo se asfixia al enemigo plantando piedras en las carreteras y cómo se hace la guerra en países dignos como Irak, Afganistán y Pakistán sin más opciones que vencer o morir.

Porque también es verdad que si Goldberg triunfa en Guayamerin su triunfo nada significa: No ha visto todavía el furor de Los Andes ni ha visto luchar a los libres.

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