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Breve diálogo en torno a un jarro con agua, una Ministra, y una pingüina 

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La siguiente es la versión no literal, y no censurada, del interesante intercambio que a propósito del incidente de ayer (en el que una alumna del liceo Darío Salas de Santiago, le lanzó a la cara un jarro con agua a la Ministra de Educación), se suscitó en el Portal de ex profesores y ex alumnos de aquel liceo, entre quien escribe y algunos alumnos:

Ex alumna 1.  ¿Qué les parece lo que ocurrió ayer?, y nada menos que entre la Ministra de Educación, Mónica Jiménez y una alumna del liceo Darío Salas llamada María Música, de 14 años de edad, quien le lanzó un jarro de agua a la cara, en una así llamado “Encuentro participativo en educación”. 

Hermes: ¿Y qué esperaba la Ministra? “El que se mete con pingüinos tiene que salir mojado” Por cierto, muchos rasgarán vestiduras, y pedirán a gritos la cabeza de la estudiante por haber cometido un acto tan irrespetuoso hacia una la máxima autoridad educacional del país. Pero ¿qué hay de la brutal represión policial a la que son sometidos  diariamente los estudiantes? Respeto sí, pero sólo si es mutuo. Evidentemente las autoridades educacionales del gobierno de Michelle Bachelet no han demostrado sentir el menor respeto hacia los estudiantes en huelga.

Ex alumno 2. Hermes, no me parece que esa sea la actitud correcta. Recuerdo que en un aniversario del liceo unos muchachos ubicados en la torre de la Biblioteca le lanzaron una bolsa de agua a una profesora. Yo los vi, subí corriendo los pisos y me trencé a golpes con ellos. A lo que voy, si alguien te agrede uno tiene derecho a defenderse. Y en el caso en discusión no creo que la ministra le tirase agua antes a la estudiante. Esto me parece matonesco.

Hermes: Más allá de las apariencias, la comparación que traes a cuento, con el fin de rebatir mi defensa de la acción de aquella alumna, me parece inadecuada. La situación y el contexto de un aniversario del liceo son completamente diferentes de una confrontación pública entre una estudiante y una Ministra de Educación, por más que en los dos casos se trate de lo que ocurrió entre un alumno y una autoridad, y que en ambos casos, también, haya jugado el rol central un receptáculo con agua. 

Creo que lo ocurrido el lunes 14 de julio se asemeja mucho más a la situación del opositor de un gobierno que le lanza un pastel a la cara a uno de sus ministros, como ocurrió hace algunos años con Ralph Klein, el Premier conservador de Alberta (Canadá).         

El fin inmediato de este tipo de manifestaciones políticas es, justamente, poner en ridículo a una autoridad por medio de una acción que no lo hiera físicamente, sino sólo en su dignidad. Poner en ridículo a una autoridad educacional lanzándole un jarro de agua en la cara, en el contexto de una huelga y de una larga lucha por un mejor sistema educacional es, del mismo modo, un acto claramente político. Mientras que aprovecharse del desorden general y la atmósfera de una celebración para agredir a una profesora es un acto de simple indisciplina, repudiable y cobarde, sin otro propósito que faltarle el respeto a la autoridad por el simple placer de hacerlo ante la mirada de los compañeros. Este no es más que el viejo juego de la indisciplina y del reto a la autoridad de nuestros profesores, que todos hemos practicado, de diversas maneras, y con variable éxito, en nuestra vida estudiantil. 

Ex alumno 3. Hermes: lanzar un jarro de agua a una autoridad, por una niña de 14 años es solamente un juego; a mi entender, un acto de simple inmadurez. Si esto fuera un acto político los parlamentarios deberían andar con paraguas en el Congreso.

Lo que a mí me preocupa es que una acción de esta naturaleza desvirtúa todo un movimiento. Si la lucha que los pingüinos y los profesores están dando es justa, hechos como el ocurrido ayer tira todo por la borda, y lo único que se logra es lo que los agredidos están ya diciendo: que quienes protestan no tienen capacidad para negociar, ni escuchar, y así sacan dividendos de ello.

Lo de Ralph Klein fue algo distinto, pues ese tirano no solo se merecía un pastel en la cara, sino que varias otras cosas más. Por favor, no confundas tú entre lo que es un ministro de un gobierno democrático, que aunque casi nunca decide a favor de lo que se le pide, por lo menos escucha, y un borracho que siempre gobernó como un dictador y se cagó(sic) en las demandas de la ciudadanía.       

Hermes: Te respondo: ahí está, precisamente, la astucia de quienes buscan descalificar  toda actitud o comportamiento político de los alumnos con el pseudo argumento de la inmadurez. Lo que personas como tú hacen, conciente o inconcientemente,  es negarle a los alumnos toda capacidad de discernimiento político, de modo que cualquier cosa que hagan  por modificar sustancialmente el sistema educacional heredado de la dictadura, es inmediatamente tildado como producto de su inmadurez. Me parece increíble que no seas capaz de entender que luchar por un sistema educacional no excluyente es uno de los actos más claramente políticos que se pueda imaginar. Por cierto, y a propósito del paraguas, en la historia política chilena connotados parlamentarios y hasta un presidente, se hicieron famosos por lanzar los viejos tinteros de loza del Congreso contra las bancadas opositoras, contundentes proyectiles capaces de hacer un daño bastante mayor que un simple chorro de agua. 

Al expresar opiniones que parecen sacadas de la prensa derechista, en el sentido de que la acción de ayer desvirtuaría el justo movimiento estudiantil, contribuyes a descalificarlo ante la opinión pública, y te sumas al coro concertacionista  que acusa astutamente a los estudiantes de no estar dispuestos a escuchar a las autoridades, ni a dialogar con ellas; cuando en realidad todo el mundo sabe que tales “diálogos” son más que ejercicios de relaciones públicas, porque la aprobación de la LGE ha sido ya precocinada entre la derecha y la Concertación. 

En cuanto a Ralph Klein , al parecer estás mal informada, porque él fue elegido, por abrumadoras mayorías, en tres períodos consecutivos (1992-1997-2001) como Premier de la Provincia de Alberta, y al final renunció al cargo, en el 2006, por su propia voluntad. De modo que malamente se lo podría tildar de dictador, o tirano. Que tenía actitudes tiránicas es, por cierto, otra cosa. En realidad, Klein no se diferenciaba esencialmente de la actual Ministra de Educación en cuanto a que no hacía el menor caso de las opiniones mayoritarias, cuando de adoptar decisiones políticas se trata, porque hoy en Chile la gran mayoría de la gente está en contra de la nueva ley educacional, y sin embargo la Ministra insiste obsesivamente en su defensa.

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