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El suicidio altruista de Yasna Provoste 

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Emilio Durkheim estudia el suicidio desde el punto de vista sociológico y lo divide en diversos tipos: el egoísta – que corresponde al débil grado de integración social -, el anómico – cuando la sociedad carece de reglas y normas-, el fatalista – cuando hay un alto grado de integración social – y el altruista o heroico – cuando se prescinde de la vida en aras de grandes ideales sociales y políticos-. En Chile conocemos dos casos de presidentes suicidas, altruistas y heroicos: José Manuel Balmaceda – el 18 de septiembre de 1891 – y Salvador Allende – el 11 de septiembre de 1973; en ambos casos los presidentes mártires murieron por una causa que, posteriormente, los trascendió.

El 16 de abril de 2008, a pesar de las frases rimbombantes y los discursos para el bronce de  Francisco Vidal y de Camilo Escalona, entre otros  tenores y sopranos, no puede ser comparado con las dos fechas anteriormente reseñadas. Es absolutamente ridículo sostener que se ha producido “un golpe de estado parlamentarista”, como lo afirma  Camilo Escalona en La Segunda, del 17 de abril de 2008; no me parece que la aprobación de la destitución de la Ministra, por muy torpe, antijurídica e injusta que ésta sea, tenga alguna equivalencia con el régimen de Asamblea que se instaló después de la Guerra Civil de 1891, ni mucho menos con la seguidilla de acusaciones a los ministros e intendentes de Salvador Allende, que las propiciaron, dirigieron y llevaron a cabo los demócrata cristianos- era la famosa estrategia de los mariscales rusos – lo que equivalía al derrocamiento constitucional del presidente Allende, cuya gran adalid y teórico fue don Claudio Orrego (padre).

El mundo al revés: al parecer, la derecha es parlamentarista y la Concertación Presidencialista autoritaria. Cualquier persona que sepa un poco de ciencia política comprenderá que el parlamentarismo es mucho más democrático que esta desviación del régimen presidencial que llamamos presidencialismo, con ribetes de autoritarismo. Si se considera que nuestro régimen político actual emana de una Constitución pétrea – casi imposible de reformar – y autoritaria – desprecia la soberanía popular- a pesar de las mínimas reformas durante el gobierno de Ricardo Lagos, ésta no ha perdido su ethos autoritario central, por consiguiente, me parece patético que demócratas, como el defensor Luís Bate use citas de Jaime Guzmán, como si fuera amante de la soberanía popular; basta leer los textos de este ex senador para hacer una antología jurídica del desprecio a la voluntad popular. Sólo lo igualan las obras del padre Osvaldo Lira sscc y Héctor Rodríguez de la Sota en el Congreso del partido Conservador, en 1932.

¿Por qué sostengo la hipótesis del suicidio de la Concertación? En primer lugar, porque no reaccionó oportunamente frente a las acusaciones injuriosas de la Prensa de la derecha política – que la publicidad fiscal ayuda a financiar, algo tan torpe como afilar su propia cuchilla -; en segundo lugar, no destituyó a tiempo al escalonista Traversa; en tercer lugar, reaccionaron tarde al desorden administrativo, que adquiría caracteres féricos; en cuarto lugar, a pesar de las advertencias de algunas personas sensatas, se encerraron en la porfía y en la búsqueda del martirologio, algo así como la testarudez de Juana de Arco, que se le ocurrió, nada menos, que la Virgen estaba a favor de los franceses. Este no es un suicidio egoísta, sino altruista y heroico, en razón de una causa superior; en quinto lugar, la expulsión de Fernando Flores y de Adolfo Zaldívar dejó al gobierno en minoría en el senado; en sexto lugar, hay una constante histórica que los gobiernos que pierden la mayoría en la cámara de diputados, necesariamente sufren una seguidilla de acusaciones constitucionales – así ocurrió con Carlos Ibáñez y Salvador Allende – y como la política es luchasen sin  cuartel y los opositores no son niños del Sagrado Corazón de Jesús, es lógico que usen todos los medio posibles, sin mayores miramientos morales o éticos, para “desalojar” a sus rivales; esa tontería de la democracia consociativa sólo se la creen don Patricio Aylwin y el lobbista Enrique Correa – a otro perro con ese hueso-.

Es lógico que en el calor del debate los PPD y demócrata cristianos consideren a Fernando Flores y a Adolfo Zaldívar como traidores y les atribuyan otros epítetos – que no me atrevo a escribir-  pero al monstruo lo crearon ellos mismos. Flores era el gran héroe del Norte Grande, una especie de genio de la ontología y de la cibernética, sus compadres de la mafia Moc lo protegían  y admiraban y entre sus medallas contaba haber estado con Allende en La Moneda, el 11 de septiembre; ahora, por haberlos dejado y votado en contra, lo critican; lo mismo pasa con Adolfo, fundador demócrata cristiano, presidente del Partido en varias ocasiones y, al comienzo, bastante amigo de la candidata Michelle Bachelet; hoy, presidente del Senado, prácticamente un demonio. La verdad es que no puedo digerir la teoría de los “tenores” de la Concertación en el sentido de que los cargos parlamentarios pertenecen a los partidos políticos, pues creo que cuando el ciudadano vota enajena su soberanía en un representante, literalmente, le da un cheque en blanco, salvo que quiera introducirse en la Constitución elementos de democracia directa, como la revocación de mandato, la iniciativa  popular de ley, la disolución plebiscitaria del parlamento y el gobierno podría hacerlo convocando al pueblo.

Siempre las víctimas de una injusticia o persecución terminan como héroes. Qué hubiera de la iglesia católica sin sus mártires y las antorchas artificiales de Nerón, en la Vía Apia; difícilmente se hubiera destruido la unidad del cristianismo sin la persecución a Martín Lucero. No cabe duda de que Yasna Provoste se está convirtiendo en la líder carismática de la Democracia Cristiana, hoy por hoy en decadencia. El término carisma es cristiano y le viene muy bien a la destituida princesa diaguita. Ella es genial para explotar su origen popular y provinciano – pareciera que reúne las cualidades de Juan Godoy y Fray Andresito . Yasna es bastante hábil para citar a los grandes profetas del cristianismo social, como León Bloy, Charles Peguy y Emmanuel Mounier, entre otros; cómo no va a ser genial la frase  “el cristiano no persigue el éxito, sino el testimonio”; no sé qué hace esta mujer iluminada en ese Partido de pragmáticos y adoradores del dinero, que hace tiempo desterraron a sus bibliotecas a los profetas del cristianismo- tal vez los lean los Viernes Santo.

El problema del carisma es que exige constancia y permanencia. Hay muchos líderes que han brillado por un corto tiempo, son flores de un día, por ejemplo a Eduardo Cruz-Coke, que raudamente desapareció de la política; algo similar podría pasar con Yasna Provoste, no porque le falte juventud, capacidad, brío e ideales, sino porque se necesita, además, la existencia de una situación carismática y de mucha paciencia y constancia. No todos los días son buenos, ni siempre el pueblo aplaude al profeta, en consecuencia, se precisa el esfuerzo y la inteligencia de los fundadores Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic, Bernardo Leighton, entre otros.

Personalmente, desde muchacho estuve imbuido del tema político, casi único círculo de conversación en mi hogar. El periodista Luís Hernández Parker era el “papa” de los análisis políticos, parecía que hablaba ex cátedra, a través de la Radio Minería, razón por la cual me entretengo más con los programas del canal del Senado, que con la excrecente televisión abierta chilena.

Por enunciado anteriormente me dispuse a ver, en directo, el debate de más de seis horas respecto a la acusación constitucional contra la entonces suspendida ministra Yasna Provoste. Tiendo a coincidir con el creador de la Constitución de 1925, don Arturo Alessandri Palma, quien conceptuaba al Senado como una institución decorativa; seguramente las facultades judiciales que posee la Cámara Alta son una imitación de la Cámara de los Lores británica, por consiguiente, cuesta visualizar a los padres conscriptos como jueces, peluca incluida, o como jurados norteamericanos. Para cualquier persona medianamente informada era evidente que todos los senadores concertacionistas iban a votar contra la acusación y los derechistas a favor y sólo quedaba la duda de un senador, químicamente independiente, Carlos Bianchi, en consecuencia, la atención se centró en su críptico discurso.

Las otras piezas oratorias eran previsibles: Nelson Ávila, con su sentido del humor, siempre logra concitar la atención del respetable; esta vez atacó a la Contraloría y lanzó una frase para el bronce recordando que Yasna Provoste le pasó sus deditos a Carlos Larraín, en la palaciega ceremonia, con motivo del Acuerdo educacional entre la Alianza y la Concertación; Camilo Escalona se lanzó una pieza oratoria colmada de diatribas hacia la derecha que nos recuerdan sus discursos juveniles como un socialista, tribuno del pueblo; Alejandro Navarro lanzó preguntas lacerantes a la Concertación, ¿Hay capacidad de autocrítica a la Concertación? Por qué perdimos la mayoría? Las respuestas son más o menos obvias; así siguieron, uno a uno, los senadores.

Federico Nietzsche, en su obra El origen de la tragedia, sostiene que el personaje más importante es el coro, que mantiene la ilación del relato y el trágico destino de los personajes; se supondría que el coro lo constituyen los ciudadanos que, en este caso, estaban completamente ausentes – era un debate entre togados- sin embargo, reemplazaron al coro el ex ministro Martín Zilic y Carlos Larraín – ambos profusamente citados y, el último, enfocado continuamente por las cámaras de televisión.

El libelo estaba pésimamente construido – seguramente pasará a la antología de las acusaciones constituciones sin sustentación alguna- la prueba  es que de cinco Capítulos fueron rechazados cuatro de ellos  y dos por amplísima mayoría.

Como resultado de la acusación, la Concertación parece volver a su origen anti derechista, al menos en el discurso. Este súbito cambio, después de tanta transacción, no puede sino alegrar a mi corazoncito izquierdista. El ex ministro e historiador Francisco Vidal usa muy bien la frase de Radomiro Tomic: “cuando se pacta con la derecha, la derecha es la que gana”, a quien le venga el sayo, que se lo ponga. Por mi parte, me vuelven los recuerdos de las alabanzas de Alejandro Foxley al modelo económico neoliberal de la dictadura, o la defensa del jurista Francisco Cumplido, del lobbista Enrique Correa e, incluso, del ex presidente Patricio Aylwin, cuando combatieron la acusación constitucional contra el comandante en jefe del Ejército, Augusto Pinochet, durante el período de Eduardo Frei Ruiz-Tagle; basta recordar que once diputados demócrata cristianos salvaron al ex dictador de una acusación muy bien fundamentada jurídicamente.

Esta súbita influenza izquierdista otoñal desgraciadamente, durará, por mucho, una estación; es algo así como la borrachera del multimillonario en la película de Charles Chaplin que, en los vahos del alcohol, se sentía muy amigo del vagabundo, pero cuando se le pasaba volvía a ser el ricachón de siempre. Nadie cree mucho que Camilo Escalona sea un Robespierre, salvo en sus tintes autoritarios, o Francisco Vidal se haya convertido en un Francisco de Bilbao; al fin y al cabo, se ven obligados a gobernar “en la democracia de los acuerdos” y estos días de furia izquierdista pasarán fugazmente.

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