Viera-Gallo: «En ese tiempo era muy difícil ser héroe»
por Boris Bezama (La Nación)
18 años atrás 5 min lectura
Ésta fue una semana difícil para el ministro secretario general de la Presidencia. El impasse con el vocero gubernamental, Francisco Vidal, dejó al descubierto desencuentros en el Gobierno sobre la responsabilidad que le cupo a la generación de los tenientes en las violaciones de los DDHH.
Para José Antonio Viera-Gallo, eran jóvenes entre 19 y 20 años, que no tenían la responsabilidad máxima y debieron cumplir órdenes porque, de lo contrario, sus vidas corrían peligro.
En entrevista con LND y cuando preparaba sus maletas para irse de vacaciones por dos semanas a Bahía Azul, Viera-Gallo reitera sus palabras: «Lo que dije es la verdad. No es lo mismo quien organiza la Caravana de la Muerte a un subalterno que juega un rol secundario».
– Pese a que se demoraron 10 minutos en resolver con Francisco Vidal el desencuentro por las responsabilidades de los oficiales jóvenes en las violaciones de los DDHH, para todos quedó claro que el impasse fue de magnitud.
– No hubo tal impasse. No había razón para que hubiera una diferencia.
– Pero Francisco Vidal apareció desautorizándolo y dijo que usted tenía una opinión legítima, pero no era la del Gobierno.
– Sí, pero son cosas del minuto, no había nada sustantivo. Tenemos el mismo criterio y él está de ministro de Defensa subrogante.
– ¿Qué le puede decir a las organizaciones de DDHH que lo ven con desconfianza?
– Me duele mucho que el mundo de los derechos humanos me vea con desconfianza. Yo también fui víctima. Mi cabeza tuvo precio, fui una de las 20 personas más buscadas, salvé mi vida gracias a que entré en una embajada, fui diez años al exilio y volví a luchar por la democracia. Durante nueve años de exilio publicamos una revista que denunciaba las violaciones de los DDHH; pero con el mismo empeño que se busca la verdad y la justicia, tenemos que trabajar por el reencuentro entre todos los chilenos. Una cosa no va nunca en contra de la otra.
– ¿Qué responde a un día de sus controvertidos dichos en los que atenuó la responsabilidad de los entonces jóvenes, hoy generales que participaron en violaciones de los DDHH?
– Es la verdad, es exactamente lo que ocurrió. Uno tiene que ponderar bien las cosas y dije, además, que los principales responsables de las violaciones de los DDHH ocurridas en este período están hoy fuera de las FFAA. Algunos de ellos pagan culpa y en eso Chile ha sido ejemplar. Otros han fallecido, pero lo importante es que ellos ya no están en las filas de las FFAA.
– Ahora que sale de vacaciones, ¿se va con la conciencia tranquila después de sus dichos?
– Yo siempre actúo conforme con lo que creo es la justicia. En la vida pública, uno puede acertar o no, pero lo relevante es que todos partamos de las buenas intenciones. Y en el caso de los generales inculpados es muy importante que esta situación se aclare definitivamente.
– Para el mundo de los derechos humanos sus declaraciones fueron leídas como una defensa a los inculpados por los crímenes de la Caravana de la muerte.
– La Caravana de la Muerte es uno de los hechos más crueles y más condenables de los actos de represión que hubo durante el período de Pinochet. Cuando recién volvimos del exilio, abrimos una pequeña editorial y publicamos «Los zarpazos del puma», de Patricia Verdugo, en el Cesoc, que fue el libro que sacó a la luz los crímenes que se cometieron. Pero cuando uno analiza estos hechos tan graves se debe tener la suficiente ponderación para tratar de comprender cuáles son los grados distintos de responsabilidad de los participantes. No es lo mismo quien organiza la caravana, quien manda el comando, a un subalterno o una persona que juega un rol secundario.
– ¿Se refiere a la justificación de la obediencia debida?
– No es una justificación, pero el grado de responsabilidad no es el mismo. No acepto la tesis de la obediencia debida, aun cuando comprendo que era muy difícil ser héroe en un momento así. A quien le tocaba estar en un grado bajo de la jerarquía militar y participar en hechos de esta naturaleza, si se negaba, muchas veces después era gravemente sancionado, cuando no corría riesgo su vida.
– Pero al plantear esa idea sus palabras se entendieron de una forma totalmente distinta.
– Lo único que señalé es que las personas que actualmente son interrogadas por la terrible matanza de los campesinos de Paine, en esa época tenían un mando subalterno.
RESPONSABILIDAD DEL ALTO MANDO
– ¿De quién es la responsabilidad de que estos generales aún estén en servicio activo? ¿Del Gobierno o del Ejército?
– Es el alto mando de cada institución y las autoridades correspondientes los que tienen que decidir eso. Y en el caso particular, si se trata de responsabilidades penales, son los tribunales de justicia los responsables de determinarlas. Lo más criticable de estas personas es que muchas guardaron silencio hasta ahora, pero es muy reconfortante que el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, haya reiterado la voluntad del Ejército de colaborar plenamente con la justicia y que no existen pactos de silencio.
– ¿Por qué hasta ahora no se ha hecho una depuración de las filas del Ejército de los responsables de las violaciones de derechos humanos?
– No tengo el conocimiento suficiente como para emitir un criterio cabal sobre esa responsabilidad. Lo que sí es cierto es que los aparatos represivos eran más especializados que la institución como tal y eso determinó que muchos nombres de los principales responsables se repitan en torno a la DINA. Antes de la formación de la DINA hubo represión bastante anárquica y, sobre todo, en las acciones de los días posteriores al golpe militar participaron miles de personas.
– ¿Coincide con los organismos de DDHH, que advierten que de no haber una depuración estricta puede ser que lleguen a la comandancia en jefe de las FFAA generales involucrados en represión?
– Cada vez es más improbable, porque ya estamos en la generación que vivió mucho menos esas situaciones. A medida que pasa el tiempo, la verdad es más completa y el grado de involucramiento es cada vez más distante.
* Fuente: La Nación
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