Los propietarios de la Teta le han hurtado al pueblo a su hermano Hurtado

A propósito del mes de la  solidaridad: la santificación de Hurtado…  o cómo los propietarios de la Teta le han hurtado al pueblo a su hermano Hurtado.

Al hacerlo santo lo hacen metafísico, lo alejan de la realidad, lo enclavan en nubes, en murales de cúpulas góticas que se contemplan desde inmovilismos y ojos casi blancos incrustados en transmundos.

Al hacerlo imagen, lo hacen imposible y lo sacan de en medio nuestro; lo niegan como ejemplo posible y lo reducen a puro mercado y promoción turística, con estada pagada en algún hotel de lujo, levantado en torno a un santuario cuya matriz estará siempre en otra parte (¿La Roma púrpura?).

Al hacerlo “santo chileno”, lo hacen mito vaticano y así lo deschilenizan, arrancando todo aquello que Hurtado podía tener como cualidad propia de lo chileno… despojando al mismo tiempo al pueblo de un nombre que ya era aspiración identitaria suya y que cada habitante podía hacer realidad aquí y ahora y hacer praxis  en cualquier momento y lugar.

Al hacerlo divino nos lo roban en cuanto humanidad. Nosotros teníamos en medio nuestro a un hombre, de carne y hueso, que andaba entre nosotros; ahora, Hurtado es una abstracción, una estatua inmovilizada que hay que explicar… y que en cualquier momento, sus inmovilizadores y  explicadores,  mandan  a arrinconar en una ciudad “x”  necesitada de impulso catequético-infantilizante  y turístico.

Y Hurtado se hace marketing, “marchandising”, cálculo, utilidad, ganancias, ventajas, defensas corporativo-estamentales,  silencio hipócrita, ocultamiento, y caras proyectadas al cielo con ojos burguesmente perdidos en un más allá.

Y así nos hurtan a Hurtado… Se lo llevan lejos, como quien saca al hombro un mueble de este lugar, para ponerlo en la cima de un cerro. Y desde el cerro lo transformarán en homilía, pero en un tipo de homilía que no calienta a nadie; en catequesis para niños,   que sólo apuntará  a seguir fabricando más perritos poodles, que asuman su condición de guardianes oficiales del modelo de vida actual.

Y como las  homilías también necesitan invocar  principios de autoridad “erudita”, a  Hurtado lo harán teología. En realidad ya lo han hecho teología; y al hacerlo teología nos arrebatan de la vida su cualidad de ser palabra encarnada en seres humanos concretos y en acciones de verdad; en hechos, en toma de posiciones efectivas en causas que Hurtado en su momento defendió.

Y al ser teología se abren buenos contactos, es decir que como imagen lo proyectan por  televisión, y al hacerlo televisión lo hacen marca, espectáculo, lugar común, inmovilismo, sermón “erudito” en horario estelar y en la boca amnésica de cualquier Hasbún.

En definitiva, a Hurtado lo conmemoraremos un día al año en procesiones que quizás terminen en ferias orgiásticas de consumismo transmitidas en colores por televisión y bajo el gentil auspicio de Movistar  y de la Coca Cola Company.

Movimiento Autónomo de Filosofía UC del Norte, IV Región, Chile
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