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«Así se trata a los trabajadores en nuestra democracia tutelada y neoliberal»

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Hugo Mardones filetea cerdos en la planta faenadora El Rosario, propiedad de Agrosuper, en la VI Región. Cuchillo en mano, cada turno de ocho horas le exige trozar unas siete mil piezas de cerdo que pasan ininterrumpidamente en una correa transportadora, que lo obliga a no perder el ritmo vertiginoso. Tanto así que el año pasado comenzó a sentir que sus dedos se estaban recogiendo, al punto que luego de unos días sólo lograba despegarlos de la palma con la ayuda de más gente. Dio aviso a su jefe; sin embargo, la mejor respuesta que obtuvo de éste fue “dale no más”. A la semana siguiente, el dolor se volvió insoportable.
Después de insistir varias veces, su jefe se dignó a llevarlo al “policlínico” de la empresa –ubicado al interior del mismo recinto y que en rigor es una pequeña salita de primeros auxilios–, donde atiende un paramédico. Pese al dolor, nunca fue llevado a un centro médico y sólo le aplicaron calor con una ampolleta infrarroja. Pero al no experimentar mejoría, decidieron recetarle tres días de descanso. El sufrimiento continuó y días más tarde el paramédico volvió a recibir a Mardones. “Esta vez me retorcía de dolor, así que me mandó de inmediato a la Asociación Chilena de Seguridad [ACHS]”, recuerda. El diagnóstico fue categórico: era necesario intervenirlo. De regreso al trabajo, los dolores persistieron y, por temor a perder el empleo, mantuvo su caso más o menos silenciosamente. Mardones guarda descanso hasta ahora con licencia y su mano ya no aprieta.

El caso de Hugo Mardones no es aislado. La razón que tienen muchas grandes empresas para evitar que sus empleados sean atendidos por las mutuales –encargadas por ley de recibir todos los accidentes derivados del trabajo– es simple: mientras más trabajadores deben guardar días de reposo, mayor es el costo del seguro contra accidentes que deben cancelar anualmente. Debido a la siniestralidad y al riesgo de las faenas según el rubro, existe una tasa adicional diferenciada, que puede llegar hasta el 6,85% del total de las remuneraciones.

“Este porcentaje varía según la cantidad de días no trabajados de los empleados por accidentes propios de las faenas. Para una empresa donde laboran miles de trabajadores, mucho dinero está en juego. Esa es la razón de por qué existen estos centros que los detienen antes de llegar a las mutuales”, explica Enrique Pérez, experto en prevención de riesgos de la Dirección del Trabajo (DT).

Según cifras de la DT, las sanciones por no denunciar a las mutuales los accidentes o enfermedades laborales, se han disparado en los últimos años. Mientras que en 2004 se registró sólo una sola, en 2006 éstas aumentaron a 220, lo que se tradujo en poco más de 150 millones de pesos en multas. Y en lo que va de este año, la cifra alcanza a 60 sanciones.

Subnotificación
El superintendente de Seguridad Social, Javier Fuenzalida, le baja el perfil a la práctica de esconder los accidentes –llamada subnotificación–, aunque reconoce que gracias a la denuncia de trabajadores se ha descubierto que algunas empresas incurren en ella.

Más allá de las cifras oficiales, lo cierto es que la mayoría de los trabajadores no denuncia esta práctica temiendo represalias de su empleador. Así lo asegura el abogado laboralista Adolfo Miscene, quien asesora al sindicato de Bata, entre otras empresas. él relata que, incluso cuando el accidente reviste mayor riesgo, las empresas se las arreglan para evadir a las mutuales. “En estos casos incentivan a los trabajadores, y hasta los presionan, para que en vez de ocupar el seguro de accidentes se atiendan en consultorios y policlínicos del sistema público. Así, el Gobierno es quien absorbe todo el gasto”.

El director del Instituto de Normalización Previsional, Rafael del Campo, admite que por razones económicas “es mucho mejor atender en un policlínico a una persona y solucionar un problema menor que derivarlo a una mutual, sobre todo cuando se trata de lugares alejados”.

La legislación vigente establece que las salas de primeros auxilios de las empresas sólo debieran atender casos leves, como cortaduras o, en situaciones de accidentes más graves, esperar allí para la derivación a la respectiva mutual. Pero nunca deben entregar medicamentos, ya que por el hecho de estar atendidos por técnicos paramédicos, sus facultades son muy limitadas. Esta es una situación que merece multa y es detectada con frecuencia en grandes empresas.

El Doctor Chapatín
La subnotificación es una práctica que ocurre también en Unimarc. Desde hace años, un técnico paramédico –cuyo nombre reservamos para que no sea objeto de represalias– es el encargado de recibir a los trabajadores que se accidentan al interior de esos supermercados. El lugar de atención es el edificio Plus Médica, ubicado en plena comuna de Providencia.

Según cuentan los empleados, receta hasta tres días de reposo y también entrega medicamentos. De estas “licencias” en la empresa no queda mayor registro. “En ocasiones, lo detectamos porque cuando llegamos a fiscalizar los trabajadores aparecen en los libros de asistencia, pero no están en su lugar de trabajo, ya que la empresa les da reposo de forma irregular sin declararlo ante la institución competente”, cuenta Enrique Pérez, de la Dirección del Trabajo.

Los tratamientos que entrega el paramédico se han hecho notar en sus pacientes. El 30 de septiembre de 2004, María Valenzuela, quien trabajaba en fiambrería, se resbaló al interior del supermercado de avenida Tobalaba. Era viernes, pero como Plus Médica cierra a media tarde y no atiende los fines de semana, la mujer debió seguir trabajando y esperar hasta el lunes siguiente. Luego de terminar su turno, el jefe le dio permiso para que fuera a ver al paramédico. “él me dijo que tenía un esguince y que guardara reposo”, cuenta la mujer.

A los tres días, el paramédico se dio cuenta que la paciente tenía algo más grave: “Me envió al Instituto de Seguridad del Trabajo [IST] porque mi pierna estaba muy hinchada. Luego de una resonancia magnética llegaron a la conclusión que tenía los meniscos rotos. La primera operación fue el 2 de diciembre de 2004. Estuve en reposo hasta marzo de 2005. Como seguía con dolores me hicieron más exámenes y el 14 de abril me operaron nuevamente. Me sacaron todo el menisco y un pedazo de cartílago. Finalmente, este año me diagnosticaron cáncer a la médula”.

Su licencia de la mutual caducó el 2 de enero de 2007, cuando la enviaron a trabajar. En el IST le señalaron que su nueva enfermedad no tenía que ver con el trabajo, así que le recomendaron que asistiera con un par de muletas. María actualmente se atiende a través de Fonasa, que le entrega licencias para ausentarse y así no perder su fuente de ingreso. Pero es imposible, pues la máquina de fiambrería que manipula se acciona con ambos brazos.

Suplantando a los médicos
La empresa subcontratista Complementos Chile –que suministra mano de obra a empresas como Carozzi, Lucchetti y Nestlé, junto a otras 100 compañías– tiene su propia sala de primeros auxilios ubicada en Los Tres Antonios con Dublé Almeyda, según cuenta Cristián González, presidente del sindicato de trabajadores de reponedores de Carozzi. Quien ejerce ahí el poder absoluto es la “señora Sara”, técnico paramédico. “Todos los accidentes del trabajo pasan por aquí y son evaluados. Primero, el empleado va donde su supervisor, él le da una autorización y luego me viene a ver”. Al consultarle si prescribe reposo, su respuesta es categórica: “La cosa no anda a la chacota. No poh’, mijo, depende la lesión y del tipo de enfermedad. Aquí no es llegar y dar días de descanso. Se evalúa igual que en el hospital; pero si es necesario, claro que damos reposo, para eso existe”.

Consultado por LND, el gerente comercial de Complementos Chile, Guillermo Ugarte, cuenta que el consultorio atendido por la “señora Sara” evita que los trabajadores abusen de las licencias. “Hemos descubierto que los esguinces de los lunes son producto del fútbol del fin de semana. La gravedad de un accidente puede ser notada por cualquier persona”, afirma. Y aclara que “la paramédico les aplica calor a los empleados, les da un antiinflamatorio y paracetamol”.

Cristián González, de Complementos Chile, asegura que la empresa cae en una ilegalidad al atender a sus funcionarios, aunque no es un impedimento real. “A un compañero, José Pizarro, se le cayó encima del pie una bandeja de madera cuadrada que pesa unos 30 kilos. Lo tuvieron 10 días dándole anestesia, calmantes y se le empezó a inflamar el dedo. Se le hinchó tanto, que en última instancia lo mandaron a la ACHS”.

Relaciones peligrosas
En mayo de 2006, el trabajador Gonzalo Miranda, de faenadora El Rosario, se dio cuenta que sus manos se estaban descascarando. Pasó un mes y lo enviaron a la ACHS, donde le prescribieron dos semanas de reposo debido a que su enfermedad tenía un origen laboral, según los médicos. Pero su caso empeoró y finalmente la mutual cambió su parecer. “Dijeron que mi enfermedad era producida por un hongo. Luego de visitar a un doctor particular, éste emitió una receta que indicó que mi patología es producida por el trabajo”. Pero lo peor vino después, cuando Gonzalo fue a la ACHS a solicitar su informe médico. No obtuvo respuesta alguna. “Insistí en cuatro ocasiones y finalmente mi jefe en Agrosuper me dijo que parara de solicitar la información. él sabía lo que yo tenía e incluso me señaló que la ACHS ‘ya no estaba conmigo’. No entiendo por qué”.

El abogado laboralista Miscene acusa manejo de información privilegiada por parte de esta empresa. Y alega que el sistema actual permite que aquellos trabajadores que sufren daños que los limitan en sus faenas sean desechados. “Existe una relación privilegiada entre los empleadores y las mutuales. En el caso de Agrosuper basta ver como, junto a la ACHS están asociadas a través de la Corporación O’Higgins. Este tipo de relaciones redunda en que cuando un trabajador sufre un accidente grave, la empresa se hace cargo a través de las mutuales de ese accidente. Sin embargo, luego los empleados son expulsados ‘por necesidades de la empresa’. Lo particular es que en muchas ocasiones coincide en que se trata de los mismos trabajadores accidentados”. En el Ministerio de Salud, el encargado del Departamento de Profesiones, Guillermo Itriago, es claro: “La relación médico-paciente es privada entre el trabajador y la mutual. Está definida en la Constitución, y la ficha clínica sólo pu ede conocerla el médico y el paciente.”

Héctor Valencia, gerente general del Instituto de Seguridad del Trabajo, reconoce que el intercambio de información se da: “Nosotros no pasamos los diagnósticos, pero no me cabe duda que en alguna oportunidad éstos se conocen y a veces se debe a que los mismos pacientes lo autorizan, sin saber el destino que pueden tener sus diagnósticos”.
www.lanacion.cl
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