No sólo corporaciones de alcance mundial como Henkel, DaimlerChrysler, Degussa, Siemens y Schering se han aplicado con celo al negocio de la corrupción; las empresas medianas proceden de la misma manera. Contribuyen a ello dos hechos muy sencillos. En primer lugar, una rama entera de profesionales vivía y sigue viviendo de la corrupción practicada de continuo y por doquier: actúan como intermediarios de las empresas alemanas en el exterior y, en su calidad de mediadores de la corrupción y a cuenta de los servicios prestados, ingresan pingües provisiones de fondos. En segundo lugar, hasta hace poco, los dineros pagados en el extranjero por las empresas alemanas con fines de corrupción eran deducibles sin problemas, como gastos empresariales, de los impuestos corporativos. Esa penosa situación se acabó en la República Federal en 2002 (por presiones de la ONU), pero, antes como ahora, los dineros de la corrupción desgravan fiscalmente en muchos países europeos. La corrupción es considerada como una práctica empresarial normal, legal (¡mientras se practique en el extranjero!).
El fraude y la corrupción tenían y tienen causas estructurales, también su apogeo en los últimos años. La valorización del capital es tarea ardua y arriesgada; cuesta tiempo y esfuerzo, puede reportar pérdidas, llevar incluso a la ruina. De aquí que los capitalistas de toda laya se hayan visto desde siempre atacados por la “tentación maníaca de enriquecerse, no con la producción, sino con el escamoteo de la riqueza ajena ya existente” (Marx [Las luchas de clases en Francia], MEW, VII, pág. 14). El proceso de producción, arduo y arriesgado, no es para los capitalistas sino “un mal necesario al efecto de hacer dinero”. De aquí que, con hermosa regularidad, “todas las naciones con modos capitalistas de producir… abracen periódicamente el fraude, queriendo ganar dinero sin mediación del proceso productivo”. (Marx, MEGA II.11, 591)
Gracias a un „cambio de elites“ organizado, al continuo y fácil intercambio de posiciones entre lo „privado“ y lo „público”, entre “política” y “economía”, según es frecuente en las variantes rusa o americana del crony capitalism, la corrupción se convierte en sistema. Con consecuencias: fraude electoral organizado, compra de políticos y partidos, influencia en los medios de comunicación, compras de periódicos y cadenas de televisión, amedrentamiento y corrupción sistemáticos de los periodistas, sistemática desinformación con todos los medios y por todos los canales.
Michael R. Krätke es un analista político alemán que escribe regularmente en revistas de izquierda como Analyse und Kritik.
http://www.analyse-und-kritik.net/ alemán
Nota:
(1) Walter Benjamin, „Kapitalismus als Religion“ (1921), en: Gesammelte Werke, Vol. VI, Francfort del Meno, 1978.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
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