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Bolivia: Cuando la tierra es ajena, ningún sacrificio es suficiente

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Para los pueblos originarios del Oriente boliviano jamás hubo reforma agraria. Para ellos, como para muchos del Occidente, la tierra es extensa y ajena todavía. La reforma agraria de 1953 sólo revirtió los latifundios del Occidente de Bolivia. En el Oriente del país, la tierra no es de quien la trabaja, sino de quien tiene influencia política y plata. Sólo así se explica el por qué dirigentes de los partidos políticos tradicionales, ex ministros de Estado, legisladores, ex funcionarios públicos y dirigentes de los comités cívicos acaparan extensos latifundios improductivos, mientras los indígenas sobreviven en situaciones de semiesclavitud.

Según Alejandro Almaraz, Viceministro de Tierras: ‘Desde 1953 hasta 1992, el Consejo Nacional de Reforma Agraria distribuyó alrededor de 50 millones de hectáreas. De los cuales, el 70% fue a manos de empresas agropecuarias -con superficies mayores a 2.500 hectáreas- y sólo un 5% a las pequeñas propiedades campesinas‘. El Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) informó que hasta septiembre del 2006 logró titular sólo el 10.2 %. de 106 millones de hectáreas que es objeto de saneamiento a escala nacional.

Heriberto Lázaro Barcaya, Presidente de la Comisión Especial de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios denunció, la pasada semana, que: ‘En Bolivia el 71% de la población posee el 9% de las tierras cultivables, mientras el 91% de la tierra está en manos de latifundistas vinculados a los partidos políticos y también a algunos medios de comunicación‘. Según la Red Erbol, la familia del ex ministro Carlos Saavedra Bruno posee más de 313 mil hectáreas, la familia Barbery Paz, que tiene lazos de parentesco con el ex ministro Roberto Barbery, actual comentarista de la televisión PAT, es dueña de más de 208 mil hectáreas, y así la lista sigue y suma.

Según CEJIS la familia de Germán Antelo, Presidente del Comité Cívico de Santa Cruz posee más de 115 mil hectáreas. En estas extensas propiedades, disimulados por los árboles frondosos, miles de familias originarias aún son sometidas a situaciones de esclavitud como denunció la Conferencia Episcopal Bolivia en su Carta Pastoral ‘Tierra: Madre Fecunda para Todos‘.

La inmoral e ilegal existencia de los latifundios en el Oriente, y de los surcofundios en el Occidente del país, nos obliga a todos los bolivianos/as a discutir y enrumbarnos en el intento de una segunda reforma agraria nacional. Es en este sentido que actualmente el Congreso Nacional debate el proyecto de reforma a la Ley INRA para hacer justicia histórica con los extranjerizados y/o esclavizados en sus propias tierras. Pero este debate es resistido por los legisladores de los partidos políticos tradicionales que responden a los intereses egoístas de los comités cívicos y empresarios agropecuarios del Oriente del país. Estos legisladores exigen 15 hectáreas de tierra para cada uno de sus ganados, cinco años de improductividad como mínimo para la reversión de sus tierras ociosas, expropiación de sus tierras sólo en beneficio de cuatro pueblos originarios del Oriente, la presencia de la fauna y flora silvestre como parte del cumplimiento de la función económica social de sus tierra, negociar sus tierra sin la tuición del INRA, entre otras.

Mientras los legisladores defiende los latifundios con el argumento de ‘seguridad jurídica’, tres columnas de niños, ancianos, varones y mujeres indígenas, provenientes desde diferentes pueblos indígenas del país, se dirigen en marcha sacrificada hacia la ciudad de La Paz, para exigir la reforma a la Ley INRA y para gritar al mundo de su ‘destino adverso’. Como denuncia Eduardo Poroso, dirigente indígena de la columna de marchistas que se dirige de Caranavi hacia la ciudad de La Paz: ‘Nos califican como pueblos desaparecidos, pero nuestra presencia en esta marcha demostrará lo contrario. Nos invaden permanentemente, sólo defendemos lo nuestro, defendemos nuestro territorio‘. Los pueblos indígenas marchan hacia el corazón político de Bolivia porque están cansados de ser maltratados como la última especie de la fauna silvestre. Ellos saben más que nadie que todo logro exige sacrificio. Por eso Eulogio Cortés, encargado de la comisión de registro y archivo del Movimiento Sin Tierra dice: ‘Ni el accidente de ayer, ni los dos muertos, tampoco la amenaza de los terratenientes que quieren marchar en contra de la aprobación de la Ley de Reconducción Comunitaria de la Ley INRA nos van a detener en nuestro objetivo’.

Los campesinos e indígenas sin tierras o con tierras insuficientes no pueden esperar más. La tierra es un regalo de Dios y derecho de todos. Quienes poseen latifundios improductivos están en la obligación moral de compartirla con quienes la necesitan. Los legisladores, por más que sean terratenientes, deben pensar que la segunda reforma agraria es urgente e inevitable en Bolivia. De lo contrario la inmoral distribución de las tierras obligará a los sin tierra a tomar y a avasallar las propiedades ‘legalmente establecidas‘ con costos humanos inimaginables.

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