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Que Dios nos libre de conocer al doctor 

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Los dimes y diretes entre los doctores que participaron en las operaciones y posterior muerte –presunto asesinato – del ex presidente Eduardo Frei Montalva, trajo a mi memoria el poema de Francisco de Quevedo y Villegas, “Un doctor en medicina que se quería casar”, del cual transcribo algunos versos:

“Si alguno se cura, y muere, piensa que resucitó por milagro le ofrece la mortaja el cordón… Si lo conocéis, a Dios le ruego, que gocéis de bendiciones, pero si no, que nos libre de conocer al doctor…”
Seguramente, don Eduardo Frei Montalva, que era un hombre muy leído, conocía estas recomendaciones del gran poeta español, pero hizo caso omiso y se entregó a las manos de diez doctores, por falta de uno, incluso, desoyó los consejos de su familia, que le recomendaba operarse en el extranjero. Por cierto que todos los médicos no son tan malos como aquel aspirante al matrimonio del poeta, pero los doctores de don Eduardo, en su mayoría, eran demócrata cristianos y amigos del Presidente. (“Dios me libre de mis amigos, porque de los enemigos me encargo yo”).

El programa Informe Especial, del canal Siete, aunque yo sospecho un poco censurado, en su segunda parte nos mostró, en toda su pobreza moral, este equipo médico. Para empezar, en el quirófano y en la pieza de don Eduardo, aparecieron doctores “Mortis”, (uso el nombre de un programa de radio, que me aterraba en  mi infancia), que pertenecían a la Clínica Londres y que llamaban “paquete” a los prisioneros que tenían que matar y hacer desaparecer. Es que los estupidanleses, después de haber experimentado la lobotomía, no se impresionan ante las más crueles escenas; ni siquiera un sentimiento, ni un gesto de compasión.

Peores que los médicos eran los químicos de la DINA: uno queda lelo al escuchar a escuchar a ese tipo, con cara de loco y que pertenecía a esta organización criminal, cuando cuenta, con palabras y con gestos, que él vio el frasquito de gas sarín, que podía matar a un millón de personas, es decir, la cuarta parte de los habitantes de Santiago, y un buen sector de Manhattan. No sé qué está haciendo el FBI que, a veces, se ensañan con pobres tipos con cara de árabe, o la policía inglesa que mató a un inocente brasilero; ahora entiendo por qué los agentes de la CIA son más tontos y paranoicos que los personajes de la tira cómica, Fernández y Hernández. Si la ONU fuera una institución seria, hubiera debido preocuparse del Chile de la DINA, en la época de Pinochet, y no de Irak e Irán. Ahora comprendo por qué el “eje del mal” y el tratamiento del uranio es una broma de George W. Bush.

Volvamos a los doctores chilensis: Augusto Larraín, primo de la guagüita Zaldívar, era considerado el mejor especialista en gastroenterología; todos sabemos que las famas chilena son una verdadera estupidez; si a Ud. lo consideran el mejor en alguna materia u oficio, aunque sea en filatelia, arranque a morir y no acepte ningún premio, porque los envidiosos comenzarán a decir que usted nunca se lava los sobacos y tienes un regimiento de callos en los pies. Al fin, después de un largo silencio, Augusto Larraín, muy tímidamente se atrevió a denunciar una intervención externa, algo así como una gasa impregnada de sustancias extrañas, en la operación. Ahí empezó a confirmarse, para la opinión pública, las valientes investigaciones de la Antígona Carmen Frei, que acusa a la dictadura de haber asesinado a su padre. La buena fama del doctor Augusto Larraín se transformó en un rosario de testimonios, que pretenden demostrar que es un pésimo cirujano. Isabel Allende recuerda que fue operada por este doctor, que la tuvo en cama durante semanas, producto de trastornos posteriores a la operación; así algunos de mis amigos atestiguan de igual forma.

Dentro de los doctores que operaron a Eduardo Frei hay, al menos dos, que fueron connotados políticos demócrata cristianos: Patricio Rojas Saavedra, ex subsecretario de Educación, ministro del Interior del presidente Frei Montalva, y de Defensa de Patricio Aylwin; un tipo con cara de enojado y de hablar rotundo y golpeado. Se peleó con la familia Frei al afirmar que las hipótesis sobre el asesinato son meras conjeturas y que hay que dejar al ex Presidente descansar en paz; Carmen Frei, indignada, le respondió con la pregunta. ¿A quién protege el doctor Rojas? No son conjeturas, sino evidencias que están en manos del juez Madrid. El otro, Patricio Silva Garín, médico militar, que tuvo una destacada actuación en la rebelión del general Viaux y que, además, demostró un dudoso comportamiento, como médico del Hospital Militar, frente a la familia de José Tohá, asesinado por la dictadura.

Al fin, el Colegio Médico va a realizar un sumario. Confío en mi amigo, Juan Luis Castro, para que se aclare la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Si no se hace, este país seguirá estando envenenado y, con razón, cualquiera podrá llamarle: una mierda.

Quiero pedirle a mis deudos, cuando esté viejo gagá, aunque no sé si lo estoy ahora, que por favor, no me lleven al doctor, no me pongan sondas, ni una batería de cañerías que, al fin y al cabo, la muerte no es más que la no vida y lo único importante es no temerle y desaparecer dignamente de este valle de miseria.
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