¿A quién protege el pánzer Patricio Rojas?

El título de pánzer que ostentaba Patricio Rojas, según el Ascanio Caballo, en su “Historia oculta de la transición”, le fue expropiado por José Miguel Insulza.  El doctor Patricio Rojas no ha sido nunca muy querido, pues es un personaje altamente polémico, a causa de sus respuestas rotundas, precisas, concisas y claras, que siempre terminan en un punto final, golpeando la mesa y sin dar pie a otras contra preguntas.  Cuando joven, hacia los años 50, pertenecía a un grupo llamado “la cosa nostra”, que agrupaba al sector más seguidista de Eduardo Frei, en la Democracia Cristiana. No se extrañe el lector de los nombres tan sui generis de los grupos de reflexión política, del, en ese entonces, pequeño Partido. Incluso, hubo un grupo que se llamó “el pentágono”, al cual perteneció Enrique Correa.

Posteriormente, fue subsecretario de Educación y del Intenrior, de Eduardo Frei Montalva, donde tuvo que enfrentar uno de los momentos más difíciles de ese gobierno: la rebelión militar, dirigida por el general Roberto Viaux, que fue sorteada exitosamente, gracias a la intervención del doctor Patricio Silva. Como le gusta meterse en las patas de los caballos y es duro y pesado,  y parecía el más apto para pararle el carro al general Pinochet, aceptó el cargo de ministro de Defensa del presidente Patricio Aylwin. El general en jefe del ejército, Augusto Pinochet, lo odiaba y despreciaba: jamás hablaba con este ministro, sino directamente con don Patricio. Rojas tuvo que enfrentar la formación de la Comisión Verdad y Reconciliación, los “ejercicios de enlace” y “el boinazo” y, cuando tenía que declarar sobre estos últimos incidentes y otras tantas polémicas que tuvo que enfrentar, le tiritaba la pera ante las cámaras, ya hubiera sido por enojo, timidez, terror a Pinochet o miedo a perder la Cartera de Defensa. Pinochet no más de una vez se lo pasó por el aro, pretextando que el ministro de Defensa sólo era bueno para firmar papeles e ignoraba lo que ocurría en el ejército, por esta razón, se entendía directamente con los dos Enriques: Correa y Kraus. Apenas lo reemplazó Edmundo Pérez Yoma, durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el general Pinochet respiró aliviado: este ministro sí que entiende a los militares, no como ese tal Patricio Rojas, terco e ignorante.

Hoy reaparece en la noticia el olvidado pánzer Rojas, ganándose la antipatía de la familia Frei, al sostener que el presidente murió a raíz de la operación de hernia al hiato, sin intervención externa y punto; “todo lo demás son conjeturas” dice, ante las cámaras de la televisión y los micrófonos de Radio Cooperativa “dejemos descansar en paz al presidente Frei”. Carmencita Frei es la “Antígona” chilena: el amor filial la lleva a luchar contra el cruel tirano Creonte. ¿Cómo se atreve el doctor Rojas a sostener que son sólo conjeturas las hipótesis sobre el presunto homicidio de su padre? Carmencita es invencible y, desde el año 2000, no ha dejado de buscar los hilos de la conspiración que terminó con la vida de su padre. No hay conjeturas sino evidencias, repite sin cesar, ahora desde Canadá. ¿A quiénes está protegiendo el doctor Rojas? ¿Qué se está ocultando?, sostiene nuestra Antígona heroína de la libertad y de la justicia; no descansaremos en paz hasta saber toda la verdad de lo ocurrido.

El pánzer Rojas y el conjunto de médicos tratantes se contradicen entre sí y están quedando a la altura del unto y, como dice el poema de Francisco de Quevedo, “Dios nos libre de caer en las manos del doctor”. Un magnicidio impune sólo puede envenenar a una nación. Qué se sepa luego la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, para no seguir siendo un país de mierda ante la conciencia del mundo civilizado.
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