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Secundarios: No al despotismo ilustrado

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EN LA MAGIA DE la diversidad de sus redes, se perfila una neo-democracia.

Estamos en medio de una tormenta de ideas, en el ojo de un huracán social que aúna a 800 mil estudiantes secundarios.. Los políticos que han venido practicando o sintiéndose cómodos en el despotismo ilustrado – gobierno del pueblo, para el pueblo, pero sin el pueblo – ven que su estantería comienza a derrumbarse.
Esos vetustos señores de la clase política, no logran entender. De suyo, ellos creen que la política es el arte del poder, se concentran en el control, tratan de ocupar los espacios sociales, hablan de la sociedad civil y proponen la participación, pero se mueven nerviosos en sus asientos cuando las asambleas de la comunidad empiezan a cobrar presencia, comienzan a exigirles rendimiento y coherencia, comienzan a fiscalizar los actos públicos .

Por naturaleza los clásicos políticos tratan de coparlo todo, para que el “costo-beneficio” siempre les deje un ganancial. Negocian sin gran ánimo integrativo. Buscan ganar. Se formaron bajo el espíritu de cuadros, destinados a dirigir a las masas. Otros supieron organizar en las asambleas sus equipos incondicionales para campañas proselitistas. Otros se atribuyeron supuestas vanguardias revolucionarias y, al final, muchos de ellos, terminaron entrampados por el pragmatismo, administrando sus cuotas de poder, ensimismados en permanecer, en practicar surf, pero olvidando para qué lo hacen, perdiendo el norte, trastocando valores, acomodando el discurso, olvidando las utopías.

Por eso se han sentido cómodos en un sistema presidencialista fuerte, por eso, aunque lo nieguen, han sabido utilizar el binominalismo; por eso se conformaron con administrar con pequeños cambios cosméticos un modelo heredado, olvidando que debían siempre dar cuenta a sus mandantes, a su conciencia y finalmente a sus partidos. A los mandantes, los empezaron a manejar como clientela, con técnicas de marketing político y mucha encuesta; respecto a sus conciencias, muchos las clausuraron junto con sus primeros sueños, para que no estorbara; y en cuanto a sus partidos, allí lo que importaba no era el principio doctrinario, sino la maquinita que cada cual integraba para el juego de las sillitas musicales. El mesianismo tan propio de los déspotas ilustrados no soporta que la chusma inconsciente comience a proponer debates de ideas…

Chile recupera el debate cívico y quiere dejar atrás el Despotismo Ilustrado

Afortunadamente, los adolescentes secundarios comenzaron a articular sus redes. La Internet, los web-site, los chat, la mensajería electrónica, los blogs y fotoblogs, han sido sus herramientas valiosas para organizar un movimiento ejemplar. Una tecnología que para muchos políticos es algo lejano o que usan para superar el tedio de su pesado trabajo.

Los secundarios asertivos, inteligentes, idealistas plantearon su cuestionamiento a la calidad de la educación pública. Su gran campaña, que ha resistido infiltraciones de encapuchados violentistas, abusos de la fuerza pública, amenazas neo nazis en las tomas de liceos, cantos de sirenas de los medios faranduleros, autoridad ambigua en el interlocutor del Ministerio de Educación, la intención de quebrar el movimiento, una negociación cerrada abruptamente por el gobierno, ha dejado al país una gran lección.

Existe un enorme potencial ciudadano para cambiar el sistema heredado hasta la fecha y esa civilidad se ha conmovido con el debate provocado por la juventud. La participación ciudadana no es una dádiva graciosa que otorga el gobierno y que pueden controlar los equipos tecnocráticos. Existe una independencia del movimiento ciudadano de la dinámica político partidista. Esa masa de chilenos que ha sido controlada por oligopolios de prensa, por programas faranduleros que tienden a desinformar y aplanar las conciencias ciudadanas, esos chilenos que viven atemorizados con el terror de perder la pega, han visto en el movimiento estudiantil secundario que para participar hay que ganarse los espacios activamente.

Percibo que el despotismo ilustrado está en retirada, pero puede contraatacar si la gente no mantiene viva su conciencia de libertad. Por lo mismo, si el debate ciudadano se extiende, si cada familia se compromete a formar niños y jóvenes libres, pensantes, activos, dueños de su futuro, la actual odisea libertaria de los pingüinos será un momento de inflexión en nuestra historia. Y nuestros nietos lo agradecerán.

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