Mar del Plata: No es novedad, es continuidad
por Jorge Gómez B. (Altercom)
20 años atrás 4 min lectura
El repudio a los presidentes norteamericanos en América Latina no es noticia. La novedad es la escala continental del rechazo y la madurez de las motivaciones que lo impulsan.
La historia de estos desplantes, no está ligada sólo a la antipatía hacía los mandatarios norteamericanos, sino a la profundización de la conciencia política y el crecimiento de la participación de las masas latinoamericanas en el acontecer político.
Si bien hasta principios del siglo XX los viajes y giras presidenciales eran escasos, sobre todo por el tiempo que era preciso invertir en ellos, la situación se modificó sustancialmente con el desarrollo de la aviación comercial que permitió a los mandatarios prescindir del correo y de los embajadores y realizar ellos mismo las más importantes tareas de la política exterior.
Un ejemplo de esa posibilidad fue Franklin D. Roosevelt que en medio de la II Guerra Mundial, a pesar de estar paralítico viajó, entre otros sitios a Buenos Aires, Terranova, Teherán y Yalta en gestiones relacionada con la conducción del conflicto y la búsqueda de la paz.
Anterior a esa época son contadas las ocasiones en que los presidentes norteamericanos se aproximaban físicamente a los países latinoamericanos y cuando lo hacían, establecían contactos exclusivamente con las oligarquías, completamente al margen de las masas que sin protagonismo alguno presenciaban desde las gradas las actitudes serviles de los gobernantes nativos.
Esa situación se modificó con la profundización de los procesos políticos en la región.
El viraje lo marcó la masiva y peligrosamente violenta recepción de que en mayo de 1958 fue objeto en Caracas el entonces vicepresidente Richard Nixon cuyo vehículo fue incluso apedreado, situación que en alguna medida se repitió en Lima.
En Venezuela la movilización popular acababa de derrocar a la feroz dictadura de Marcos Pérez Jiménez que se mantuvo en el poder gracias al apoyo norteamericano que la utilizó para profundizar el control imperial de la vida política y apoderarse de los recursos naturales de Venezuela.
Como resultado de aquel proceso político, se estableció en el gobierno una Junta Provisional encabezada por Wolfang Larrazábal, cuya radicalización era temida por la burguesía nativa y el imperialismo que envió a Caracas a Nixon, en medio de amenazas, incluso de invasión por parte de los Estados Unidos.
La arrogancia imperial que caracterizaba a Nixon que no era precisamente un tipo simpático y su misión francamente intervencionista, incluso el respaldo norteamericano a la dictadura de Batista y las simpatías de los venezolanos hacía la lucha que guerrillera liderada por Fidel Castro, libraba provocaron lo que algunos comentaristas de la época denominaron un Pearl Harbor diplomático.
Desde entonces, quizás con la única excepción de Kennedy que reconoció la legitimidad de la actitud rebelde de las masas latinoamericanas y propuso un nuevo trato basado en lo que llamó Alianza para el Progreso, ningún otro presidente norteamericano ha podido realizar nunca más una visita sosegada a ningún país del mundo.
Los tiempos cuando los presidentes yanquis eran recibidos con genuflexiones en las capitales latinoamericanas y nuestros gobernantes les hablaban en inglés, son historia antigua.
La radicalización de la conciencia y de la lucha antiimperialista ligada a la Revolución cubana, la guerra en Vietnam, el auge del movimiento de liberación nacional y más recientemente la Revolución Bolivariana y los procesos políticos en varios países de la región, han producido cambios cualitativos irreversibles.
Lo que acabamos de presenciar en Mar del Plata es una versión actualizada y ampliada de una realidad vigente hace muchos años.
Lo que ahora ha ocurrido ha sido una respuesta calibrada. A una maniobra de recolonización a escala continental y a un relanzamiento de las viejas política imperiales se ha presentado un frente continental y una alianza de fuerzas nuevas.
Como Caracas en 1958, Mar del Plata no es un destino, sino un camino.
El autor es historiador y periodista cubano, columnista de Altercom
Artículos Relacionados
El «encuentro» entre izquierda y derecha, de nuevo en el Punto Cero (I. Parte)
por Jorge Leiva C. (Chile)
9 años atrás 5 min lectura
5 de octubre de 1988-2005: un NO con nuevas razones
por Hernán Narbona Véliz (Chile)
20 años atrás 3 min lectura
Ecuador: el pueblo dijo ni un paso atrás
por Atilio Boron (Argentina)
9 años atrás 5 min lectura
Sergio Bitar y Fulvio Rossi allanan el camino de la derecha y de la socialdemocracia
por Enrique Fernández Moreno (Chile)
16 años atrás 2 min lectura
Trump: «No más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero!»
por Actualidad RT
4 horas atrás
11 de enero de 2026
El mandatario afirmó que «entrar y destrozar» Cuba podría ser la única opción que queda para forzar un cambio.
Rusia lanzó un misil Oreshnik cerca de las fronteras de la OTAN para dar un mensaje
por Medios Internacionales
1 día atrás
10 de enero de 2026
Rusia acaba de mover una pieza que cambia por completo el tablero global. El despliegue del misil hipersónico ORESHNIK no es solo un ataque militar: es un mensaje directo a la OTAN, a Europa… y a Donald Trump.
Diario El País hace y adapta mapas por encargo. Acaba de meter el Sáhara Occidental dentro de Marruecos
por Luis Portillo Pasqual del Riquelme (España)
1 semana atrás
02 de enero de 2026
El diario El País ha publicado una mapa en el que incluye el Sáhara Occidental dentro de Marruecos. El profesor Luis Portillo se ha dirigido a la Defensora del lector, Soledad Alcaide.
Israel aplastó a Mohammad Bakri por atreverse a expresar el dolor palestino tal como es
por Gideon Levy (Israel)
2 semanas atrás
28 de diciembre de 2025
Israel le dio la espalda mientras la sociedad palestina israelí lloraba la muerte de Mohammad Bakri, una de sus figuras más célebres: un actor, director e ícono cultural, un patriota palestino y un hombre de alma noble