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Lo ínico que debe interesarnos es la profundización real de la democracia 

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En vísperas de elecciones, vemos todos los días y a cada rato, desde la televisión, los diarios, las revistas, las “gigantografías”, los muros y los afiches, los rostros sonrientes de las candidatas y los candidatos. Nos ofrecen toda su energía y talento para defender nuestros derechos y luchar por una sociedad más justa. Ver a Lavín hablando como un viejo luchador social, a Piñera como paladín de la justicia y una mejor distribución de la riqueza, y a Bachelet como si “ahora si”, me produce una mezcla de sentimientos que van de la risa a la rabia, del asco a la indignación. No creo que no se den cuenta de lo que hacen, pues se trata de gente inteligente. Me imagino que están seguros que el nivel de embrutecimiento, y profundización de la imbecilidad a que ha llegado nuestro pueblo por la acción permanente, durante años, de los llamados “medios de comunicación”, les permiten mentir, fingir, ignorar, sin que nadie se de cuenta.

Un ejemplo de lo anterior es lo que dijeron los candidatos a presidentes en la presentación –me niego a llamar “debate” a esa cosa- presentada en CNN-TV13. Si uno, sin ser analista ni especialista en nada, toma algunas afirmaciones hechas por los candidatos, sencillamente no puede dejar de indignarse. Que piensen que uno es imbécil, no lo podemos impedir, pero que se lo digan a  uno en su cara… es demasiado. En esa presentación Lavín prometió que si sale electo presidente su primera acción va a ser invertir recursos en ayudar a los cesantes. ¿Cuánto?, le preguntó la periodista. 30 millones de dólares, respondió el bufón. Que yo sepa, hasta ahora ningún medio importante hizo observación alguna acerca del verdadero significado de esta oferta de Lavín. 30 millones de dólares, son aproximadamente $16.500 millones de pesos, los que distribuidos entre 500 mil cesantes dan una cifra per capita de $33.000. Me dan ganas de ser grosero y decirle a este… señor, que se meta en cierta parte su ayuda. Cuando un balón de gas vale ya $10.000, ¿qué puede hacer un cesante con $33.000? Ya ni siquiera hay respeto por el electorado.
Para la derecha y la Concertación no somos más que votos, no somos una opinión

En el encabezado de este artículo no mencioné al candidato Hirsch, lo hice concientemente y este artículo nace fundamentalmente por una discusión sostenida con amigos por el significado que está cobrando la candidatura del Juntos Podemos.

La derecha está feliz por el rol que puede asumir Hirsch en las próximas elecciones. Si miran los periódicos de hace algunas semanas, verán que se refieren a él con la misma actitud que la derecha siempre ha tenido hacia los candidatos de izquierda: desprecio, calumnias, silencio, desinformación. Pero en la medida que pasan los días, y que ha quedado claro que ninguno de sus candidatos se bajará antes del 11 de diciembre, prefieren mover algunas fichas para que un tercer candidato le cree más problemas de los necesarios a la Concertación, empujándola a negociar con la llamada “izquierda extraparlamentaria” y así, en la segunda vuelta, producir una fuga de votos DC para alguno de sus candidatos.

La Concertación, por su parte, va a mover esto para chantajearnos y exigir nuestro voto, tal como lo hizo en la elección anterior.

A nosotros lo único que nos debe interesar es la profundización real de la democracia. Nada más y nada menos. Y en mi opinión, y así lo demuestra la vida y la práctica de estos años, la posibilidad de participar en la elección de un representante al parlamento o un presidente, es una parte de las posibilidades que debe otorgar toda democracia. Pero nada más que una parte. Una democracia para que sea verdadera, sana, fuerte, capaz de autoprotegerse y fortalecerse, requiere, además de la posibilidad de entregar un voto, que operen las mil formas de organización que se dan en una sociedad cuando esta funciona en forma verdaderamente democrática. Pero en Chile ese no es hoy el caso. La diversidad de formas que nuestro pueblo fue capaz de crear para organizarse y luchar contra la dictadura, fueron dejadas a su suerte por los partidos y los gobiernos de la concertación, extinguiéndose poco a poco. Hoy los partidos políticos de la concertación, salvo contadas excepciones, no son más que un puñado de gente tras una posibilidad de un buen cargo en el aparato del estado. ¿Qué porcentaje de la población está incorporada en los partidos políticos? ¿Cuándo las organizaciones de base como los sindicatos, las juntas de vecinos, son consultadas al momento de prepararse nueva legislación, nuevos proyectos?

Si vemos el plano de las nuevas líneas del metro, veremos la tremenda injusticia con que se trata el pueblo. ¿Han visto la distancia entre las estaciones construidas entre Providencia y la Rotonda Grecia? Compárenla, por favor, con la distancia entre estaciones desde la Rotonda Departamental hasta la Gran Avenida. ¿Por qué? El pasaje que pagaran los habitantes de las comunas de La Florida, San Ramón, La Granja, La Cisterna, tiene el mismo valor que el que pagaran los habitantes de Providencia y La Reina. La cantidad de pasajeros que subirán al metro en esas últimas estaciones son más que los que lo harán en La Reina y Providencia. ¿Por qué entonces? ¿Se consultó a los vecinos?  Es evidente que no.

¿Cuál fue la participación de la población, representada por sus organizaciones, en la determinación de los planes de implantación del Transantiago?

El trazado de las autopistas a lo largo del país, que cortan pueblos en dos, separando familias e historia, ¿fue conversado con los habitantes de esos pueblos?
Nunca la clase en el poder ha regalado los derechos a la sociedad  gobernada

Podríamos seguir con la lista, pero el objetivo no es relatar quejas, sino recordar a nuestros lectores que los grupos en el poder nunca han regalado los derechos al pueblo. Siempre hemos tenido que conquistarlos con nuestra acción. La historia de la lucha por más democracia en nuestro país tiene una larga lista de masacres, que muchos quieren que olvidemos.

Lo dramático de la situación de nuestro pueblo es que no hay una organización política con una propuesta concreta y viable que represente sus intereses. Una propuesta que sea impulsada en el tiempo. En un momento Max Neef pareció ser una esperanza y con casi el 10% de los votos, sencillamente desapareció, para irse a buscar un cargo de rector universitario. Nunca más supimos de él.

¿Cuántos candidatos a Alcalde no elegidos en las últimas elecciones han seguido su trabajo en la comunidad, empujando las medidas que decían que iban a materializar si eran elegidos? Dejemos abierta la posibilidad que algunos siguen batallando al frente de su comunidad. Pero no pocos de ellos van hoy de candidato a parlamentario por cualquier zona, como si se tratará de un deporte más. Algunos de ellos incluso se han prestado para acompañar a otro candidato más poderoso, al que las jefaturas políticas han decidido “blindar”, es decir, asegurarle su elección. ¿Es esto democracia? Las elecciones sencillamente se han  transformado en un juego de poder. Sale elegido el que tiene el respaldo de las cúspides del poder, el que cuenta con el dinero suficiente, el que recibe el apoyo de las grandes empresas.
¿Qué va a pasar ahora con Hirsch?

En la entrevista de la noche del domingo en TVN, Hirsch dejó entrever que puede disputar el segundo lugar. “Estamos en un 17%, en virtual empate con Lavín y Piñera que andan por el 20%”, dijo el candidato. Si eso es lo que le preocupa&he
llip; muchas gracias señor Hirsch. Esa es una estupidez. Todos sabemos que será un gran triunfo si el Juntos Podemos saca algún punto por sobre el 10%. Nuestra tarea hoy no es ganar una elección, ni siquiera un segundo lugar. Nuestro esfuerzo debe apuntar a reconstruir el movimiento popular y democrático. Pero todo apunta a que Hirsch aspira al más alto porcentaje posible en la primera vuelta para luego negociar con la Concertación. ¿Negociar qué?
Un programa que permita orientar nuestra lucha en los próximos años, en todo terreno

Lo que necesitamos hoy es un programa coherente, que la población haga suyo, con metas posibles de alcanzar en el corto plazo, para así iniciar el camino de la recuperación de las posiciones que nos corresponden por la fuerza que representamos en nuestra sociedad. Un programa coherente a impulsar en las elecciones presidenciales y parlamentarias, pero también en cada una de las tareas que organicemos para lograr la reconstrucción del movimiento de masas, la reorganización del movimiento sindical, del movimiento universitario, del movimiento poblacional y juvenil.  No podemos seguir esperando que nuestros problemas sean resueltos por parlamentarios o presidentes, que elegimos en base a promesas que no cumplen y que luego legislan y deciden sobre mil temas en los cuales no nos consultan para nada.

Estoy conciente de que esta no es una tarea fácil, pero hay que emprenderla ya. Hoy no están los partidos políticos que funcionaron hasta el 73. La represión, la muerte, la tortura y el exilio golpeó sus estructuras del modo más brutal. Es cierto también que los escenarios de lucha hoy son muy distintos a los de entonces, el mundo cambió radicalmente en las relaciones de poder, pero los problemas siguen siendo los mismos: trabajo, salud, vivienda, educación, medioambiente, previsión social, etc. Todos estos problemas tienen en común que afectan la vida de millones, es decir, a la mayoría de la sociedad. Su solución no puede ser dejada totalmente en manos privadas o de un pequeño grupo que pretende ser iluminado. Tenemos que ponernos a la tarea de organizarnos. Los resultados que estamos viendo ya dejan en claro que avanzamos a pasos agigantados al descalabro.
Cuando vemos que es la Iglesia católica la que denuncia la escandalosa injusticia que reina en la distribución de la riqueza en nuestro país y no los partidos políticos que hoy están representados en el parlamento, es suficiente para entender que o luchamos o nos revientan.

O luchas por tus derechos o te hundes. Esa ha sido siempre nuestra suerte.
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