La ética hurtadiana del trabajado asalariado y la empresa
por Gonzalo Arroyo s.j.
20 años atrás 10 min lectura
Ahora bien, de ninguna manera quiero siquiera insinuar que el pensamiento ético del Padre Alberto Hurtado ya no tiene validez en el mundo globalizado de hoy. Al contrario, su visión ética es solidísima como veremos más adelante. El problema proviene de la ética aplicada a las cuestiones laborales y de empresas de su tiempo. Esta tiene menos vigencia práctica hoy dadas las transformaciones tecnológicas, económicas, sociales y culturales producidas en el capitalismo globalizado. Pero sí la tienen los principios que la sustentan y aún llevan a reflexiones sugerentes sobre la responsabilidad social de las empresas. En los párrafos que siguen analizaré el texto del autor y trataré de comentar, mediante los principios éticos que lo inspiran, cuáles podrían ser algunas aplicaciones al trabajo y las empresas hoy.
Enseguida, extiende estos principios a los conceptos de “salario vital y salario familiar” y los aplica a la realidad de nuestro país. Pone mucho énfasis en que el patrón debe pagar en justicia (conmutativa) el salario vital al trabajador. Pero el salario familiar es debido también en justicia (social) por dos razones: porque es un derecho del trabajador en cuanto jefe de familia y además por que la sociedad “no puede subsistir sin una familia bien constituida y sin un salario familiar no puede subsistir”.
Sin embargo, no se explica su fuerza ética y compromiso sólo por sus contactos con el mundo obrero en su época de estudiante y luego de sacerdote, sobre todo en los últimos años de su acción sacerdotal cuando funda la ASICH. En verdad, hay algo más y esto es su santidad que se expresa mejor a través de los escritos espirituales suyos que hoy conocemos.
os algo sobrenatural, sentimiento que se manifestó más masivamente en el momento de su muerte. Las visitas que llegaban a despedirse a su cuarto de enfermo, en la clínica de la Universidad Católica, veían al hombre cada vez más agobiado físicamente pero siempre bendiciendo y consolándolos y así partían espiritualmente saneadas. Los funerales fueron otra revelación para muchos de la santidad del Padre Hurtado. Monseñor Manuel Larraín en su homilía fúnebre lo expresa bien cuando comienza señalando que el Padre Hurtado ha sido “una visita de Dios a nuestra patria”. Y así lo sentía la gran muchedumbre que con dolor, pero también con exaltación espiritual, acompañaba al santo a su tumba en ese brillante día de agosto.
Reproducción autorizada por la revista “Mensaje”, edición especial “Alberto Hurtado. santo” (octubre 2005). La segunda parte de este artículo se publicará el lunes.
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