Lapidaria columna sobre Piñera en el New York Times: El sueño del gobierno de los gerentes se convirtió en pesadilla

El politólogo peruano Alberto Vergara publicó en el influyente medio estadounidense la columna “2019 derribó el mito del gerente presidente”, donde analiza las figuras del gobernante chileno y el de otros exmandatarios afines, Mauricio Macri (Argentina) y Pedro Pablo Kuczynski (Perú). “La lección que dejan estos proyectos políticos alternativos a la izquierda es que el horno latinoamericano no está para bollos plutocráticos”, señala.La imagen nacional e internacional del Presidente Sebastián Piñera anda a los tumbos. En el plano interno, el Mandatario recibió todo un mazazo con el demoledor 6% de aprobación, el mínimo histórico en la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). En el contexto latinoamericano, su debacle tampoco ha pasado desapercibida.

Así queda reflejado en la columna “2019 derribó el mito del gerente presidente” publicada en el New York Times por el politólogo peruano Alberto Vergara. El artículo analiza el “naufragio” de Piñera y otros exmandatarios afines en la región y reflexiona que “después del dominio de mandatarios de izquierda en América Latina, tres países de la región viraron a la derecha y eligieron a candidatos-empresarios. Los resultados no han sido favorables”, en alusión a Piñera, Mauricio Macri (Argentina) y Pedro Pablo Kuczynski (Perú).

“Por el momento constatemos que el sueño del gobierno de los gerentes era una pesadilla, y el cuento del país como empresa, una bobada”, sentencia.

A juicio del autor, “la lección que dejan estos proyectos políticos alternativos a la izquierda es que el horno latinoamericano no está para bollos plutocráticos. Lo de la plutocracia es una exageración. Fueron los votos y no el mero dinero quien los instaló en el poder. Pero una vez ahí, las tres presidencias confiaron más en el mundo empresarial que en los ciudadanos”.

Tanto en el caso de Piñera, como en el de PPK y Macri, la equivocación estuvo –según el columnista- en que “poblaron el Estado con élites económicas habituadas a burbujas sociales, exhibieron una soberbia gerencial respecto de los problemas que heredaban y, como consecuencia, leyeron erróneamente la marcha política y económica de sus países. Si este combo no constituye la razón última de sus fracasos, al menos ha debilitado la posibilidad de dar continuidad a sus gobiernos y políticas públicas”.

Al analizar la situación particular de Piñera, el politólogo Alberto Vergara recuerda el eslogan de “Tiempos mejores” con el que llegó a La Moneda. “Para lograrlo, el gobierno del presidente millonario y los gerentes traería inversiones y empleo”, señala.

Luego, enumera algunos errores concretos del Mandatario: “A pesar de haber sufrido movilizaciones masivas de universitarios durante su primer mandato, en el segundo nombró ministro de Educación a un defensor de la educación como bien económico antes que como derecho (N de la R: Gerardo Varela). Algo semejante ocurría en el sector salud (Emilio Santelices). Luego llegó el intento de reforma tributaria con el argumento reaganeano según el cual gravar menos a los ricos redunda en empleo para todos”.

Dichos traspiés se redoblaron el 18 de octubre, al inicio de las marchas y cacerolazos en Santiago, con el autor recordando que “Piñera cenaba en un restaurante exclusivo. Dos días después anunció que Chile estaba en guerra. Su esposa alertó que las protestas eran una suerte de invasión alienígena”.

Pero no solo eso: “A esto siguió una represión estatal con la que, denunció Human Rights Watch, se cometieron graves violaciones de derechos humanos. Como consecuencia, el ministro del Interior, Andrés Chadwick, a la sazón primo hermano de Piñera, renunció al cargo y ha sido acusado constitucionalmente por el Senado”.

Según el columnista, “Piñera fue menos el creador de su desgracia que el representante de una clase dirigente chilena donde la promiscuidad entre intereses políticos y económicos había cocinado a fuego lento el hartazgo popular”.

Para Vergara, “más que el mensaje liberal, han fallado los mensajeros respingados de un liberalismo economicista. Y desconectado. Una consecuencia nociva de la desigualdad es que, desde sus burbujas, las élites latinoamericanas pueden convencerse de que el primer mundo está a la vuelta de la esquina. Aunque el PBI per cápita de sus países sea el de un país de ingresos medios, ellos viven en burbujas con una riqueza propia de los ricos del primer mundo. Desde esa nube, el tránsito al desarrollo parece probable. Y lo peor es que irresponsablemente le venden esa ilusión al país real”.

*Fuente: El Mostrador

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