«Aún tenemos Patria ciudadanos», a matenernos en las calles

La historia se repite, el pueblo movilizado asusta a los elites gobernantes, ésta rápidamente recobra la memoria y se transforma, de súbito declara estar dispuesta a resolver los problemas que, en este caso, provocó por años,  sordas e indiferentes ante el clamor de las mayorías para que las cosas cambien. Por su parte el gobierno de derecha, nido de herederos de la dictadura, desprestigiado por sus propias acciones represivas, intenta atornillarse en el poder, dispuesto como ya lo demostró, a defender sus intereses y privilegios a balazos, como lo ha hecho a lo largo de su historia.

Pero el pueblo está en la calle y eso marca la diferencia, mantenernos movilizados sin dejar un momento de tranquilidad al gobierno, es nuestra herramienta para presionar y que nuestros reclamos se transformen en cambios reales, que es a lo que aspiramos la mayoría se chilenos y chilenas. El gobierno que monopoliza las armas y la represión, los partidos que componen la coalición de la derecha, dilatan las cosas, apuestan al cansancio, al desgaste y al desprestigio del movimiento social, tampoco dan tregua, aparecen dialogantes y dispuestos a “escuchar a la ciudadanía”.

No descartan encontrar la solución en un dialogo entre cúpulas, para descomprimir la olla de presión en la que están montados, reviviendo la nociva política de los acuerdos por arriba y a espaldas del pueblo. Así pretenden terminar imponiendo, por secretaria, una agenda social que no profundiza en los problemas que nos llevaron a la situación en la que estamos y que por lo tanto, no da respuesta a nuestras demandas.

Pero la fuerza de los hechos y este movimiento social, marca esta vez una situación  distinta, que las elites del poder no ven o no quieren ver, la diferencia está en que el reclamo social y la fuerza del movimiento de las protestas, fue lo que abrió las compuertas del cambio. Que el reclamo surge desde abajo, de manera organizada y explosiva, se asienta en la comprensión de que el problema es el modelo económico, es la Constitución desde donde se deriva la desigualdad y el abuso.

Por otra parte y esto es importante también, a partir de este remezón político y social, empezamos a hablar de política, empezamos a romper la demonización que el modelo neoliberal impuso a la ideología y a la política, imponiendo la libertad de mercado por sobre nuestros derechos sociales, políticos y económicos. Con la participación ciudadana, que hoy se expresa masivamente en los cabildos, en encuentros de vecinos, en los liceos, universidades y en los centros de trabajo, la exigencia es alcanzar cambios políticos fundamentales, una nueva Constitución y retomamos la soberanía en su expresión popular.

Pero no hay que caer en la ingenuidad, recién estamos en el inicio de un proceso cuyo éxito parcial o total depende de nosotros, del pueblo movilizado y en constante movimiento. En el otro lado de la vereda, las distintas vocerías del gobierno y de sus partidos, dan cuenta de una decisión, defender el modelo neoliberal, no están dispuestos a que este modelo ejemplar, que Chile le vendió al mundo se muestre agotado y en crisis.

Apremiados por un movimiento social a la ofensiva, acuden por ahora, a la receta de maquillar un poco mas el sistema, le aumentan productos a su agenda social y esperan negociarlo “en la institucionalidad”, cocinando soluciones que ya no llegan al pueblo y que de imponerlos, harán esta crisis más profunda.

Una nueva Constitución es la demanda que la Moneda ya no puede dejar de escuchar, es un clamor fuerte y claro, que demanda convocar al pueblo a través de una Asamblea Constituyente, para diseñarla con el ejercicio pleno de la soberanía Popular y no como ya se hizo antes, reformulando partes de una Constitución antidemocrática que al final terminó fortaleciendo el modelo social y económico a favor de los poderosos y de las elites gobernantes.

Esta defensa del modelo por parte de este gobierno de derecha, incluye también el aumento de la represión para defender sus intereses, escondiéndose en la legalidad y en la defensa “del orden y la seguridad ciudadana”. Ya demostraron lo brutal de la respuesta a la movilización social, a través del uso indiscriminado de la fuerza militar y policial, con arrestos preventivos y detenciones arbitrarias, monitoreo de las redes sociales, criminalización del movimiento social,  intimidación, e infiltración de las marchas.

La represión es un mecanismo a emplear por este gobierno y está en manos de las Fuerzas Armadas y Carabineros, instituciones que mantienen intactas su doctrina represiva y la herencia de la dictadura, tanto en la formación de sus oficiales y cuadro permanente como en la relación entre las FFAA y la sociedad civil. En las FFAA y Carabineros la democracia en estos últimos 30 años, no produjo cambios doctrinarios, por el contrario continuaron todo este tiempo funcionando “como un Estado dentro de otro Estado”, entendiendo su misión, de defensa del orden y la seguridad de la nación, como la defensa de un sistema económico y político, militarizando aún más la policía, la seguridad ciudadana y los conflictos sociales.

Los gobiernos post dictadura tienen una responsabilidad ineludible en los actos de corrupción que existen hoy en sus filas, en lo que también se cuenta el haber mantenido intacto, el pacto hecho con la dictadura para garantizar la transición a la democracia, protegiendo en la impunidad a los mandos militares que corrompieron y comprometieron a sus instituciones en el golpe de estado, en la represión y en los crímenes de lesa humanidad.

Mas allá de los discursos, el no cuestionar ni juzgar a los que incurrieron en estos delitos, abrió la puerta al abuso de poder y a la realización de actos y conductas delictuales que terminaron en robos y desfalcos al fisco, realizados por integrantes de sus altos mandos. Todo esto culmina con unas FFAA y unas fuerzas policiales desprestigiadas, lo que les resta capacidades operativas, de inteligencia y de respuesta en el cumplimiento de su misión.

En estas condiciones, las FFAA y carabineros enfrentan un estallido social que sus aparatos de inteligencia no previeron, por su condición de aislamiento de la realidad nacional, no se anticiparon al  estado de cansancio por los abusos, la especulación y los engaños de un modelo económico y social, que por 30 años condeno a generaciones de jóvenes a la marginalidad y la pobreza, que envió al cementerio a jubilados y jubiladas imposibilitados de acceder a un sistema de salud decente.

En estas condiciones, el gobierno actual ha puesto a militares y carabineros en un lugar altamente cuestionable, las ha enviado a reprimir y a crear caos, traspasándoles a ellos la responsabilidad de contener un descontento social del cual es el principal responsable. Los militares y carabineros honestos, tienen que reflexionar, la represión que están desatando en contra de una población indefensa, que se mueve por reivindicaciones justas y pacificas, está siendo observada en Chile y en el extranjero, por lo que ninguna de esta acciones criminales quedara en la impunidad.

Están reprimiendo a un movimiento social que continuará creciendo, al que a diario se suman, para luchar por la dignidad de Chile, hombres y mujeres de distintas edades, trabajadores y trabajadoras. Se suma la clase media empobrecida, los más pobres y marginados por el sistema, los votantes desilusionados de Piñera y miles de personas decentes de este país que rechazan la desigualdad social.

Los militares y Carabineros, la PDI, tienen en frente a “un enemigo interno” que es diverso, es heterogéneo, lo que los mandos de la represión califican como “la población civil”, identificando al sindicalista, al dirigente al estudiante, al que “protesta en contra del orden establecido” hombres y mujeres, como el enemigo a golpear y neutralizar.

Pero la represión no es improvisada, hay mandos militares y civiles planificando las acciones, responsabilidades que recaen en la presidencia de la República, en el Ministerio de Defensa, Ministerio del Interior y las Intendencias, es en esas instancia en donde se diseñan las acciones operativas especificas y que apuntan a:

Identificar sujetos peligrosos y potenciales “violentistas”: lo que se traduce en la identificación, en casos seguimiento a quienes son calificados de enemigos ( interno), potenciales. En casos hay certeza de las escuchas e interceptación de conversaciones telefónicas, la participación en las redes sociales, las que son revisadas. El programa de intervención preventiva, apunta a combatir el derecho de disentir que tenemos como ciudadanos y ciudadanas.

Al invocar la salvaguarda de la seguridad nacional se termina pasando por encima de cualquier tipo de control en la protección de los derechos civiles de las personas.

Intimidar a la población civil: Las evidencias fotográficas, de audios, videos, testimonios de las victimas y de testigos, demuestran que los militares, durante el estado de sitio, de facto, salieron a la calle a reprimir a la población civil, aplicando junto a carabineros violencia desmedida, torturas, acciones delictuales que terminaron en ataques sexuales a mujeres, apaleos, golpizas en grupos de carabineros,  baleos y disparos indiscriminados en contra de manifestantes, detenciones arbitrarias y torturas en  comisarias y centros de detención.

El objetivo de estas cobardes acciones, es amedrentar a la población, como objetivo estratégico de la represión, para buscar el  desgaste físico, moral, psicológico y material, lo que intentan es disminuir todo apoyo al movimiento social, el que crece y se consolida como el gran reclamo por los cambios que Chile necesita hoy.

Provocar incendios y saqueos; Los incendios específicos del Metro en Santiago, el incendio de los centros de abastecimientos y supermercados, no son espontáneos. Estos aparecen, por lo menos algunos de ellos, como acciones operativas planificadas y realizadas por actores especializados que difícilmente están entre los manifestantes. En particular los incendios simultáneos en distintas estaciones de metro y algunos supermercados.

Ciertamente que también los que saquean son lumpen y marginados del sistema, quienes durante años soñaron con los fetiches del mercado, sintiéndose parte de el y con la ilusión  de lograr una vida material mejor, son “los que sobran y los que no necesita el mercado”.

Paralelo a ello, aparece el papel concertado de los medios de comunicación, ya quedó en evidencia que están actuando en base a un plan de colusión, para desinformar, fijando la atención en el vandalismo, en los destrozos, para así restar importancia al movimiento social en protesta.

Las agresiones físicas: La eliminación física selectiva, como al parecer ha sucedido con dirigentes ambientalistas, está presente, pero no de manera generalizada como se hizo en dictadura, hay registros que muestran a personajes armados, realizando el trabajo sucio, para no “manchar” la imagen de las instituciones armadas. Aquí se incluyen operaciones específicas, señaladas anteriormente, como sabotajes e incendios provocados en lugares estratégicos y de alto impacto para la población civil.

Provocaciones en escalada

En la medida que al gobierno se le dificulte la contención del movimiento social, no se pueden descartar la realización de acciones de sabotaje para crear un ambiente de enfrentamientos, para crear consenso entre la población, para que este apruebe la intervención del ejército y acabe con el movimiento social, cuyos actores son identificados “como vándalos y desadaptados”, así como con quienes lo apoyen.

Descalificando como hasta ahora lo están haciendo al movimiento social,  lo que buscan es que sean vistos por la población, como procesos subversivos y siniestros, anarquistas y fanáticos, los que solo recurren a la violencia para desestabilizar la paz social y la convivencia nacional.

En suma, estamos viviendo un despertar político, que removió todo, un remezón que nos volvió al centro de nuestro esencia, que somos seres sociales y no productos o clientes que solo responden a la libertad del mercado. Recuperamos nuestra conciencia social para luchar por nuestra verdadera realización, que tiene lugar en fructífera y solidaria sintonía con los demás, que es lo que estamos haciendo ahora, reclamando derechos que nos fueron conculcados, como individuos y como sociedad, en democracia.

Para contrarrestar la represión hay que organizarse y defenderse, conocer cómo nos están reprimiendo, pero lo principal es mantenernos en las calles, porque ese es el mecanismo  de presión más valioso que hoy tenemos para luchar juntos por nuestros derechos.

La fuerza de esta protesta nacional contra el abuso y la injusticia tiene que ser un permanente reclamo en contra de la impunidad, aquí se han cometido  asesinatos, secuestros, violaciones, detenciones arbitrarias y nada de eso debe quedar en la impunidad.

Importante es el reclamo ante el sistema judicial, no pueden éstos eximirse de responsabilidades, acompañando las denuncias ante los organismos internacionales, con el fin de hacer saber a los gobiernos del mundo entero, como se esta reprimiendo desde un gobierno autoritario, exigiendo el respeto al derecho ciudadano y democrático de libre asociación y protesta.

¡ Aún Tenemos Patria Ciudadanos ¡ la historia está de nuestro lado y no miente, ésta nos demuestra que los derechos conquistados en nuestro país han sido posibles luchando, tal cual lo hacemos hoy, tomándonos las calles y movilizándonos para denunciar y protestar.

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