Mauricio Macri y la orquesta del Titanic

21/05/2018
Si recordamos detalles de la película “Titanic”, durante varias horas la gran embarcación estuvo a medio lado a punto de hundirse, mientras la orquesta tocaba bellísimas melodías. La crisis argentina es muy similar a esta escena del film.

Macri no es un político sino un empresario y, como tal, confunde sus negocios con los del país. Para él no ha habido una corrida cambiaria sino una turbulencia, que se superó al bajar la paridad dólar-peso argentino, de $25,5 a $24,5, (como el infortunado Capitán de la nave, nunca se dio cuenta de la magnitud de la tragedia que se avecinaba). Si el “barco” de hunde, Macri y sus amigos se salvarán, de todas maneras, porque “tienen of shores” y pueden emigrar a cualquier país, incluidos sus capitales.

El problema radica en que los ciudadanos de tercera clase, si se salvan de morir de inanición, claudicarán en el mar turbulento, entregando su vida.

Habría que preguntarse cómo logró bajar la caída del peso argentino de $25,5 a $24,5. No hay que ser economista y especialista  en finanzas para saber que las dos maneras de evitar la corrida cambiaria y la subida del tipo de cambio, es sobre la base, en primer lugar, de colocar en el mercado una gran cantidad de dólares y, en segundo lugar, subir la tasa de interés en forma brusca.

El Banco Central argentino empleó ambos métodos: entregó a los bancos y cajas de cambio 5 millones de dólares durante varios días seguidos, logrando la baja de las reservas del País, estimado en 50 millones de dólares, entregando al mercado 10 mil millones de dólares. El Banco Central subió la tasa de interés del 20% al 40% llegando, en algunos momentos, al 100%.

El ministro de Finanzas, Luis Caputo, ofreció unos Bonos, los “Botes”, que pagan un interés de un 20% al inversor. Las Letras del Banco Central, (LEBAC), que son a corto plazo, pagan en la actualidad un interés del 40%, y su vencimiento va de 35 a 262 días.

El inversor en Argentina tiene que elegir entre comprar LEBAC, que pagan 40%, en pesos argentinos, o comprar dólares, ofrecidos por el  Banco Central a $25 pesos, e invertirlos si prefiere, en un paraíso fiscal,, (como lo hace el Presidente y  la mayoría de sus ministros).

Argentina tiene un récord de inflación, desde el mes de enero hasta hoy, de 9,6%, y anualmente se calcula entre un 25% a 30%. Además, el gasto fiscal es enorme, pues la mayoría de los argentinos son empleados públicos; el 70% del gasto fiscal se gasta en programas sociales y, además, tiene un déficit comercial de 8.472 millones de dólares, sumado a un alto desequilibrio de la Balanza de Pagos.

El Fondo de Inversión Franklin Templeton invirtió mil  millones de dólares a veinte $20, y los vendió a $25, con una ganancia, en  menos de 15 días, de 700 mil millones de dólares. A diferencia de lo ocurrido con el naufragio del Titanic, esta catástrofe era completamente previsible, y cualquier inversor más o menos informado y que tengo ahorros podía comprar dólares a $20 y venderlos a $25.

Mantener la tasa a 40% es imposible, pues  ningún empresario o persona natural sería tan insensato para pedir un crédito que tendría que pagar a un 40%, y el resultado sería que el país entero quedaría paralizado, con el consiguiente crecimiento de la cesantía y un aumento estratosférico de la pobreza, que subiría de un 30% a más de un 50%, (ni siquiera, como en España en su tiempo, podría comerse de los tarros de basura, pues quién podría desechar residuos  comida si no se come).

La crisis de 2001 en Argentina no es igual a la actual, aun cuando tiene mucho parecido: en ambas se ha recurrido al FMI que, en el caso de 2001 dejó un pésimo recuerdo – el mismo “caradura” de Fernando de la Rúa culpa a esta institución del derrumbe de su gobierno -.

La tontería e inconsciencia de algunos economistas y funcionarios del gobierno sostienen que el FMI cambió sus políticas de ajuste, desde el 2001 al 2018, y que la crisis actual no se puede comparar con la primera, que fue bancaria y, la segunda, monetaria, como en economía y la vida todos los indicadores no estuviesen relacionados y el mundo no fuera holístico.

Mauricio Macri, junto con Sebastián Piñera y Donald Trump son los líderes de las democracias corporativas: los Presidentes gobiernan los Estados nacionales como su empresa particular, y el rol de los electores es sólo confirmarlos en su cargo, (creer que la democracia se define por el sufragio universal hay que ser demasiado cándido, que vendría a ser como el “pan y circo”).

Los Presidentes-empresarios son como los reyes absolutos, los emperadores, los zares, es decir, los padres del pueblo, y su persona divina es intocable; si le chorrea el dinero es un buen , padre, de lo contrario, se convierte en malo, (los más pobres y la clase media que votaron por Piñera, están felices porque el IMACEC subió a un 4,5%; los seguidores de Trump también lo están, pues según su mentalidad, ha colocado a Estados Unidos en primer lugar; por el contrario, en  Argentina, Macri ha bajado al 30% en apoyo popular debido a la debacle económica, provocada por su política gradualista: hay que ser muy idiota para agradecer a tu Presidente cuando se triplica el precio de todos los servicios).

Cuando un Estado no tiene dinero, se le presentan tres caminos: el primero, imprimir billetes; el segundo, pedir un crédito;  el tercero, emitir Bonos Soberanos de Deuda, a una alta tasa de interés, si estás clasificado en triple C, es decir, basura.

Achacar la actual crisis argentina a la alza de tasas de interés en Estados Unidos, (que va a subir rápidamente de 0,5% a 3%), sería explicar una crisis en forma muy mono causal. Es cierto que si el Bono Soberano de Estados Unidos paga el 3%, y el de Argentina el 20%, el inversionista amante del riesgo, capaz que compre Bonos argentinos, pero con una alta posibilidad de default; por el contrario, con el Bono norteamericano hay una alta probabilidad de que se lo paguen al vencimiento.

Argentina recurrió al Fondo Monetario Internacional, hasta ahora, 30 mil millones de dólares, que serían sumados a otros 30 mil millones de dólares del Banco Mundial. El crédito del FMI es para salvar a países, prácticamente, en default, (hoy le presta a Irak, a Kenia y a Jamaica; antes le prestó a España, a Grecia e Irlanda <este país tiene la ventaja de depender del Euro, por consiguiente, en ningún país europeo pueden poner en marcha la impresora de billetes>).

Macri, como es socio de los demás Presidentes-empresarios, tiene a Trump, Macron y Merkel como sus avales;  además, hay que considerar que son dueños del FMI; el llamado de Trump a Macri asegura la aprobación del crédito.

Se conocen en todos el mundo los ajustes del FMI: Desde ya, el reducir el déficit fiscal, lanzar a la calle a millones de burócratas y terminar con todos los subsidios a los pobres bajando, lo más posible, las pensiones. Todos los cándidos creen en el poema del mundo al revés: un lobito bueno y un pirata honrado. Está claro que Macri perdió la reelección presidencial  en 2019, si es que se salvo, durante este tiempo, de tomar pasajes de helicóptero de Isabel Perón y de Las Rúa.

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