La música como conciencia del pueblo: memoria y fiesta

Entrevista a Charo Bogarín

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Charo Bogarín, mostrando la puntura de Jorge Araldi Nacida en Clorinda, provincia de Formosa, 24 de septiembre de 1972, es una cantante argentina de Folclore, del dúo Tonolec. Es tataranieta del cacique guaraní, Guayraré. El 12 de septiembre de 1976, su padre ―Francisco Javier Pancho Bogarín nacido en 1945 congresista peronista de las ligas agrarias― fue «desaparecido» (no identificado) y asesinado por la dictadura de Videla, por lo que se mudó con su hermana y su madre ―maestra de frontera (y más tarde ingeniera en sistemas)― a la ciudad de Resistencia, capital de la provincia de Chaco.

A.I: Charo muchas gracias por darme la posibilidad de entrevistarte. A un par de días del tremendo recital al cual nos invitaste en la Sala Siranush, puedo decir que escuchar y ver a Tonolec en el escenario, permite conocer una parte muchas veces invisibilizada de la Argentina y de América Latina relacionada a nuestros pueblos originarios. Es sabida tu descendencia guaraní que ayuda al reconocimiento de la identidad, ¿cómo llegan, incluyendo a Diego Pérez, a intuir la potencialidad artística y musical del trabajo que deciden presentar al público? ¿Tenían conciencia del aporte que realizan a la música argentina?

CH.B: En principio Alex, es necesario decir a la gente que leerá este artículo, que concretamente lo que hacemos en Tonolec desde hace ya 17 años, es una música que mezcla las lenguas originarias y los cantos ancestrales de las comunidades qom y guaraní de nuestro norte argentino, con ritmos o paisajes sonoros electrónicos. Empezamos este dúo con mi compañero productor Diego Pérez, cuando aún no podíamos avizorar los tiempos de cambio cultural, social y político que se venían. Fue en plena crisis política y económica. Un impulso instintivo nos llevo a mezclar estos ingredientes: lo ancestral con lo moderno. Abrevamos en nuestro folclore más profundo, el canto de nuestras mujeres indias, el sonido despojado del monte y la selva. Y tuvimos la suerte de que en nuestro país, aún existen grandes comunidades originarias con su arte pleno y vivo. Hacia el año 2000 cuando empezamos esta búsqueda sonora, no teníamos verdadera conciencia de dónde podíamos llegar. En 2005, al estrenar nuestro primer álbum, de repente nos vimos envueltos en una Argentina cuyo tejido social estaba cambiando, por fin mirando y valorando nuestras culturas ancestrales, sin deprecio, sin lástima…con orgullo. Realzando su filosofía, su forma de vida, su arte. Así casi de repente, en esta última década, nuestra música se convirtió en una de las expresiones musicales más representativas de nuestro suelo, según dicen. Yo creo humildemente que logramos a través de la música exponer lo que estaba pasando en nuestro país: un volver a nuestras raíces sin perder de vista los tiempos que corren. Una mirada que resignifica nuestros orígenes y nuestro folclore nacional.

A.I: La creación musical que realizan tiene una pertenencia geográfica, hay canciones que refieren al camalotal, en otras canciones la imagen del río es fuerte, por ejemplo en “Mujer, cántaro, niño”. Considerando realidades como la chilena, en donde el agua pertenece a capitales extranjeros, podríamos extender el asunto del agua no sólo a una identidad geográfica sino que también a un tema político, con esto quiero aludir a los intentos constantes de privatizar el agua y al problema de la contaminación industrial de los ríos. ¿Nos puedes aportar alguna reflexión en torno a estos problemas?

CH.B Alex querido, qué decirte que no sepamos desde nuestro sentido más primario de supervivencia. Nuestra corta vida por este planeta está impregnada de paisajes: ríos, mares, montañas, bosques, selvas, cielos. El agua, el oxígeno que generan nuestros árboles, el alimento que nos da la tierra, son nuestra fuente de vida, sin ellos no sobreviviremos. Seguimos atravesando tiempos absurdos, donde hemos llegado a fuerza de malas decisiones políticas y ambiciosos procederes empresariales a perder el foco en cuanto a nuestro medio ambiente y la necesidad imperiosa de su cuidado. Recursos naturales como el agua son tratados como propiedad privada hace tanto tiempo que nadie se lo cuestiona. Deberíamos declarar nuestros recursos naturales Patrimonio de la Humanidad, así los preservaríamos para las generaciones posteriores y a nadie se le ocurriría ponerlos en venta. Medidas como estas pueden ser una sana y definitiva limitación para aquellos gobiernos que sin visión, deciden vender recursos naturales que son necesarios para quienes habitan su mismo suelo.

A.I: Tu biografía está marcada por esos procesos políticos terribles que sufrimos con las dictaduras en nuestros países. Has declarado que el arte ha sido como curador frente a esa experiencia traumática tan cercana que te tocó sufrir en la infancia. Sin embargo, la referencia a la triste historia aparece en algunas canciones en donde aludes a “las madres” y a “las abuelas” de la Plaza de Mayo. ¿Entiendes el arte como una forma de militancia? ¿Tienes alguna opinión relacionada al actual proceso político de la argentina y las denuncias de aumento en la vulneración de derechos?

CH.B: Bueno, la historia que me atraviesa desde pequeña es bastante fuerte. Mi padre desapareció en Clorinda, durante la época de la dictadura militar argentina, en septiembre de 1976, siendo militante del peronismo, y congresal nacional por la provincia de Formosa. Las enseñanzas de mi madre han sido esenciales para mi y para mi hermana, porque ella nos brindó desde pequeñas las herramientas necesarias para poder transformar ese dolor en un aprendizaje y posteriormente en lo que a mi concierne, en un hecho artístico. No guardo rencor, ni creo en la venganza. Sí creo en la justicia, la verdad y la memoria. El arte es la herramienta más poderosa de transformación y de militancia. Es la trinchera perfecta. Por eso recuerdo y traigo en canciones a mi padre. Francisco Javier Bogarín, “Pancho Bogarín”, quien dio su vida a los 29 años, poniendo a la patria y a sus ideales al frente. Aquella madrugada, así como seguramente lo hicieron algunos de los 30 mil desaparecidos de mi país, mi padre no se escondió ni decidió huir. Se entregó a fuerza de fusil, para protegernos a nosotras, sus hijas y esposa. Hoy soplan de nuevo en Argentina vientos ajenos a mi sentir, después de poco más de una década de hacer grandes avances en cuanto a derechos humanos. Estamos alerta. Algo hemos aprendido.

A.I: En la producción de tus trabajos hay una estética expresiva que resalta tu corporalidad, pero además tu voz es particularmente femenina. También has hecho trabajos con otras mujeres que se destacan hoy en la escena musical latinomericana, tales como la chilena Natalia Contesse y la uruguaya Malena Muyala. Además en las canciones haces referencias a la vida de la mujer, ¿te interesa resaltar el tema de género? ¿Has sentido acoso o violencia al interior de nuestras sociedades machistas?

CH.B: Bueno gracias por los cumplidos Alex. Debo reconocer que provengo de una raza de mujeres fuertes: las mujeres guaraníes. Y también soy parte de un fuerte matriarcado. Mi abuela y mi madre han sostenido nuestros hogares a fuerza de trabajo y carácter más allá de las tragedias y las penas que las han atravesado. Yo hice lo mismo. Superé la desaparición de mi padre y transformé mi dolor en enseñanzas, luego me tocó ser mamá sola con apenas veinte años y tuve que mantener mi hogar, abrirme camino. Lo hice. Es cierto que la adversidad te hace más fuerte… Y arriba del escenario simplemente siento esa fortaleza, se expande en mi gesto, en mi voz, en mi palabra. Me gusta la mujer fuerte, pero también delicada y femenina. Que sabe que puede sola, pero prefiere transitar los caminos acompañada. Siento que muchas mujeres necesitan reconocerse en esta fortaleza, sentirse valerosas y luego valoradas. Me cruzo en el camino con otras mujeres de igual porte y eso me da mucho gusto. Que seamos una linda manada de lobas andando el continente.

A.I: Una apuesta destacada es la integración de niños en algunas canciones, pero también es notoria una cierta preocupación por cantarle a los niños. ¿Te parece que los niños son agentes sociales habitualmente excluidos? ¿Tienes un interés formativo frente a los niños y niñas?

CH.B: Parte de nuestro trabajo pone foco en los niños. Tal es así Alex, que nuestro último álbum de Tonolec se titula Mitai (en lengua guaraní: niño) y es un compilado de cantos infantiles en lengua qom y guaraní. Cantos nativos para nuestros niños. Trabajando con las comunidades mbya guaraní de la provincia de Misiones del lado argentino y luego en Brasil, con las comunidades ava guaraní, tomé verdadera conciencia de lo importante que es hacer foco en los niños y transmitirles a través de la música, nuestros valores, nuestra cultura, nuestra idiosincracia. El método es lúdico. Jugar y aprender. Cantar y aprender. Bailar en rondas y aprender. Los mayores de las comunidades guaraníes enseñan a todos sus niños a cantar en su idioma. Sus cantos hablan de sus dioses, de sus animalitos, de sus costumbres. Y les están traspasando así a sus niños enseñanzas sobre su cultura. Sobre suelo latinoamericano y dentro de las comunidades más numerosas a nivel de población, los guaraníes son uno de los que mejor han resistido a la colonización española conservando su lengua madre y a través de ella, su cultura. Con el canto se educa. Sin dudas. Con el lenguaje se resiste. Tenemos en la música, una de las herramientas más poderosas de concientización del pueblo.

A.I: También es formativo escuchar tus canciones en la lengua de pueblos originarios, en las cuales además integran sonoridades pertenecientes a esos pueblos. ¿Nos puedes contar un poco sobre tu experiencia de investigación etnomusical? ¿Te gusta el trabajo investigativo?

CH.B: Antes de dedicarme a componer canciones y a cantar fui periodista. Estudiar método de la investigación y adquirir en aquellos siete años de trabajo en un periódico del Chaco, cierto oficio, fueron factores que favorecieron sin dudas, mi abordaje a los cantos nativos. Nuestro modo de trabajar con las comunidades junto a mi compañero Diego, siempre fue ir a donde ellos estaban. Viajar. Encontrarlos. Presentarnos. Ganar su confianza. Buscar a los caciques y luego a los músicos de las comunidades. Hay un protocolo a seguir. Luego, interactuar y conocer a los coros de adultos en el caso de los qom, y coros de niños en el caso de los guaraníes. Fue un trabajo enriquecedor y maravilloso. Por supuesto que me encanta investigar. Fue un desafío para mi escribir canciones en lengua qom o lengua guaraní. También fue un desafío lograr pasar de la oralidad a la escritura, cantos de los pueblos originarios que hasta entonces no estaban escritos. Ese trabajo esta plasmado en nuestros discos. A mi me parece imprescindible legar este tipo de material a la gente que se interesa por estas culturas. No solo a través del canto, del sonido, sino a través de la palabra escrita. Por eso también he escrito el cancionero de Tonolec ( titulado Tonolec: La Celebración 2005-2015 ) coronando así los diez años de vida de Tonolec. Hemos aprendido mucho de estas culturas antigüas y queda mucho más por aprender.

A.I: El conocimiento de la lengua, la experiencia investigativa en terreno te han llevado al reconocimiento de las filosofías ancestrales, asumiendo un respeto por formas de vida distintas a las occidentalizadas que estamos acostumbrados. De ahí tu experiencia del arte como una ceremonia, por lo tanto también fiesta. ¿Aludes con esto a una experiencia ritualista de la música?

CH.B: Creo que sí. Siempre decimos que nuestros conciertos son verdaderas ceremonias musicales. Tiene que ver con una concepción diferente en relación a la expresión musical. Tratamos de revivir ese espíritu concientizador, sanador y vivificador de la música. Para nuestra gente originaria, con el canto se cura, se sana y también se educa. Entonces lo ideal es generar ese clima de comunión con el público. Un vínculo diferente. Hay un mensaje detrás de cada canción que tiene que ver más con lo colectivo, que con lo individual. Estamos hablando y contando historias de nuestros ancestros, de nuestra gente, de nuestros paisajes. Una narrativa en donde nos corremos de ese lugar donde casi siempre uno es el centro de todo. Es un concepto de hacer música no sólo para recrear y entretener sino para generar una conexión más profunda con el otro. Eso lo vuelve al concierto una especie de ritual, de celebración colectiva. La gente sale bastante conmovida. Nosotros también.

A.I: Finalmente, acabo de enterarme de que estás por estos días presentando un nuevo trabajo, al parecer más personal. ¿Nos puedes contar algo de esta producción?

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Jorge Araldi

CH.B: El 8 de septiembre se estrena en Argentina, a través del sello Sony Music, mi primer álbum solista donde aparezco como LA CHARO. Una experiencia paralela a Tonolec, donde hay un recorrido de fronteras afuera, perfilando un canto y ritmos más universales. Será un álbum con 12 temas, que ya fue terminado hace un año atrás. Dentro de la campaña de difusión daré a conocer tres cortometrajes que he trabajado con estudiantes de la escuela de cine Enerc, a modo de video clips de tres canciones de mi disco. Las composiciones son propias por supuesto, e incluyo como apertura un canto en lengua quechua y más adelante otro en lengua qom, pero esta vez sin el ingrediente electrónico que caracteriza a Tonolec. Los sonidos de mi cuatro venezolano, un contrabajo y dos ronrocos dan el carácter plenamente acústico a este disco. Ahí voy embarcada en este nuevo proyecto que me entusiasma muchísimo, con mi voz sonante y cantante, mostrando historias de éste nuestro continente. Me pueden seguir por las redes sociales obviamente buscando lacharo.oficial o Charo Bogarin.

-El autor, Alex Ibarra Peña, es miembro del Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.


 

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