La muerte de Zygmunt Bauman y la educación líquida chilena

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Una de las tantas preocupaciones sociales de Zygmunt Bauman, fue la educación en estos tiempos de descompromiso, de consumo exacerbado, de insolentes atajos al conocimiento, de satisfacción instantánea, donde las relaciones humanas se miden en términos de costo y beneficio, es decir, de “liquidez” en el estricto sentido financiero, donde el conocimiento es cercenado en pequeños trozos, uno para cada oficio y profesión. Saber es una amenaza y ¿deberíamos descartarlo? Dice el autor, “la perspectiva de cargar con una responsabilidad de por vida se desdeña como algo repulsivo y alarmante” (Bauman, 2007; p. 28).

Bauman, en el Encuentro Internacional Educación 360, celebrado en Río de Janeiro, Brasil, en 2015, nos afirmaría que la educación es víctima de la modernidad líquida y que ésta “debería formar ciudadanos que recuperen el espacio público de diálogo y sus derechos democráticos, pues un ciudadano ignorante de las circunstancias políticas y sociales en las que vive será totalmente incapaz de controlar el futuro de éstas y el suyo propio”, como agrega en la contraportada de Los retos de la educación en la modernidad líquida.

La educación está presionada por la política, por lo utilitario, en términos de eficacia y eficiencia, y por los intereses corporativos; un ejemplo puntual para nuestra cercana realidad son las corporaciones educativas chilenas, que sostienen una educación clasista, expulsiva y de deficiente calidad, destinada a los sectores más postergados, los vulnerables del sistema. Y para muestra un botón: en la última PSU quedó finalmente demostrado así, pues la educación que se nos brinda ha abandonado la noción de conocimiento útil para toda la vida, sustituyéndolo por el conocimiento de “usar y tirar”, de validez utilitaria pasajera y eso, claro, mientras no se afirme lo contrario. Hablamos, pues, de un saber precario, cosido con hilvanes, destructor de los marcos cognitivos. Los conocimientos sólidos y el discurso pedagógico pasaron a mejor vida, no sirven para una época metamorfoseada, donde todo puede suceder, pero nada puede ocurrir con certeza absoluta.

La obra de Zygmunt Bauman es muy amplia, abarca aproximadamente unos 30 libros y otros tantos artículos en diversos medios del mundo, escritos en torno a la modernidad líquida, que se define como el tiempo en el que vivimos, caracterizado por la “volatilidad”, la “inmediatez”, el “descompromiso”, la “instantaneidad”, la “incertidumbre”, la “fragmentación”, la “insolidez”, la “velocidad”, la “impaciencia”, la “inseguridad”…

De todo este caudal de publicaciones de Bauman, nos dejó, como fuente de aprendizaje y reflexión, ese libro pequeño y de fácil lectura que les señalo, no obstante, muy sustancioso y de largo vuelo, Los retos de la educación en la modernidad líquida, texto que en algún momento nuestros tecnócratas, promotores de políticas educativas fracasadas, continuistas del proyecto de la dictadura pinochetista, deberían darle una pequeña ojeada y una más profunda hojeada, para detenerse y reflexionar cuando el autor expresa, “hoy el conocimiento es una mercancía; al menos se ha fundido en el molde de la mercancía y se incita a seguir formándose en concordancia con el modelo de la mercancía” (Bauman, Op. Cit; p. 30). Esta frase, magnífica, elocuente de la realidad que nos atraviesa, nos lleva a preguntarnos ¿qué han hecho en todos estos años las autoridades de la cartera con nuestras escuelas y el sistema educativo público?

Si Pinochet destruyó por completo y a sabiendas el sistema de educación público, lo privatizó a manos del mejor postor, lo municipalizó en una parcelación infame entre municipalidades ricas y municipalidades pobres y defendió el paradigma inequitativo, expulsivo y diferenciador, cabe preguntarnos, a la fecha, ¿qué hemos modificado en beneficio de la educación del pueblo trabajador en todo este peregrinar de gobiernos democráticos? Es urgente exigirles, pero exigirles en serio y con fundamentos sólidos a nuestros representantes. La educación es una inversión a largo plazo y es un derecho, no una dádiva, tampoco es a voluntad de los mercados, como tal, pues, como todo y cualquier derecho, este derecho hay que ponerlo de relieve, nos apremia.

Se habla hasta el hartazgo del fin del lucro, pero no hacemos nada para romper definitivamente con él, nos quedamos en promesas y estudios que nunca llegan a aplicarse en su plenitud, por algún vértice siempre se nos asoma la trampa y la educación sigue siendo más de lo mismo, destinada a un puñado que sí puede contra una maraña enorme que siempre se queda con las migajas y a mitad de camino, “las organizaciones comerciales de hoy tienden a tener un considerable elemento de desorganización deliberadamente construido; cuanto menos sólida y prontamente alterable sea una organización, tanto mejor” (Bauman, pp.34-35). ¿Y no es precisamente esto lo que sucede en nuestras escuelas? Las Instituciones Educativas en el país, de norte a sur, se han transformado en vulgares organizaciones comerciales, el conocimiento es vendido como en la bolsa y no cualquiera puede comprarlo. Nuestros pobres no pueden seguir esperando a que un alma caritativa se acuerde de ellos.

Estos simples párrafos, esclarecedores y críticos, simples pero movilizadores, nos alertan y servirían para remecer las conciencias de quienes en educación tienen que legislar sobre todo aquello que, con urgencia, estamos necesitando como sociedad en crecimiento y como país pobre.

A pocos días de haber sucedido la muerte del autor polaco, filósofo y sociólogo, les dejo planteada la inquietud y el texto, para que tengamos en nuestras manos un material sabroso para proponer, discutir y más herramientas de pensamiento para exigirle al próximo gobierno.

La educación no puede seguir esperando, el cambio tiene que ocurrir ahora, con urgencia, luego del último fiasco en la PSU, nuestros alumnos deben egresar de las escuelas con conocimientos sólidos en esta modernidad líquida.

Bibliografía:

Bauman, Z Los retos de la educación en la modernidad líquida

Gedisa Editor, Barcelona, 2007.

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