«El pueblo Saharaui exige aplicar los principios y resoluciones de la ONU en materia de descolonización»

Más abajo va la versión en inglés


Intervención de Ahmed Bujari, representante del Frente Polisario

Intervención ante el Seminario de Descolonización

(Managua, 31 mayo – 2 junio 2016)

(Versión original en español)

Sr Presidente, Honorables delegados y participantes en el Seminario,

Vayan mis primeras palabras al Honorable Gobierno de la Republica  de Nicaragua para expresarle el agradecimiento por esta nueva demostración de generosidad y cooperación con los esfuerzos descolonizadores de la ONU al albergar por segunda vez   este Seminario en Managua, en la patria de Sandino. También, me gustaría aprovechar esta ocasión para felicitar al Embajador  de la Republica Bolivariana  de Venezuela, Sr. Rafael Ramírez, por su brillante elección a la Presidencia del Comité Especial de los 24. También felicitar al Buro que lo acompaña en la noble tarea de los objetivos asignados por la Comunidad internacional al Comité de los 24.

Señor Presidente, en esta ocasión como en todas las anteriores, la delegación del Frente Polisario en tanto que legitimo representante del pueblo del Sahara occidental en virtud de los hechos derivados de su larga lucha por la liberación nacional y de la legalidad internacional , en particular la resolución 3437 (1979) de la Asamblea general y siguientes, participa en este seminario con el propósito de informar al Comité Especial sobre la situación relativa al Sahara occidental y a la vez transmitir un mensaje de confianza en el rol que debe seguir  jugando para el logro de la descolonización efectiva del Sahara occidental, ultimo Territorio africano no autónomo inscrito en la agenda del Comité especial.

Como es sabido, Sr. Presidente, fuimos colonia española desde 1884 hasta 1975, en el marco del reparto colonial sellado en la Conferencia de Berlín celebrada en 1885 donde potencias europeas decidieron repartirse nuestro continente africano como hicieron con el Continente Latinoamericano en otro reparto firmado cuatro siglos antes en Tordesillas. Los pueblos de los dos continentes, gracias a una larga lucha por la libertad, lograron zafarse del yugo colonial y juntos inspiraron la elaboración de la célebre resolución 1514 de diciembre 1960 considerada la Carta Magna de la Descolonización, que dio vida a este Comité. El pueblo saharaui no era ni podía ser la excepción y emprendió su legítima lucha por la independencia nacional, primero utilizando medios pacíficos y, después, a partir de 1973, por medio de la única vía que le quedaba disponible, la lucha armada bajo la dirección del Frente Polisario. Habíamos esperado que la Potencia colonial y Administradora del Territorio del Sahara occidental, España,  cumpliese con sus obligaciones descolonizadoras tal y como las había voluntariamente asumido y habían sido definidas a través de múltiples resoluciones dela Asamblea general de la ONU y del dictamen del Tribunal internacional de Justicia de 16 de Octubre de 1975 y de manera particular por el Informe de la misión visitadora enviada por este Comité al Sahara occidental en mayo de 1975. No cumplió con esas obligaciones y ofreció nuestro país y a nuestro pueblo a dos países vecinos, Marruecos y Mauritania, para que lo invadieran, repartieran y ocuparan en ejecución de los llamados Acuerdos tripartitos de Madrid de 14 de noviembre de 1975. Aun así, en su carta de 26 de Febrero de 1976 al Secretario general de la ONU, el Gobierno español considera que la «descolonización del Sahara occidental no será valida hasta que el pueblo saharaui exprese  de forma valida su voluntad». Deseo en todo caso reafirmar nuestra confianza en que la democracia española, restaurada y consolidada, asuma las responsabilidades derivadas del abandono de 1975. Pocos saben que los dos países invasores habían firmado tres años antes, al margen de la ONU y a espaldas del pueblo saharaui, un acuerdo ultra secreto  en junio de 1972 para repartirse el Territorio, como lo reveló el anterior Presidente de Mauritania, Mojtar Uld Daddah en su reciente libro, “La  Mauritanie, contre Vents en Marrees».

Saharaui

El abandono español y la invasión conjunta mauritano-marroquí provocó una atroz guerra contra un pueblo desarmado y sorprendido por los acontecimientos  y la débil respuesta de las Naciones unidas. Aun así, la determinación del pueblo saharaui y la solidaridad de nuestro continente africano y de muchas naciones, particularmente latinoamericanas y del Caribe, desbarató los planes y objetivos de los dos países invasores. Mauritania se retiró de la guerra  en virtud del acuerdo de paz firmado  con el Frente Polisario en agosto de 1979. En Febrero de 1984 reconoció formalmente a la Republica Saharaui, hoy Miembro de pleno derecho de la Unión Africana.

Tras 16 años de guerra cruenta, Marruecos aceptó el veredicto de los hechos y el mensaje inequívoco  de la Comunidad internacional, contenido en las resolución 3437 de la Asamblea general de la ONU y la resolución 104 de la XIX Cumbre de la Organización para la Unidad Africana. Acepto así el Plan de paz elaborado conjuntamente en 1988 por la ONU y la OUA, hoy UA,  basado en el reconocimiento del derecho del pueblo saharaui a elegir libremente su futuro a través de un referéndum de autodeterminación. El Consejo de seguridad de la ONU lo endosó en sus resoluciones 658(1990) y 680(1991) y creó una Misión de la ONU, la MINURSO, con el explícito mandato de organizar el referéndum de autodeterminación que permita al pueblo del Sahara occidental elegir entre la independencia o la integración en la potencia ocupante así calificada por la resolución 3437 de la Asamblea general de la ONU.

Una esperanza de paz había nacido para la última colonia africana inscrita en la agenda de este Comité. El referéndum debería haberse celebrado seis meses a partir de la entrada en vigor el 6 de septiembre 1991 del alto el fuego entre las dos partes beligerantes.

El referéndum no se ha celebrado hasta ahora. Por qué? La respuesta es simple. No se celebró porque Marruecos, la potencia ocupante, decidió romper  con sus compromisos contraídos en virtud de su aceptación del  Plan de paz y tomó esta decisión cuando la ONU había finalizado la costosa operación de identificación de votantes. En una carta dirigida al SG de la ONU, de abril 2004, Marruecos anuncio que declaraba unilateralmente su soberanía sobre el Sahara occidental, considerando, y cito “que un referéndum que incluya la opción de independencia constituye una puesta en tela de juicio de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara”.

Evidentemente, el argumento es poco serio, porque como lo subrayó el entonces  Secretario general de la ONU, Kofi Annan en su informe  de Octubre 2004, y cito» Marruecos había aceptado ya la opción de la independencia» en el referéndum que la MINURSO iba a organizar.

A partir de esta volte -face, Marruecos decidió minar los esfuerzos descolonizadores de las Naciones Unidas. A partir de allí, todos los esfuerzos de la Comunidad internacional, de mediadores de la talla de James Baker y sucesores, actuando en el marco de las resoluciones pertinentes del Consejo de seguridad, han chocado con la actitud de intransigencia y de obstrucción de la potencia ocupante que sigue hoy su peligroso rumbo hacia el peor escenario.

En claro reflejo de ello, el rey de Marruecos dijo, el 6 de Noviembre 2015,  en su discurso a la nación con motivo del 40 aniversario de la invasión al Sahara occidental, y cito: “El Sahara permanecerá en Marruecos y Marruecos en el Sahara hasta el fin de los tiempos”. Evidentemente, potencias  mas fuertes habían  dicho más o menos lo mismo  acerca de sus colonias. Lo dijo Francia sobre Argelia. Lo dijo Portugal sobre Angola y Mozambique. Y lo había dicho España sobre Guinea Ecuatorial y sobre el Sahara occidental. Son testimonios que navegan contra la lógica de la Historia. Constituyen, sin embargo hoy, en pleno siglo XXI,  un desafortunado e inútil desafío a la Comunidad internacional y a los principios y resoluciones de la ONU que consideran innegociable el principio de la libre determinación de los pueblos sometidos a una colonización u ocupación extranjera. Es cierto e igualmente desafortunado que el Consejo de seguridad, garante de la integridad del Plan de paz de 1991 que dio razón de ser a la MINURSO siga evadiendo la responsabilidad que le incumbe en virtud del Plan de paz y de la Carta de la ONU y lo es tanto más cuanto que los recientes desarrollos conllevan un mensaje que significa que el peligro puede alcanzar el punto de no retorno. Están aquí varios Miembros de ese Consejo, Permanentes y No Permanentes.

Fuimos testigos, como lo fue toda la Comunidad internacional y sobre todo en África, de los enormes esfuerzos que hicieron para evitar que se llegue  a ese punto de no retorno. Esos esfuerzos fueron reflejados en el voto y en la explicación  del voto sobre la reciente resolución del Consejo des seguridad  2285. A ellos va nuestro agradecimiento.

Como es sabido, Sr. Presidente, Marruecos impidió en marzo pasado la visita del SG de la ONU a EL Aaiún donde se encuentra la sede de la MINURSO.  Aun así, Ban ki-moon pudo realizar las otras fases de su visita. Vio con sus propios ojos la realidad del pueblo saharaui tanto en en los campamentos de refugiados como en las zonas liberadas y declaro públicamente que esa realidad le había conmovido de manera  profunda. La realidad de un pueblo expulsado de su tierra por la fuerza de las armas de un ejército de ocupación, forzado a vivir e condiciones nada fáciles mientras su país es  expoliado y su población víctima  de una política de represión brutal documentada por la misma ONU y Organizaciones de derechos humanos en las zonas ocupadas no puede sino conmover la conciencia de todo demócrata y de todo Gobierno  amante de la paz. Utilizó el término “ocupación”. No es una sorpresa. La Asamblea general de la ONU en sus resoluciones 3437 y 3519 considera de manera explícita que estamos ante una “ocupación militar del Sahara occidental”. Es más, las dos resoluciones pidieron a Marruecos, y cito “poner fin a su ocupación del Sahara occidental”. Son hechos; son resoluciones de la ONU. Nadie esta inventando nada nuevo. No era un concepto nuevo pero fue el recurso al que Marruecos acudió como pretexto para desencadenar una campana denigrante contra la Institución del Secretario general de la ONU y justificar la ruptura final con el proceso de paz a fin de que “Marruecos permanezca en el Sahara hasta el fin de los tiempos”. Hasta el fin de los tiempos no son inventos de una prensa extraviada u hostil.. Es el discurso del propio rey de Marruecos. Lo que es más grave  fue que la campaña contra el Secretario general fuese seguida una semana después, el 14 de marzo, por la decisión de expulsar  a la componente civil y política de la MINURSO del Territorio no autónomo del Sahara occidental. Tras denigrar al Secretario general, declarar  al Enviado persona del SG, Embajador Ross, de persona no grata, Marruecos ha optado por desafiar al Consejo des seguridad. En su resolución 2285 (2016), el Consejo le ha dado un plazo de 90 días para que los contingentes de la MINURSO vuelvan a Sahara occidental. Hasta hora, Marruecos sigue dando la espalda a la voluntad unánime del Consejo.

Estos son los hechos resumidos de forma  muy breve, Sr. Presidente. Son hechos. No conjeturas o fabricaciones alucinantes. Ustedes fueron testigos. Mi intervención esta complementada por un background anexo a la misma.

Permítanme decir, a  modo de conclusión, que estamos ante un posible fracaso  de la Comunidad internacional, y de manera particular, del Consejo de seguridad en proteger  el proceso de descolonización de la última colonia africana en la agenda de este Comité. Si el Consejo de seguridad opta por aplicar la política de Poncio Pilatos, la Asamblea  general y en particular este Comité deben seguir asumiendo sus responsabilidades descolonizadoras.

Ahora bien, debemos ser claros y ser conscientes de las implicaciones de un posible fracaso de un proceso de paz en una región sometida a una larga y real amenaza de seguridad. El colapso probable  del proceso de paz en el que el pueblo saharaui había depositado  toda su confianza no puede desembocar sino en un escenario bélico, al retorno del punto de partida de 1975. Es decir, al conflicto abierto, a  la prolongación del sufrimiento de un pueblo inocente y a la agravación de la tensión en una región ya zarandeada por múltiples desafíos derivados de la conflictiva zona del llamado Sahel. El Frente Polisario no desea el retorno del conflicto armado. Conocemos  por experiencia y por la experiencia de otros pueblos que la guerra es la peor de las opciones para resolver un conflicto que puede y debe ser resuelto por la vía civilizada de la negociación honesta, transparente, fiel a los principios y resoluciones de la ONU en materia de descolonización. El Frente Polisario considera que hay margen todavía para que la ONU intensifique los esfuerzos para ahorrar a la región la espiral de  la confrontación.. Si el escenario de la confrontación se revela inevitable porque aquellos que pueden y deben desplegar esos esfuerzos deciden no hacerlo, en ese caso, asumiremos nuestras obligaciones en defensa del derecho de nuestro pueblo a la independencia.

Ante esta situación, el Comité especial esta llamado mas que nunca a asumir su responsabilidad. El silencio no es una opción. Estamos posiblemente en el cruce de caminos hacia una paz justa y duradera por medios pacíficos que la ONU propuso o hacia lo desconocido. A nuestro entender, el Comité ha sido creado para asegurar la descolonización y no debe ser empujado por vía activa o pasiva o intimidado por amenazas o neutralizado por la estrategia del ruido y de la confusión para desviarse de esta noble responsabilidad contraída  respecto la última colonia africana en su agenda.  En el tema específico del Sahara Occidental su posición es clara. En otras palabras, esta ante una cuestión de descolonización que debe resolverse mediante la aplicación del principio de autodeterminación en los términos definidos por la resolución 1514(XIX) y que dieron vida y razón de ser al Plan d arreglo que motivó el envío de la MINURSO. Esta posición debe ser mantenida y reiterada. De otro lado, El Comité ha enviado una Misión al Sahara occidental en mayo de 1975. Han pasado mas de 40 años. Es simplemente difícil de comprender que no haya enviado hasta ahora  otra misión y es difícil de comprender que sus informes y papeles de trabajo sobre el Sahara occidental se limiten a hacer un resumen insípido, inodoro e incoloro de los informes del Secretario general al Consejo de seguridad. Es la hora Sr. Presidente, Honorables Miembros del Comité de poner fin a esta anomalía. Finalmente, el Frente Polisario desea solicitar a este Comité una sesión especial dedicada al Sahara occidental.

Muchas gracias.


 

Mr President, Distinguished Delegates, and participants in the seminar,

My first words are to express gratitude to the esteemed Government of the Republic of Nicaragua for its demonstration of generosity and cooperation with the United Nations decolonisation efforts by hosting this seminar for the second time in Managua, in the homeland of Sandino.

I would also like to take this opportunity to congratulate the Ambassador of the Bolivarian Republic of Venezuela, Mr Rafael Ramirez, on his brilliant election as President of the Special Committee of 24. We also congratulate the Bureau that will support him in the noble task of advancing the objectives assigned to the Committee of 24 by the international community.

Mr President,

On this occasion, as on all the previous ones, the delegation of the Frente POLISARIO, as the legitimate representative of the people of Western Sahara, by virtue of the facts derived from its long struggle for national liberation and international legality, as stipulated in resolution 34/37 (1979) of the General Assembly, and subsequent resolutions, participates in this seminar with the aim of informing the Special Committee about the situation concerning Western Sahara. At the same time, we would like to convey a message of confidence in the Committee for the role that it must continue to play toward achieving the effective decolonisation of Western Sahara, the last African Non-Self-Governing Territory on the agenda of the Special Committee.

As is known, Mr President, we were a Spanish colony from 1884 to 1975, made such by the colonial partition enacted at the Berlin Conference of 1885 where European powers divided our continent, as they did, the Latin American continent, in a deal signed in Tordesillas four centuries before. The peoples of the two continents, through a long struggle for freedom, managed to break free from the colonial yoke, and together inspired the drafting of the famous resolution 1514 of December 1960, considered the Magna Carta for Decolonisation, which gave life to this Committee.

The Sahrawi people were not, and could not, be the exception to decolonization, and so began their legitimate struggle for national independence, first using peaceful means, and then, from 1973 by the only means available to them, the armed struggle under the leadership of the Frente POLISARIO. We had hoped that the colonial and administering power of Western Sahara, Spain, would fulfil its obligations toward decolonisation, as it had voluntarily assumed. These obligations had been defined through numerous resolutions of the UN General Assembly, as well as the opinion of the International Court of justice of 16 October 1975, and by the report of the visiting mission sent by this Committee to Western Sahara in May 1975.

Spain did not comply with its obligations. Instead, it offered our country and our people to two neighbouring countries, Morocco and Mauritania, who invaded, partitioned, and occupied our country under the so-called Madrid Accords of 14 November 1975. Nevertheless, in its letter of 26 February 1975, to the UN Secretary General, the Spanish Government considered that the “decolonisation of Western Sahara will not be valid until the Sahrawi people express their will in a valid way”.

The two invading countries had signed, three years earlier, independently of the UN and behind the Sahrawi people’s back, a top-secret agreement in June 1972 to divide the Territory, as revealed by the former President of Mauritania, Mokhtar Ould Daddah, in his recent book “La Mauritanie contre vents et marées” (Mauritania against winds and tides). The Spanish abandonment, and the Mauritanian-Moroccan joint invasion, sparked a brutal war against an unarmed people who were surprised by the events and the weak response of the United Nations. However, the determination of the Sahrawi people and the solidarity of our African continent and many nations, particularly in Latin America and the Caribbean, foiled the plans of the two invading countries. Mauritania withdrew from the war by virtue of the peace agreement signed with the Frente POLISARIO in August 1979, and in February 1984, formally recognised the Sahrawi Arab Democratic Republic, now a full member of the African Union.

After 16 years of bloody war, Morocco accepted the verdict of the facts, and the clear message of the international community contained in resolution 34/37 of the UN General Assembly and resolution 104 (XIX) of the 19th Summit of the Organisation of African Unity. It accepted the peace plan drawn up jointly in 1988 by the UN and the OAU, now the AU, based on the recognition of the right of the Sahrawi people to choose freely their future through a referendum of self-determination. The UN Security Council endorsed the plan in its resolutions 658 (1990) and 680 (1991), and established a UN mission, MINURSO, with the explicit mandate of holding a self-determination referendum to enable the people of Western Sahara to choose between independence and integration into the occupying power, as described by resolution 34/37 of the UN General Assembly.

A hope of peace was born for the last African colony on the agenda of this Committee. The referendum should have been held six months after the entry into force of the ceasefire between the two warring parties on 6 September 1991.

The referendum has not yet been held. Why? The answer is simple. Morocco, the occupying power, reneged on all its commitments made in conjunction with its acceptance of the peace plan, and did so at the same time as the UN completed the costly operation of voter identification. In a letter addressed to the UN Secretary General in April 2004, Morocco announced that it was unilaterally declaring its sovereignty over Western Sahara, considering that, and I quote “a referendum that would include the option of independence puts into question the sovereignty of Morocco over the Sahara” (unquote).

Obviously, the argument is not a serious one, because, as stressed by the then UN Secretary General, Kofi Annan, in his report of October 2004, and I quote “Morocco had already accepted the option of independence” (unquote) in the referendum that MINURSO was going to hold.

Since that volte-face, Morocco has been bent on undermining the decolonisation efforts of the United Nations. Subsequently, all efforts deployed by the international community, and by mediators of such calibre as James Baker and his successors, who were acting within the framework of the relevant Security Council resolutions, have clashed with the attitude of intransigence and obstructionism of the occupying power, whose actions continue to place us on a dangerous course toward the worst case scenario.

A clear demonstration of this is found in the address of the King of Morocco to his nation on 6 November 2015, on the 40th anniversary of their invasion of Western Sahara, when he said, and I quote: “The Sahara will remain in Morocco and Morocco in the Sahara until the end of time” (unquote).

Evidently, stronger powers had said more or less the same about their colonies. France said it about Algeria. Portugal said it about Angola and Mozambique. And Spain said it about Equatorial Guinea and Western Sahara. These are testimonies that go against the logic of history. And, today in the 21st century, such statements represent an unfortunate and futile challenge to the international community, and to the principles and resolutions of the UN that consider as non-negotiable, the principle of self-determination of peoples under colonisation or foreign occupation. It is true, and equally unfortunate that the Security Council, guarantor of the integrity of the Peace Plan of 1991, which gave MINURSO its raison dêtre, continues to evade its responsibility under the Peace Plan and the UN Charter, and all the more, given that recent developments indicate that the danger may reach a point of no return.

In this room, there are several permanent and non-permanent members of the Council. We witnessed, as did the African continent, and the entire international community, the enormous efforts made by some members of the Council to prevent us from reaching that point of no return. These efforts were reflected in their votes and explanation of votes on the recent Security Council resolution 2285. Our thanks go to them.

As is known, Mr President, last March, Morocco impeded the visit of the UN Secretary General to La Aaiún where the MINURSO headquarters are located. Nevertheless, Ban Ki-moon conducted the other phases of his visit to the region. He saw with his own eyes the situation of the Sahrawi people both in refugee camps and in the liberated zones, and stated publicly that that situation had touched him deeply.

It is the situation of a people expelled from their land by the force of arms of an army of occupation, forced to live in harsh conditions while their country’s resources is being plundered, and while its population in the occupied territories, remain victims of a policy of brutal repression, as documented by the UN and international human rights organisations. The situation is bound to touch the conscience of every democratic peace-loving government.

During the Secretary General’s visit to the region, he used the term occupation to describe the situation of the Sahrawi people. This is not a surprise. The UN General Assembly in its resolutions 34/37 and 35/19 explicitly considers the case to be a “military occupation of Western Sahara”. Moreover, the two resolutions called on Morocco, and I quote “to end its occupation of Western Sahara” (unquote). These are facts. These are UN resolutions. No one is inventing anything new. ‘Occupation’ was not a new concept, yet Morocco used it as a pretext to trigger a denigrating campaign against the institution of the UN Secretary-General, and to justify the final rupture of the political process so that “Morocco remains in the Sahara until the end of time”. The phrase “until the end of time” is not an invention of a stray or hostile press. These are the very words of the King of Morocco himself.

What is more serious is that the campaign against the Secretary-General was followed a week later, on 14 March, by the expulsion of MINURSO’s civilian and political component from the Non-Self-Governing Territory of Western Sahara. After slandering the Secretary-General, and declaring his Personal Envoy, Ambassador Ross, persona non grata, Morocco chose to challenge the Security Council. In its resolution 2285 (2016), the Council set a deadline of 90 days for the expelled MINURSO personnel to return to Western Sahara. Until now, Morocco has refused, and continues to turn its back on the unanimous will of the Council.

These are the facts summarised, Mr President. These are the facts; they are not mere speculations or fictions. You were witnesses to all of this. My statement is complemented by an enclosed background.

Allow me to say, in conclusion, that we are faced with a possible failure of the international community, and particularly that of the Security Council, to protect the process of decolonisation of the last African colony on the agenda of this Committee. If the Security Council chooses to apply the policy of Pontius Pilate, the General Assembly, and in particular this Committee, must continue to assume it’s responsibilities toward decolonisation.

Furthermore, we should be clearly aware of the implications of a possible failure of the political process in a region that is subject to long and actual security threats. The likely collapse of the political process, in which the Sahrawi people have placed all their trust, will lead only to a scenario of war, a return to the very starting point of 1975. This would mean the return of an open conflict, the prolonging of the suffering of an innocent people, and the aggravation of tension in a region already stricken by multiple challenges arising from the Sahel conflict zone.

The Frente POLISARIO does not want the return of armed conflict. We know from experience, and from the experience of other peoples, that war is the worst option to resolve a conflict, especially one that can and should be resolved by the civilised means of frank and transparent negotiations, consistent with UN principles and resolutions related to decolonisation. The Frente POLISARIO considers that there is still a room for the UN to intensify its efforts to spare the region from a spiral of confrontation. If however, confrontation becomes inevitable because those who are able and who should deploy all efforts to prevent such a scenario, decide not to do so, then, in that case, we will assume our obligations to defend the right of our people to independence.

In the face of this situation, we call on the Special Committee now more than ever, to assume its responsibility. Silence is not an option. We are at the crossroads, either towards a just and lasting peace to be negotiated under the auspices of the UN, or towards the unknown.

In our view, the Committee has been created to ensure decolonisation. Thus, the Committee must not be intimidated by threats, whether actively or passively, or neutralised by the strategy of those wanting to create noise and confusion to deviate from the noble responsibility that this Committee has undertaken with regard to the last African colony on its agenda.

Concerning the specific issue of Western Sahara, the position is clear. It is a decolonisation issue that must be resolved through the implementation of the principle of self-determination as defined by resolution 1514 (XIX) that gave life and rationale to the Settlement Plan, which led to the deployment of MINURSO. This position should be maintained and reiterated.

Moreover, the Committee sent a mission to Western Sahara in May 1975. This was more than 40 years ago. It is thus difficult to comprehend that the Committee has not sent another such mission up to now, and even more difficult to comprehend that its reports and working papers on Western Sahara are limited to second-hand, colourless, summaries of the reports of the Secretary-General to the Security Council. It is time, Mr President and honourable members of the Committee, to put an end to this anomaly. It is time to go back to Western Sahara, and undertake a first-hand account of the situation.

Finally, the Frente POLISARIO would kindly request that the Committee hold a special session dedicated to Western Sahara.

I thank you very much.

 

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