In Memoriam del  revolucionario chileno León Canales,  defensor de indígenas e indignados   

El cantautor chileno León Canales[1] falleció el 7 de octubre de 2012 pero seguirá viviendo en el corazón de todos los que bebimos de su rebeldía y conciencia social. Estuvo comprometido hasta la médula con la causa revolucionaria de América Latina, denunció sin tregua el capitalismo salvaje que aplasta a los oprimidos y apoyó sin descanso, hasta el último momento, a los indignados españoles.

Ahora que se cumple el tercer aniversario de su muerte, voy a hablaros de ese amigo que conocí en 1974 cuando el dictador Francisco Franco todavía no había estirado la pata. Nuestro primer encuentro se produjo en el legendario club nocturno de Madrid “El Rincón del Arte Nuevo”, donde deleitaba a su público con su guitarra y sus canciones, que siempre estallaban en un hermoso canto a la vida y a la revolución.

Este hombre bohemio y anarquista – que en uno de sus poemas se identifica con un toro de lidia que brama y alza su cornamenta ante las gradas, sin comprender el júbilo del público-, era humilde como una puesta de Sol y orgulloso como una tormenta, tenía el encanto del adolescente, la soledad de la estrella y la amargura del solitario.

Compartió escenarios con Víctor Jara en el Teatro del Pueblo, Inti illimani y Quilapayun. Cuando hablaba de su camarada asesinado, se le empapaban sus rabiosos y  salvajes ojos verdes. Nunca se cansaba de regalarnos, a petición nuestra, “Te recuerdo Amanda”, melodía que escuchábamos con devoción, añoranza y tristeza.

Por aquella época le invité a actuar en mi residencia universitaria de Madrid (en 1974 yo estudiaba periodismo), “El Colegio Mayor Juan Luis Vives”. En aquel escenario había que andarse todavía con cuidado, pues la  policía secreta del generalísimo seguía peinando “los rincones del diablo rojo”, con porra, esposas  y pistola en mano.

En las “catacumbas del franquismo” León iniciaba sus recitales con composiciones propias y con arreglos musicales de poemas de Pablo Neruda, García Lorca, Blas de Otero, Rafael Alberti o Goytisolo. Entre canción y canción, sorbo y sorbo de vino, pitillo y pitillo, contaba anécdotas, chistes, ridiculizaba a los dictadores. Y afirmaba que en este mundo “existe más de un dios, de aquel que gozas tú, de aquel que sufro yo”.

En el segundo quinquenio de la década de los setenta es aclamado en numerosos escenarios. Cuando en 1983 el socialista Enrique Tierno Galván (acérrimo defensor de la cultura popular) es elegido alcalde de la capital, León Canales le dedica una canción titulada “Un Madrid más Tierno con el profesor”. Es su época de oro.

También actúa en París, Estocolmo, Nueva Delhi (India), etc. y da charlas sobre música latinoamericana y folklore chileno en diversas universidades del mundo. Allí despliega su repertorio que incluye composición suyas de gran valor poético y artístico como: Una flor para tu pelo; La maratón de Madrid (de la que hablaré más adelante);  Patria Mía; Canto por Cantar; El Indio Mapuche y La Calavera de Cristóbal Colón.

En el año 1991, León Canales, ideólogo del partido INDIO de Madrid, toma con un grupo de indígenas la Catedral de Sevilla en protesta por el plan español de celebrar allí el V Centenario del Descubrimiento de América.

En el Café Comercial de Madrid[2], León Canales solía ocupar una mesa en un rincón  cercano a los ojos ventanas que observaban la Glorieta de Bilbao. En su mesa siempre había algún libro abierto y montañas de cuadernos. Allí solíamos charlar de casi todo e intercambiábamos conocimientos y experiencias[3]. El me habló, emocionado, del niño que no quería crecer de “El Tambor de Hojalata” de Günter Grass (León odiaba a los adultos sin ideales) y yo le regalé mi querido “Sinuhé, el egipcio” de Mika Waltari.

León Canales, hombre alto, corpulento, de negra y enmarañada cabellera de Gorgona, era anticlerical hasta los tuétanos, y defendía a muerte al Ché y la revolución cubana. Odiaba a Vargas Llosa, a quien llamaba el “lame culos de los norteamericanos”, y estaba muy esperanzado con el movimiento 15-M de la Puerta del Sol que catapultó a “los indignados”. Entabló amistad con la hermana de Ché, Cecilia Guevara de la Serna.

Escribió ensayos, poemas, obras de teatro, novelas (la mayoría inéditas). A mí me habló con entusiasmo de una de ellas “¿Por qué maté a John Lennon?”, en la que da una versión muy personal del asesinato del “beatle”. Otros títulos suyos son: “Las Flores del Canto”; “La Confesión de Rimbaud”; “El Día del Primer Amanecer”; “Jiwasa”, etc.

Dos poemas suyos – que musicalizó y cantó en sus recitales- tuvieron una marcada influencia en algunos pasajes de mi trilogía: “El Robot que Amaba a Platón”. Me refiero al ya citado “La Maratón de Madrid” y a otro, -no recuerdo el título-, que empezaba así “Te recuerdo bebiéndote a besos juntos al vino”. Me explicó que el primero trata de un hombre que no corre la maratón para ganar, porque odia la competencia, sino “porque está enamorado de una mujer” y, si triunfa, se “subirá al podio de sus besos”.

“La Maratón” me inspiró un capítulo del primer libro de mi trilogía, “El robot, Grecia” en el que el protagonista, un humanoide llamado Fritz, (contemporáneo de Platón) participa en una carrera de los Juegos Olímpicos con el sueño de ganar para besar a la diosa Afrodita, de la que está profundamente enamorado, pues ese era el premio del  vencedor.

El segundo poema lo utilizo, con mínimas variaciones, en el segundo volumen (Egipto). El robot, -recordando unos versos de “un amigo griego” llamado León-, dice al rememorar su pasado: Te recuerdo bebiéndote a besos junto al vino/la guitarra y el canto desesperadamente/ en el patio de la infancia/ qué será de los nuestros/ de los amaneceres vacíos/ de las noches sin fin. 

Cuando se dio la espalda a los cantautores y la sociedad española se atolondró con la casta, la especulación y Bancaraña, León fue desahuciado de su pisito de 30 metros cuadrados ubicado en la madrileña plaza de Malasaña. Se retiró a un pueblito de Ávila donde vivió como un monje. Seguro que alguien todavía recuerda en Chile su programa infantil del Canal 9 “Bartolo Lara”. ¡Viva León y su rugido!

Javier Cortines
http://www.nilo-homerico.es/

 

 

Notas:

[1] León nació en Santiago de Chile en 1936 y  falleció el 7 de octubre de 2012, a los 75 años de edad, en   la ciudad española de León  Durante el golpe de Estado del general Pinochet (1973), financiado  por el gobierno del presidente norteamericano Richard Nixon, el cantautor se encontraba en Londres. Se exilió  en España (Madrid). Siempre tuvo en su memoria el legado de Salvador Allende y su suicidio.

[2] http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Las-campanas-ya-no-doblan-ahora-se

[3] Mi relación con él duró más de tres décadas -aunque interrumpidas-, ya que yo pasaba largas temporadas en el extranjero trabajando como corresponsal de la Agencia EFE.

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