Honduras: Expresión de Libertad en la dictadura
por Ricardo Ellner (Honduras)
10 años atrás 10 min lectura
¡Ha desaparecido! lo han anunciado desde la tarde de ayer. Las autoridades llaman al silencio para “no entorpecer” las investigaciones, con el argumento de que los medios no entreguen pistas a los hechores. En más acontecimientos, se destaca el cierre de una radiofusora; el asesinato de otro comunicador y el fustigamiento para periodistas que develan actos de corrupción de los raptores del Estado.
En Honduras no hay justicia por las y los 58 comunicadores asesinados en los últimos cinco años. En respuesta un 96% de impunidad, persecución política a disidentes y profundización de la corrupción en las instituciones del Estado; la tradición de las y los políticos se mantiene firme en el detrimento social de las mayorías.
Hace ya seis años a las cinco treinta de la mañana, se anunció un Golpe de Estado cívico, político y militar. El pueblo se auto convocó a las calles para exigir el respeto a la democracia y evitar más violentaciones a la Constitución de la República. Un nuevo episodio que define su proyecto económico y social a través del temor y el silencio se comenzó a redactar en el país, a las luces de las banderas del centenario bipartidismo político tradicional de Nacionalistas y Liberales, de esas banderas que ahora ya son una sola con una solitaria estrella arropada de las sábanas rojiblancas que acicalan la corrupción y los máximos niveles de impunidad.
Los caminos de la resistencia popular resultan un texto extraordinario que vuelca los ojos del internacionalismo a la lucha de las mayorías, que al paralelo de esas pupilas, con sangre tiñen la expresión de libertad y encausan los lamentos que se convierten en los pilotes de la dictadura. ¡Desaparece otro comunicador! nadie encuentra su cuerpo; los medios masivos prefieren llenar sus portales -ante la admiración y asombro de todas y todos por el papel de los genocidas- con falacias y novelescas versiones de que la paz y la democracia imperan en plena convulsión social.
El Nacionalismo servil a la embajada de los Estados Unidos ha quedado sin vigilancia. La unidad nacional retorna de la llanura. Las redes sociales comunican un nuevo asesinato de otro comunicador social; febrero 2010 abre el telón a un escenario de baños consecutivos de sangre. Marzo deja 5 asesinatos más en el campo de las comunicaciones: la expresión se cae a pedazos. En el resto del año, seis personas más vinculadas a los medios de comunicación se suman a la lista de impunidad. Sumaban 12 homicidios en total en el primer año de la entronización del nuevo régimen.
La tempestad continuó azotando al país. La población en las calles se mantenía en exigencia permanente de su legítimo derecho a vivir en democracia y el retorno de los expatriados. El comandante en jefe anunció su retorno y con él, todo el apoyo decidido de la mayoría de jefes de Estado de la Gran América. La prensa hegemónica acalla sobre el poder popular y, quienes deciden denunciar, son acallados por el Estado. Siguió el rojo martirizando al negro que en conjunción obedecen a la sed de la expresión de libertad.
El año once ha llegado inclemente, y en el transcurso, muchos sueños que quedaron sin cumplir. El agua ha sido substituida por la linfa y el plasma para irrigar el territorio. ¡Luz Marina ha sido asesinada con arma de fuego! y su caso sigue impune. Era la víctima 20 en las comunicaciones que araba el terreno del miedo, el autoritarismo, la censura y del fascismo. Libertarios y condenados han perdido por medio de la tiranía su piedra anular de participación ciudadana ante el control autoritario del poder político y militar.
Extra: ¡Estudiante de periodismo es aniquilada! comenzaba su carrera en los medios. La policía indica que no pueden revelar la información de las investigaciones, pero arrojan el dato, de que pudo ser un tema en venganza a su pareja y no por el acto de corrupción que develó en su medio. Los media hegemónicos, sin pensarlo dos veces, aplican el manual distorsionador y se lanzan por todas sus vías a entretener la demanda con su trolera oferta.
En las portadas de los medios los y las colegas que van cayendo son primero novias, transeúntes despistados o simples víctimas de la mala suerte de vivir en las ciudades más peligrosas del planeta. Decir periodistas asesinados suena poco a democracia y no es conveniente.
Así arrancaba el segundo año en la segunda década del XXI. A la mitad del año, suma el repudiado asesinato 24 en el rubro de las comunicaciones. Del camino amarillo a las calles capitalinas. Los amigos, por sus convicciones de lucha popular y denuncia permanente de la dictadura comenzaban a desaparecer y los hegemónicos se encargaban de reproducir las bolas de humo ofrecidas por el oficialismo con sus fútiles investigaciones.
A los 13 días del asesinato, los medios llenan sus portadas anunciando otro homicidio. La “N más grande” pierde a su director de noticias, HRN voz suprema del periodismo nacional también sabia sangrar. Excusa perfecta para que el verde olivo comenzara a rechinar sus botas para volcarse a las calles y compartir los roles de seguridad ciudadana como nueva política de seguridad nacional. Las fronteras quedaron abandonadas y la policía -en la mirilla de una campaña mediática- para legitimar el proceso de remilitarización. En dos años 29 comunicadores asesinados.
La voz del Estado, que de boina militar se erigía entonces, era la única voz, eliminando cualquier disenso que pudiera cuestionar o contradecir el discurso oficial. El llamado a la autocensura es desde entonces una política transicional al temor y en consecuencia, a la resignación.
En el año 13, las elecciones generales tiñen el escenario. Las fuerzas populares animaban a las mayorías que sobrevivían a los castigos de la dictadura protegida por el imperio estadounidense, mientras la crónica entregaba en sus páginas un nuevo asesinato de un comunicador que quedaría adormitado en la impunidad. La propuesta –de la solitaria estrella blanca en la azul bandera Nacionalista- clamaba con fuerza la legitimación social de enquistar al verde olivo como la posibilidad para terminar con la ola de violencia. Mientras, la prensa nacional anunciaba otro y otro asesinatos en contra de los periodistas que se denunciaban, alejados del discurso oficial.
La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento a medios alternativos, el asesinato de colegas, parafraseando a Rodolfo Walsh, son algunos de los acontecimientos que obligan a transcribir cada expresión de libertad que ha sido acallada de la forma más violenta en el territorio a complicidad de un gobierno que se ha negado a reconocer el dolor de todo un pueblo que clama justicia. Los medios de comunicación han sido cruentamente violados en su Libertad de Expresión. Morir o las sentencias carcelarias, son la respuesta que el oficialismo entrega a la libre emisión del pensamiento.
Convertido entonces, el país más violento del mundo, con una clara guerra de parte de los gobernantes hacia las amplias mayorías, los redoblantes marciales se escuchaban como propuestas visibles para una vida mejor. Al pasar las jornadas y el achicamiento al 24N día de las elecciones presidenciales, del esperado reset democrático las redes sociales estaballan preguntando por el cuerpo de otro comunicador; su destino un nuevo asesinato bajo las sábanas del olvido.
Un arma de fuego, según vecinos, militar, le quitaba la vida al comunicador 35 en el lapso de tres años. Los masivos ocultaban las investigaciones mientras la policía ya se tornaba oliva, al tiempo que aseguraba que era un ajuste de cuentas, mientras los pilotes de la dictadura aparecían en el cotidiano listo para naturalizarse vestida de democracia.
El escenario estaba servido. Un nuevo fraude electoral llegó a la realidad. El poder fáctico se oponía al cambio paradigmático y el pueblo se quedaba, mediante el miedo y bala, robado de su voz. La oligarquía con la venia imperialista, decidió imponer un sucesor con anhelos militares, muy obediente, con el fin individualista de llenar sus arcas y cumplir con los recetarios impuestos por las multilaterales de crédito.
La injerencia militar con bajada de línea desde Washington era plausible en los primeros días de la autodenominada administración de la vida mejor. A cinco días de estrenar la presidencial, las planas de los diarios denunciaban ¡nuevo asesinato a comunicador social!
Nuevamente la población aseguraba que se trató de un hecho ejecutado de parte del verde olivo que se disfraza de policía. El proyecto de censura y cercenamiento de la libertad de expresión seguía de manifiesto, mientras el pueblo seguía sin reconocer al administrador de la dictadura. Dos meses más tarde, otro periodista es asesinado por disentir abiertamente del dictador. Ya sumaban 39 asesinatos.
En ese contexto de aislamiento y parálisis para la Expresión de Libertad, el amordazamiento de la prensa y la estrategia de ocultamiento y desinformación instrumentada por la dictadura sigue a pies juntillas los designios del militarismo y el terror en pleno Siglo XXI.
Como prueba de ello, llegaban en los primeros 100 días de usurpación otro asesinato más de un comunicador en el occidente del país. Y así, cada mes era asesinado uno o dos comunicadores a nivel nacional, como programa de política pública en expansión territorial. Al final del subsiguiente año a las elecciones, es decir de 2014, las escalofriantes cifras marcaban 45 personas asesinadas con vínculos a los medios de comunicación. Según las investigaciones de las autoridades, el 91% de los casos, fueron ultimados con arma de fuego, dos con arma blanca, dos estrangulados y uno que se desconoce el tipo de arma que usaron para quitarle la vida.
A mitad de segundo decenio del XXI, hemos sido muchas y muchos los expulsados de los medios de comunicación por no agachar la cabeza y mentirle al pueblo. Hemos reafirmado el compromiso bajo los principios de la verdad y con ello, la consecuencia en el intento de ser acallados. El relato del Estado ya no tiene como prioridad producir verosimilitud, sino terror y es por ello que en la mirilla hoy tiene al comunicador y director de la emisora de las noticias del pueblo hondureño, Radio y TV Globo que se atrevió en el valiente abril del 15 a llamar ladrones a quien lo son y a mostrar los cheques con los que se pagaron el fraude electoral y la imposición.
En los últimos seis años, la realidad en Honduras es una narración de muerte que registra a más de 5 mil niños, niñas y jóvenes asesinados. Más de 4 mil mujeres aniquiladas. Más de 500 campesinos acribillados. Más de 110 defensores de derechos humanos y abogados masacrados. Más de 50 mil personas asesinadas desde el quebranto democrático que arrojan un promedio de 85.5 asesinatos por cada cien mil habitantes. Un verdadero cementerio a los ojos de las naciones en pleno Siglo XXI.
Los escenarios en contra del pueblo deben ser develados, denunciados permanentemente y no ocultados como se obliga, ya sea por el terror o el silencio eterno que provoca el gobierno. A la fecha, a los tres cuartos del año 15, son ya 58 comunicadoras y comunicadores que han sido asesinados, y como cómplice directo, el mutismo del proyecto dictatorial. La eficacia y eficiencia de la justicia reporta un 96% de impunidad.
La expresión de libertad, la sostenemos a pesar del oprobio que proponen, es un derecho fundamental imprescindible para el ejercicio y la protección de las demás libertades, así como indivisible de los demás derechos. Sin la libertad de expresión y sin posibilidad de acceso a la información no se puede participar en el debate nacional sobre la política económica y social ni obtener la información imprescindible para proteger a las mayorías, en síntesis la expresión de libertad fallece.
Sin libertad de palabra es imposible pronunciarse abiertamente contra violaciones de derechos fundamentales como la tortura, las desapariciones o las ejecuciones extrajudiciales. Hoy por estas letras, podrán acallar con el sueño eterno, pero jamás se silenciará la denuncia universal ante la tiranía fascista y dictatorial que hace sucumbir a nuestros dignos pueblos.
– El autor, Ricardo Ellner, es periodista
@r_ellner
ricardo.ellner@yahoo.com
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