¿Descentralización o feudalismo en Chile?

Se acostumbra a decir que Chile es un país centralista y presidencialista, que todo se decide en Santiago y, especialmente, desde La Moneda. El movimiento regionalista así lo ha pregonado desde hace décadas y el reciente Informe de la Comisión Presidencial en descentralización lo reitera. Pero la realidad socio-política es muchas veces más compleja y se niega a ser reducida a un concepto monolítico. Eso lo sabemos muy bien quienes vemos la cotidianeidad de cómo funcionan en los hechos algunas de nuestras regiones.

¿Quién podría sostener, sin ruborizarse frente a los ciudadanos de Rancagua, que su Intendenta Regional fue directamente nominada y sigue sólo las directrices de la Presidenta Bachelet, sin dejar de consultar o escuchar periódicamente a su senador?

¿O que JP Letelier no tiene nada que ver en las designaciones de cargos en las Seremías de O´Higgins y que es una mera casualidad la cercanía de los militantes socialistas con el senador?

Y en Los Ríos, ¿acaso  De Urresti no ha sido el artífice de la llegada del Intendente Montecinos, más allá de sus indudables méritos académicos?

Quién se lleva los palmares es Tarapacá, quién otro que el Senador Rossi para colocar a su hombre de confianza en la Intendencia, contra viento y marea de su inexperiencia y problemáticos antecedentes, y lograr mantenerlo cuando es imputado por corrupción pública. O ¿Alguien podría afirmar que las principales Seremías y direcciones de servicio de Tarapacá las decidieron los ministros del ramo y no el senador socialista?

Por cierto aquellos Intendentes que fueron nominados efectivamente por encargo presidencial, como el caso de Huenchumilla en La Araucanía, es decir, “sin especial consideración” para el senador oficialista, experimentan hoy el “fuego amigo”.

El presidencialismo efectivo se vive en las regiones que importan más a La Moneda que otras. Ya sea por su peso demográfico y electoral, importancia política (como la Araucanía, por el conflicto mapuche) o peso económico (como Antofagasta).

Allí el Estado nacional “invierte” recursos y dedicación política. En cambio en las “regiones no prioritarias” como Tarapacá, O’Higgins y Los Ríos se genera un “vacío atencional”, que las deja libradas a la estatura del senador oficialista, en algunos casos verdaderos señores feudales.

Ello se exacerba cuando las regiones del país no son dirigidas desde la Subsecretaría de Desarrollo Regional (SUBDERE), instancia natural de gestión y desarrollo, sino desde la Subsecretaria del Interior donde el cálculo político partidista es única prioridad, como actualmente acontece.

En este escenario la ansiada descentralización en regiones como las mencionadas, se transforma en un mero discurso para encubrir el afán de aprovechar su manto legitimador, para en la realidad tomar las decisiones senatoriales orientadas a su mantención en el cargo y su proyección nacional. Por ello, para estos nuevos señores feudales, nunca las regiones estarán preparadas para una descentralización verdadera, aquella que viene de la mano de la democratización territorial y la meritocracia, que conjuga participación ciudadana y calidad en la toma de decisiones. Para ellos, es mejor tener una clase política regional “rasca” que nuevos liderazgos regionales.

La autora, Alejandra Huerta, es periodista chilena

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