El coronel y los visitadores

No hay caso: la UDI no se puede despegar de su devoción por la dictadura, pues apenas llegado el ex coronel Cristián Labbé al regimiento de telecomunicaciones, en Peñalolén, la directiva de ese partido, presidida por Ernesto Silva, se apersonó en el lugar para testimoniarle su solidaridad – que sería comprensible -, sino también para criticar a la justicia sosteniendo, nada menos, que en Chile no había igualdad ante la ley, pues se perseguía, injustamente, a los militares violadores de los derechos humanos – digo yo-, aprovechando la presencia de los periodistas de los distintos medios de comunicación para seguir culpando a la Nueva Mayoría, en especial al Partido Comunista, de la implacable persecución en su contra – al parecer, la UDI padece de crisis de pánico y paranoia -.

Lo cabe ninguna duda de que la UDI es, hasta hoy, el principal partido de la derecha chilena, rol que ha crecido gracias a la balcanización de Renovación Nacional, cuyos militantes se han disgregado en distintos grupúsculos – Evópoli, Amplitud y lo que resta de Renovación Nacional -. A diferencia de sus congéneres de la derecha europea y latinoamericana, la Unión Demócrata Independiente ha sido incapaz, durante sus treinta años de existencia, de establecer, de una vez por todas, una ruptura con la herencia dictatorial; si alguna vez se pensó en que la actual directiva, con militantes que no participaron en el golpe de Estado, se alejaría del funesto legado de Augusto Pinochet y Jaime Guzmán, la visita al ex alcalde de Providencia lo desmiente perentoriamente.

El Partido Popular español, fundado por Manuel Fraga, ex ministro del general Francisco Franco, ha sabido apartarse del franquismo, aun cuando resten algunos resabios de esa dictadura, incluso, hasta la ultraderecha francesa, El Frente Nacional Francés, fundado por Jean Marie Le Pen y dirigida actualmente por su hija Marine, para ganar votos con miras a las próximas elecciones, sobre todo los de las clases populares, ha cambiado radicalmente su discurso, defendiendo, entre otros tópicos, la educación laica – lo que parece bastante ridículo para un partido político que otrora desfilaba ante Juana de Arco -. La anécdota contada por Marco Enríquez-Ominami, sobre la visita a Chile de una delegación de la ultraderecha francesa, que le pidió a su embajador que los conectara con sus pares chilenos, terminó con una reconvención de esa delegación francesa a su representante diplomático aduciendo “cómo podría haberlos conectado con personajes tan reaccionarios”; este episodio retrata mucho mejor que cualquier texto el inmovilismo de la UDI y la ridiculez de la derecha chilena, que adopta posiciones tan reaccionarias que no se dan en ninguna parte del mundo.

Que la UDI cuente entre sus filas a su “capellán” John O´Reilly, a su Penta-financista, Juan Carlos Délano y, ahora, a su milico torturador, Cristián Labbé, no significa que esté en crisis terminal, pues los partidos políticos, como lo prueba la historia, en raras ocasiones perecen por muerte súbita. Pienso que la UDI, lo mismo que Democracia Cristiana, vivirán un largo proceso de descomposición que, en el caso chileno, va a la par con la actual crisis de legitimidad.

Es muy difícil para las castas en el poder aceptar que sus líderes financieros, religiosos y militares tengan que ser juzgados como cualquier “rotito” de barrio; como se pudo constatar, en el Velasco, “su casa no puede ser allanada”, pues este procedimiento sólo se usa en nuestras poblaciones marginales; por otra parte, tampoco los delincuentes de cuello y corbata, los curas con prerrogativas y los milicos deben ir a cárceles comunes, sino a lugares privilegiados como regimientos o conventos o salas de clase, donde se impartan cátedras de moral.

“Los visitadores” no pudieron ser más descriteriados, demostrando la desesperación de este partido fascista ante el desfile de sus más importantes militantes por los pasillos de los Tribunales de Justicia.

21/10/2014

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