Carta enviada por la «Comunidad de Villa Baviera» a la opinión pública

DECLARACIóN PúBLICA
A NUESTROS CONCIUDADANOS EN CHILE Y EN ALEMANIA

A partir de la fuga del país de Paul Schaefer y de su posterior aprehensión por parte de las autoridades, empezó entre los habitantes de Villa Baviera un difícil y agudo proceso que ha tenido por objeto: averiguar la verdad de los hechos que sucedieron en nuestra comunidad a lo largo del tiempo; precisar cual fue la causa de tan dolorosos sucesos; alcanzar una convivencia pacífica y el perdón recíproco entre los habitantes de Villa Baviera; y trabajar por insertarnos en la normalidad y tolerancia que conforman la vida de la comunidad chilena.

Hoy los habitantes de Villa Baviera (ex Colonia Dignidad) queremos tomar posición respecto a nuestro pasado, reconocer nuestro presente y hacernos cargo de nuestro futuro. Como hechos que considerábamos rumores o calumnias resultaron ser verdaderos, creemos que ha llegado el momento de dialogar sinceramente con el mundo que nos rodea, principalmente en Chile y en Alemania, y buscar los caminos para asumir nuestras responsabilidades y trabajar por el perdón de aquellos a quienes hemos dañado u ofendido.

Por tanto, declaramos:

1. Nuestra comunidad ha existido en Chile, con su centro en Villa Baviera, en la Comuna de Parral, por más de cuatro décadas. En ese periodo realizamos muchas y buenas obras materiales y participamos en acciones de bien para nosotros y para las comunidades chilenas vecinas. Hoy sabemos que, independientemente de las buenas intenciones de la gran mayoría, también fuimos víctimas de grandes males contra de nosotros mismos, de niños nuestros y de niños ajenos, y se victimizó a personas externas con las que no teníamos ninguna vinculación y sobre las que no teníamos tampoco ningún derecho.

2. Desde que nos liberamos de la dominación de Paul Schaefer, hemos comprendido que nuestra comunidad vivió su fe religiosa como secta hermética, que aceptó la transformación de la personalidad de sus miembros, con la consecuente incapacidad de tomar decisiones propias, contrarias a los designios de aquel que se erigió como único líder.

3. El grupo de inmigrantes alemanes que ingresó a Chile en 1961, junto a Paul Schaefer, había vivido la guerra, sufrido la destrucción de su sociedad nacional y el aparente fracaso de muchos valores inmanentes de la humanidad. Todo ello llevó a muchos seres humamos a abrirse a la reflexión y a la fe. Entre ellos, nuestros fundadores reconocieron con sincera convicción una meta nueva en el servicio al prójimo y en la ayuda solidaria a los necesitados. Ese fue el principal sentido de su emigración, para la cual entregaron todos sus bienes.

4. Instalados y junto con las primeras construcciones, iniciamos la ayuda médica y material al campesinado de los alrededores. Las restricciones materiales y personales exigidas por la necesidad de esa construcción inicial, nos parecieron coherentes con la vocación de servicio y sacrificio. Desdichadamente, ellas favorecieron la dictadura de una sola persona quien, además, instrumentalizó nuestra religión y logró ser aceptado por todos nosotros como espiritualmente superior.

5. A poco andar y mediante la confesión de pecados únicamente ante él, Schaefer obtuvo un conocimiento exacto de cada uno de nosotros, lo que aprovechó como medio de dominación de la comunidad, aunque siempre presentó nuestra vida en común como una entrega por la causa de Dios, y nosotros así lo creímos. Además, aislándonos del mundo exterior y obligándonos a cortar relaciones con nuestras familias y parientes, pudo establecer un poder absoluto. Cualquier crítica proveniente del exterior, chileno a alemán, siempre fue rechazada como envidia, malicia o persecución por nuestra fe. Así nos convencimos de que éramos no sólo los buenos, sino que los exclusivamente correctos.

6. Todos aceptamos a Paul Schaefer en su obsesión por la pureza moral y especialmente en la protección juventud contra tentaciones sexuales. Las críticas de Schaefer contra el matrimonio crearon principalmente en la juventud la convicción de que tal institución era pecaminosa y sus obsesiones llegaron al punto en la que las mujeres encinta fueron obligadas a evitar contacto con los demás y quedar aisladas dentro o fuera del predio hasta el parto. La exageración de una moral aparentemente tan estricta fue, sin embargo, el muro de protección detrás del cual Schaefer cultivó su perversión. Entre los niños, los propios hijos, para quienes él era la única y exclusiva autoridad, eligió a sus víctimas de modo que ningún adulto tuvo conocimiento de sus abusos deshonestos. A los niños, mantenidos en total ignorancia del sexo, los obligó a no contar a nadie lo que les sucedía, ni entendieron lo que Schaefer les hacía, confundiendo sus perversiones con muestras de especial cariño de parte de ese ídolo en que él se había constituido.

7. A poco de nacer, los niños fueron separados de sus padres e integrados pronto a grupos de infantes separados por sexo. Las madres quedaban así libres para el trabajo y, al mismo tiempo, se impedían los vínculos estrechos entre madre e hijo. Los niños no llegaron a reconocer a sus padres ni a sus propios hermanos. Aún hoy, muchos padres no comprenden como pudieron aceptar la renuncia a su responsabilidad para con sus hijos. De esta debilidad se han seguido daños todavía no resueltos. Hoy día, después de reconstruir las familias, muchos cargan con sentimientos de culpa por haber entregado su rol como padres.

8. Al desintegrarse los lazos familiares e impedirse las relaciones entre personas de diferentes sexos, Schaefer surgió como la única fuente de amor o afecto y, por lo mismo, el ideal para todos era ser distinguidos por él y ser favorecidos con sus palabras y gestos amables. Por el contrario, disgustar a Schaefer representaba, a parte de brutales castigos y del desprecio de toda la comunidad, la pérdida del favor del único dispensador de afecto en la Villa.

9. De manera similar se llevó a cabo la realización de otros ilícitos, en los que algunos de nosotros, incapaces de resistir, nos vimos arrastrados. El sistema de vida así creado le permitió a Schaefer el más absoluto control, al punto que, para la defensa de imaginarias agresiones del exterior, de supuestos enemigos políticos y de la fe, dotó a la Villa de gran cantidad de equipos, armas y explosivos, alimentando en nosotros una falsa necesidad de defensa.

10. Toda esta equivocada forma de vida y la opresión creada y controlada por Schaefer, significó el atropello práctico de todos los derechos y obligaciones que la Constitución chilena y los Pactos Internacionales reconocen a los seres humanos. Así unos se convirtieron en esclavos de Schaefer, verdaderos autómatas atentos solo a obedecer sus órdenes, a trabajar sin descanso ni horario, y a no disgustarlo. A otros, por seducción sectaria, les determinaba su voluntad por completo, así que le seguían por plena convicción.

11. Todo aquel que fue descalificado por Paul Schaefer fue visto también por la gran mayoría como una persona indigna, de segunda clase, y esta valoración, lamentablemente, ha traido graves secuelas pasivas y activas hasta la fecha. Más aún, los que desobedecieron las órdenes o disintieron en lo más mínimo fueron objeto de atroces castigos, y aun de torturas. Se les suministraron, además, altas dosis de tranquilizantes, se les aplicaron electrochoques, y se les aisló de los demás por periodos prolongados de tiempo, incluso años. De esta forma, Schaefer anuló nuestra personalidad, eliminó cualquier pensamiento de rebelión y tuvo a su disposición personas que solo pensaban en sobrevivir, no disgustando al líder omnisciente, siempre vigilante y listo para castigar nuestros errores. Hoy día vemos claramente su personalidad ambigua, por un lado sabía convencer con simpatía y por otro castigaba en forma sádica.

12. Según las informaciones que hoy saltan a la luz, después del golpe militar Schaefer colaboró activamente en la represión de opositores políticos. El facilitó nuestra Villa para la detención y opresión de personas perseguidas por el régimen, cometiéndose dentro de ella horribles actos. Anteriormente estábamos convencidos de que estas acusaciones eran calumnias, pues el sistema de control compartimentado, ideado por Schaefer, mantuvo a la gente con el mínimo de información y prácticamente en la ignorancia de los sucesos que acontecían en la Villa.

13. Nos damos cuenta ahora de que se han cometido graves delitos, cuyo esclarecimiento definitivo esperamos de la justicia, con la que queremos colaborar en la medida de nuestras fuerzas y de nuestros conocimientos. Comprendemos y respetamos la pena y dolor de todas las personas que sufrieron, después de septiembre de 1973, la pérdida de parientes cercanos, y especialmente de aquéllas que todavía se encuentran en la incertidumbre sobre el destino de sus seres queridos.

14. Lamentamos que el sincero esfuerzo de nosotros por hacer el bien a través del Hospital, en el que nos esforzamos cuidando día y noche de los niños y adultos enfermos, llegados de los alrededores y de lugares muy apartados de la Cordillera, haya sido utilizado también como una pantalla por Paul Schaefer. Nuestro Hospital fue también el lugar en el que se transgredieron nuestros propios derechos humanos, sometiéndonos a toda suerte de apremios para dominar lo que quedaba de nuestra autonomía y voluntad.

15. Fuimos engañados y utilizados por Paul Schaefer y en ese engaño y utilización nos hicimos daño a nosotros y a nuestras familias. Cargaremos con la culpa de no habernos rebelado frente al líder despótico; y con la culpa de que en nuestro predio se detuvo ilegalmente a personas, algunas de las cuales habrían sido ultimadas y cuyos cadáveres han desaparecido.

16. Como miembros de esta comunidad conformada por ciudadanos alemanes y chilenos, queremos esforzarnos para tener la oportunidad de ser perdonados y de reinsertarnos en la sociedad chilena. Reconocemos y agradecemos los esfuerzos que las autoridades de Chile y Alemania hacen con ese propósito. Queremos demostrar que somos gente de paz y trabajo, y aspiramos también a tener la oportunidad de trabajar por el bien de nuestras familias y de nuestros trabajadores.

17. Estamos dispuestos a colaborar, para así disminuir los sufrimientos que hemos causado a otros y a nosotros, para que en Villa Baviera nunca más ocurran los horrores del pasado.

Comunidad de Villa Baviera en las comunas de Parral y Bulnes,
Abril de 2006
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