El represor y la patrulla perdida de los Montoneros
Merced al descubrimiento de los Archivos del Terror por Martín Almada, hoy tengo en mis manos un documento que permite desempolvar la memoria, el verdadero cementerio como la llamaba Rodolfo Walsh, y transportarse en el tiempo a esos años sangrientos en que se moría perseguido, en la oscuridad. Está fechado el 16 de mayo de 1977, y consigna hechos acaecidos a las 16 y 34 horas de ese día.
La muerte civil
Estoy confuso… no entiendo nada… ¡Todo el mundo me ve, los conocidos me saludan con un HOLA , ¿CÓMO ESTAS? Y yo me pregunto ¿A quien saludan? No puede ser a mi, ya que yo ¡ESTOY MUERTO! No existo porque un pedazo de papel llamado DICOM así lo acredita. No tengo acceso a la vida, que es el trabajo… No accedo a ninguna de las “maravillas” que este mundo globalizado le brinda a los privilegiados que no han recibido, todavía, su certificado de defunción….
La militarización de las periferias urbanas
Las publicaciones dedicadas al pensamiento militar, así como los análisis de los organismos financieros, dedican en los últimos años amplios espacios a abordar los desafíos que presentan las pandillas, y a debatir los nuevos problemas que plantea la guerra urbana. Los conceptos de "guerra asimétrica" y de "guerra de cuarta generación" son respuestas a problemas idénticos a los que plantean las periferias urbanas del tercer mundo: el nacimiento de un tipo de guerra contra enemigos no estatales, en el que la superioridad militar no juega un papel decisivo.
Los ácratas chilenos a comienzos del siglo XX
Acabo de leer el libro Anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de una idea en Chile, 1893-1915, de Sergio Grez, Lom, 2007. Según este historiador, los ácratas chilenos aparecieron como un fantasma en los discursos de la élite chilena: eran agitadores peligrosos que movilizaron a una masa obrera tranquila y feliz.
La historiografía clásica fascista o los olvidó o los vilipendió. El tratamiento de la historia de los anarquistas chilenos fluctúa entre el rechazo y la apología.
Otro Ejemplo de la Bestialidad Militar
Entre este grupo de hienas, en Calama, destacan dos: el capellán Luis Jorquera Molina, "que se encargó de engañar a los familiares diciéndoles que se desconocía el paradero de los cuerpos y que los prisioneros fueron ejecutados al intentar fugarse durante un traslado".
El segundo macabro personaje fue el cabo Luis Concha Cid, "les cortaba los dedos con un corvo para robar anillos y argollas de matrimonio".
Esto fue durante la campaña de la mujer de Pinochet, que pedía a los ciudadanos que donaran sus joyas para 'reconstruir' el país. Sabemos dónde terminaron muchas de esas joyas: en el propio pescuezo de la señora Hiriart, según descubrió su ministro Madariaga.
Caravana de la Muerte: se entrega Minoletti, el enterrador de Calama
A medida que Minoletti iba ordenando esa noche a sus subalternos cómo debían sepultar los cuerpos, el cabo Luis Concha Cid les cortaba los dedos con un corvo para robar anillos y argollas de matrimonio. Lo último que Minoletti ordenó echar adentro de la fosa fueron los envases vacíos de las botellas de pisco que repartió a sus hombres para envalentonarlos. El brillo por el reflejo del sol en un par de botellas que quedaron tiradas sobre el terreno, fue lo que ayudó después a Minoletti a ubicar la tumba clandestina para el desentierro.
ABC Color: patrocina a la «izquierda», defendió a Pinochet y encubrió a asesinos de Letelier
Un memo del Departamento de Estado demuestra que éste estaba al tanto de las extrañas maniobras en la sede diplomática de Asunción desde el 1 de septiembre de 1976. Un anexo de un informe de la CIA a su vez demuestra que la oficina de Langley estaba en conocimiento de la trama que acabaría con el ex canciller chileno desde el 29 de julio de 1976, aunque no se explicaba porqué los asesinos incluso tenían el teléfono de la oficina del general Vernon Walters que le había proveído Pappalardo.
Mugica, el que optó por los pobres
Carlos no se callaba. Denunciaba a los hipócritas, a los mercaderes del templo. Sabía que tenía enemigos muy poderosos y veía cómo un día aparecía la guardería destruida y otro día robaban la proveeduría y otro día mataban a algún pibe de la parroquia y le ponían una bomba en su casa.
A Carlos se le ponían rojos los ojos azules y rezaba una oración que casi le fue naciendo naturalmente:
"Señor: perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.
Señor: perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor: yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.
[…]
Agosto de 1973: «Carta al pueblo y al Presidente»
Su excelencia el Presidente de la República y a los trabajadores de todo el país:
Nosotros los marinos de tropa, antigolpistas, les decimos a las autoridades, a los trabajadores de todo Chile y a nuestros familiares, que ni las amenazas que nos hacen nuestros jefes de volver a flagelarnos, ni mil torturas más, nos impedirán decirle la verdad a nuestra clase […] la clase trabajadora, nuestra clase, porque nosotros los marinos de tropa, somos hijos del pueblo, por lo tanto, jamás haríamos fuego contra él. El odio de estos señores ha sido tan grande contra nosotros.
El puntofijismo paraguayo y los represores de Stroessner
Bajo ningún punto de vista son casos aislados los espaldarazos de los partidarios del obispo Fernando Lugo a represores que prestaron servicios a la dictadura, considerando que un documental del partido luguista Tekojoja presentó en la semana pasada al ex policía Alcibades González Delvalle como un gran referente de la lucha social en Paraguay, a pesar de ser bien conocida su impecable y meteórica trayectoria en filas de la policía del dictador Stroessner, donde actuó con honores y fue ascendido por méritos propios varias veces en una época en la que los cuadros represivos no promovían a cualquiera.