Democracia Cristiana, ¿neoliberalismo o socialismo comunitario?
por Rafael Luis Gumucio Rivas, padre (Chile)
11 años atrás 4 min lectura
El re aparecimiento de Ricardo Hormazábal en el programa dominical Tolerancia 0, del domingo 14 de diciembre, permitió a los televidentes captar el hecho evidente de que en la Democracia Cristiana siempre han coexistido dos almas: una neoliberal, que cada vez se asimila más a la derecha y, la otra comunitaria, que por lógica, está más cercana a la izquierda.
Ricardo Hormazábal, actual candidato a la presidencia del partido democratacristiano, representaría a los pocos sectores partidarios del humanismo cristiano – aun cuando este concepto me parece contradictorio, con él está la concepción del hombre y de la historia – según lo corroboró en el programa de ayer. Antiguamente, a este fracción progresista se le denominaba “los chascones”.
Ignacio Walker, Mariana Aylwin, Gutenberg Martínez, Edmundo Pérez Yoma, y otros, representarían la tendencia neoliberal de la Democracia Cristiana, y su ideal estaría en ubicar a este partido en el centro político y que representara a las capas medias – ambas invenciones de la derecha para mostrarse como conglomerado representativo de “lo popular” -.
Estas dos almas que dividen a al partido no es nuevo en su historia: en los años 60, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el partido estaba escindido por el conflicto surgido entre rebeldes y terceristas, por el otro bando, los oficialistas, también llamados freistas – en el fondo, a este último grupo le hubiera gustado apoyar a la derecha, en vez de haber seguido el camino propio, con Radomiro Tomic, candidato apoyado, fundamentalmente, por un sector de autodenominado Izquierda Cristiana, que no eran otra cosa que los antiguos terceristas, y encabezados por Bosco Parra, Luis Mira, Pedro Felipe Ramírez, Luis Badilla y otros más -. Los rebeldes habían renunciado al partido democratacristiana y habían fundado el MAPU, que apoyó a Salvador Allende.
En la actualidad, el conflicto ideológico de ese partido se está manifestando de forma distinta, pero en el fondo, se mantiene el famoso dilema de la Democracia Cristiana y sus dos almas: por un lado, aliarse con la derecha más centrista – Amplitud y Fuerza Pública, por ejemplo -, pero con el objetivo de humanizar el capitalismo, o bien, formar un centro amplio con la izquierda y, en este caso hoy por hoy, profundizar y apoyar las reformas propuestas por la Nueva Mayoría.
Mariana Aylwin, al menos tiene claridad en su opción por el conglomerado Fuerza Pública, en este caso aliado de Amplitud, para conformar una combinación política llamada de “Centro” y que se identifique con el mito de las capas medias, cuyo objetivo se centra en paralizar las reformas del gobierno. En general, los dirigentes que conforman esta alianza de centro no tienen otro norte que la defensa de sus intereses – en especial, en este caso, de la reforma educacional – de los grandes propietarios del “holding” de colegios subvencionados.
El conflicto surgido recientemente entre Ignacio Walker y Mariana Aylwin, a raíz de la idea de citarla al Tribunal de Disciplina del partido, por doble militancia, es más un tongo que una verdadera diferencia ideológica y/o política. En el pasado, este Tribunal era bastante severo con respecto a quienes se desviaban de la línea política acordada en los organismos colectivos: por ejemplo, en los años 60 expulsó al diputado Patricio Hurtado por apoyar a Fidel Castro; durante la transición a la democracia expulsó a Adolfo Zaldívar y a otros parlamentarios sin considerar que este líder había sido presidente de ese partido durante varios períodos – personalmente, no veo por qué deberían tener especiales consideraciones con la hija del ex Presidente de la República -.
Desafortunadamente, la democracia Cristiana ha perdido no sólo un millón de votos, sino también todas las ideas progresistas que conformaban el cuerpo ideológico del socialismo comunitario – como bien lo recordó el dirigente Ricardo Hormazábal, “ya no tienen dirigentes ni en los sindicatos, ni en los colegios de profesionales, ni en las federaciones de estudiantes como antaño”, pues – agrego – es un partido en decadencia, con una mafia dirigencial, una especie de señores feudales que, prácticamente, ya no tienen vasallos.
15/12/2014
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Es curioso.
También en los sesenta, pero en una Argentina donde el estudiantado general se volcaba con profesorado y todo a una masa fundamentalmente de izquierdas, de las suaves a las violentas, los militares que manejaban los sucesivos gobiernos tras el derrocamiento de Perón en 1955, usaron, para manejar esa papa hirviente de una sociedad joven en ebullición, el ultimo de los recursos: permitirle al viejo volver al País.
Era preferible a los comunistas.
En Chile se usó a la DC, que era aquí mucho mas organzada que en Argentina, mucho menos popular.
También usaron el abundante folklore nacional para neutralizar la afluencia cultural de musica foránea, que en Chile los militares potenciaron durante la dictadura.