Todos y cada uno de estos medios nos han llamado y posiblemente nos sigan llamando, por un cierto tiempo, a un ejercicio esquizofrénico, propio de la más burda prensa policial clase “c” o la de los famosos clase “d”, de lo que fue (y sigue siendo) Pinochet para la clase trabajadora, las mayoritarias clases sociales excluidas y los intelectuales orgánicos con la transformación social en Chile.
El encuadre que le han querido dar y necesitan darle, es el de un “monstruo”, como aquel que se escapa de la norma y de la lógica, aquel extraño y singular, el extravagante fenómeno.
Matriz de opinión y matriz político-cultural que no tiene otro propósito que el de deslindar las responsabilidades de clase nacionales e internacionales sobre el genocidio chileno, su retraso histórico como país, su desigual crecimiento burdamente trampeado por lo que falsimedia llama “desarrollo”, la grotesca concentración de la riqueza cada vez en menos manos, la imposición de un modelo dependiente y exportador que retrotrajo al país austral a una situación de neo-colonia.
Una suerte de trabajo de “asesores de imagen” para los verdaderos responsables.
Pinochet no fue más que un taimado y cobarde ejecutor, representante de la oligarquía y de la alta burguesía chilenas, dependientes para su supervivencia (que es lo mismo que decir para seguir usurpando los resortes hegemónicos de las finanzas y la economía) del capital transnacional y fundamentalmente del imperialismo USAmericano.
Falsimedia quema un fusible, para salvaguardar y perpetuar la funcionalidad del sistema de dominación global neo-colonial y de sus clases clientes en los países periféricos.
Abre brecha entre el ejecutor y los responsables intelectuales: el Banco Mundial, FMI, el Departamento de Estado, la CIA, la Kennecot, la Anaconda, el consorcio Braden y Guggenheim, Asociated Press, el New York Time, el Washington Post, El Mercurio, etc.
Pinochet no fue un sanguinario asesino en serie sino el ejecutor a las órdenes de una clase asesina de clase y de un sistema político-económico asesino de pueblos. Borró del mapa político, social, económico y cultural, a sangre y fuego, a todo aquel que pudiera interferir en el establecimiento del modelo que le dictó el imperialismo Usamericano y los sectores de clase chilenos dependientes del mismo.
La imagen de monstruo que la prensa aliada a Pinochet quiere enrostrarle hoy, no es más ni menos que una patraña.
No hay extravagancia ni fenómeno paranormal o parapsicológico en la figura de Pinochet, ni en el golpe de estado imperialista y oligárquico del 11 de septiembre de 1973.
Por el contrario hay una lógica fría ejecutada a punta de bayonetas y de misiles, hay una norma enmarcada en perpetuar los intereses y privilegios de unos pocos por sobre los intereses y los derechos de la mayorías.
No busquemos esa lógica, ni esa normativa, en la prensa transnacional ni en los analistas que le sirven de voceros, para entender lo que paso en Chile a partir del año 1973, porque no las encontraremos.
Y no las encontraremos porque falsimedia es parte del fraude de la información, de la verdad y de la realidad de los hechos históricos.
Es un verdadero cuento de camino el “dilema” entre un “capitalismo humano” y Pinochet, cuento que quiere marcar y sellar el “aparato cultural y noticioso globalizado de la mentira”, falsimedia o los CCD (Centros Corporativos de Des-Información), que son lo mismo.
Pinochet fue la expresión y la necesidad de los sectores contrarios al avance de la historia. Pinochet fue una necesidad y la expresión más lógica y coherente de los sectores del privilegio, nacionales e internacionales, en la coyuntura chilena del 73.
Pinochet no fue un fenómeno aleatorio y extravagante sino una respuesta medular, lógica y consecuente del capitalismo y del imperialismo frente al avance de los sectores populares chilenos, consientes de sus derechos y de la necesidad de reivindicarlos.
Por eso también entra dentro de esa lógica, que un mercenario de la comunicación como Jorge Lanata (periodista argentino) se pregunte de dónde salen estos monstruos, cómo una sociedad los crea, por qué la sociedad los tolera y se pone bajo su égida, qué cosas mantienen a las dictaduras cuando se encaraman en el poder.
Lo conocemos a Lanata, sabemos hacia donde apunta esa matriz simplona, ese silogismo barato que plantea.
Según Lanata los responsables del “fenómeno” Pinochet son todos los chilenos, no hubo, según Lanata, clases ferozmente castigadas ni clases pornográficamente privilegiadas.
Por eso Lanata se “sorprende” de un Pinochet descubierto como ladrón. El ladrón para Lanata fue Pinochet, en cuestión de robos, según el periodista argentino, el capitalismo, la privatización de las empresas públicas, la precarización y flexibilidad laboral, la tasa de desempleo, las reformas estructurales neoliberales, las 3000 familias chilenas dueñas del 80 % de las tierras cultivables, no son parte del robo. Por eso también Lanata dice que Pinochet pagó sus crímenes con el escarnio de haber sido descubierto como ladrón. Vaya que sentido de la justicia el de don Jorge. Sin eufemismos mediante, eso es clamar por borrón y cuenta nueva.
Lo que me da miedo no es Lanata, porque él no es un ignorante, es un periodista orgánico y funcional de la desinformación, sino los ingenuos, candidos, que todavía no se han caído de la higuera y aun no se han dado cuenta que esto de la información es una guerra entre los que batallamos por una verdadera equidad y participación del conocimiento contra los que usan la desinformación para perpetuar sus privilegios.
Que a Lanata le den espacio los medios que mienten y tergiversan, es comprensible, pero que voces como esas se filtren en espacios y medios que por su naturaleza y principios asumen la categoría de prensa popular y alternativa es intolerable y denota el largo camino que tenemos que recorrer todavía para entender donde estamos pisando.
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