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Carta Abierta a la Ministra de Ciencia y Tecnología

Carta Abierta a la Ministra de Ciencia y Tecnología
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13 de abril de 2026

Señora Ministra:
Ximena Lincolao. @Ximenatech

Resulta fascinante —en un sentido casi antropológico— leer su entrevista y su afirmación de que la violencia estudiantil “no la ha visto usted en Estados Unidos ni en otras partes del mundo”. (Red. piensaChile: ver entrevista más abajo.) Fascinante, porque obliga a preguntarse si estamos ante una declaración de desconocimiento, de negación… o de simple descuido intelectual.

Estados Unidos, precisamente el país en el que usted ha vivido, no sólo ha visto violencia estudiantil: la ha convertido en un fenómeno estadísticamente documentado, recurrente y trágicamente sistemático, como el país del mundo con mayor casos de violencia y asesinatos en establecimientos educacionales de la historia.

Permítame ilustrarlo con algunos hechos, no opiniones.

Entre los años 2000 y 2022, se registraron 1.375 tiroteos en escuelas estadounidenses, con más de 500 muertos y más de 1.100 heridos (USAFacts). Si ampliamos la mirada, desde 1999 —a partir de la masacre de Columbine— se han contabilizado cientos de episodios adicionales, con una tendencia creciente en el tiempo. Sólo entre 2021 y 2023 hubo más de 900 incidentes, el mayor número en cuatro décadas (Reuters).

Pero no se trata sólo de cantidad, sino de brutalidad.

Columbine (1999), donde dos estudiantes asesinaron a 13 personas, marcó un antes y un después. Le siguieron tragedias como Sandy Hook (2012), con 26 víctimas —20 de ellas niños—, Parkland (2018), con 17 muertos, y Uvalde (2022), donde 21 personas fueron asesinadas en una escuela primaria. Estos no son episodios aislados: son hitos de una cadena continua.

A ello se suma una realidad aún más inquietante: la normalización. En 2024 se registraron decenas de tiroteos con víctimas en escuelas, y en algunos años recientes se han contabilizado más de 300 incidentes anuales. En otras palabras, no hablamos de excepciones, sino de una frecuencia que ha obligado a profesores a ensayar simulacros de ataque armado con sus alumnos.

¿No lo ha visto usted?

Es comprensible: a veces la realidad exige no sólo estar en un lugar, sino también observarlo.
Porque la violencia estudiantil en Estados Unidos no se limita a las armas de fuego. Incluye agresiones, apuñalamientos, peleas que escalan a violencia letal y una cultura de seguridad escolar que incorpora detectores de metales, policías armados y protocolos de encierro. Todo esto, en el país que usted menciona como si fuese un oasis.

Por eso su declaración no es simplemente inexacta: es, en términos estrictos, insostenible, y en cierto modo, inaceptable.

Más aún, resulta paradójico que quien ha tenido la oportunidad de conocer esa realidad de primera mano, la describa como inexistente. No es una cuestión de interpretación ideológica, sino de evidencia empírica básica.

Ministra, en política, la ignorancia puede ser un punto de partida. Persistir en ella, en cambio, es una elección.

Quizás la próxima vez que se refiera a la violencia estudiantil —un fenómeno complejo, doloroso y global— convendría hacerlo con algo más que simples impresiones y relatos personales. La realidad, aunque incómoda, tiene la mala costumbre de existir incluso cuando se la niega.
Y en este caso, Ministra, la realidad es abrumadora.

Atentamente,

Un observador que, a diferencia suya, sí ha mirado los datos.

@MisColumnas
@Eneatipo7 en X.
@MisColumnas

 

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