Brasil: crónica de un ensayo anunciado
por Atilio Boron (Argentina)
3 años atrás 4 min lectura
09 de enero de 2023
Lo ocurrido en Brasil es algo inédito en la historia de ese país. Pero, paradójicamente, era algo previsible. Hubo muchas señales de que la derecha radical, neofascista o neonazi, no estaba dispuesta a permitir que se consumara en paz y ordenadamente la asunción de Lula como nuevo presidente del Brasil. Claros indicios de que apostaba a un golpe militar, para lo cual golpeaban la puerta de los cuarteles y acusaban públicamente de cobardes a los militares por no “rescatar al país” de las garras del comunismo y su arma mortal: “la ideología de género”.
Lo mismo que se hizo en Chile en los meses finales del gobierno de Salvador Allende. La receta es la misma, “made in America”: movilizar a un segmento de la “sociedad civil”, ganar las calles, precipitar la intervención militar y tumbar al gobierno indeseable. Por eso lo ocurrido era algo que estaba presente en el nefasto “clima de época” alimentado por la inexorable declinación de Estados Unidos como superpotencia mundial y su recargada virulencia.
El signo de esa revuelta bolsonarista guarda una notable similitud con lo acaecido casi exactamente dos años antes en el Capitolio de Estados Unidos. En este país tuvo lugar un 6 de enero, en Brasil el 8. La coincidencia no es casual, habida cuenta de la existencia de una muy activa y muy bien financiada internacional neofascista que tiene como su gurú ideológico y organizacional a Steve Bannon, exasesor de Donald Trump. Pero las coincidencias no terminan allí. El objetivo fue el mismo: demostrar cómo un grupo decidido y relativamente pequeño (en Brasil, unas cuatro mil personas) puede apoderarse a voluntad de la sede de los tres poderes del Estado y, si algunas condiciones maduran, hacer que las fuerzas armadas den un paso al frente y consumen la re-edición del infausto golpe de estado de 1964. Por eso lo ocurrido es un ensayo, una prueba. Seguramente volverán a la carga para crear una situación que finalmente termine por convertir en inevitable un arbitraje militar.
Claro que lo anterior depende en gran medida de lo que haga el gobierno de Lula. Por empezar tendrá que decretar la intervención de la gobernación de Brasilia, cómplice necesaria por su pasividad ante los revoltosos. Tendrá también que reemplazar a la cúpula de los servicios de inteligencia del Estado, que fueron incapaces –o no quisieron- anticipar esta situación y advertir a las autoridades del peligro que se avecinaba. Y otro tanto tendrá que hacer con las fuerzas armadas. Por otra parte,
el presidente Lula tendrá que convencerse que deberá movilizar y organizar a su base electoral y recuperar el control de calles y plazas. En caso contrario, la estabilidad de su gobierno podría llegar a verse muy comprometida. Ni las instituciones ni las diversas ramas del aparato estatal le responden tal cual manda la Constitución. Su único reaseguro es la movilización popular.
Hablábamos más arriba del “clima de época” en el que hay que enmarcar lo sucedido. Repasemos: en 2021 se produjo lo del Capitolio; el 2022 fue pródigo en acontecimientos similares. En Julio miles de manifestantes en Sri Lanka tomaron por asalto la residencia oficial y la oficina del presidente, e incendiaron la del primer ministro. El signo político no era reaccionario, pero la forma de la protesta sí lo fue. En diciembre se frustró un intento neonazi de ocupar violentamente el Bundestag y varios parlamentos de los Landers alemanes. En septiembre se produjo el frustrado intento de magnicidio en contra de Cristina Fernández de Kirchner, aún lejos de estar esclarecido; en diciembre la destitución de Pedro Castillo en Perú; ahora la tentativa en Brasil. Y antes, a no olvidarlo, tal vez inaugurando este ciclo, el cruento golpe neofascista en Bolivia.
El obvio pero sistemáticamente negado “déficit democrático” de los sistemas políticos que se pretenden democracias (¡y que no lo son!) se combina con los efectos de la crisis capitalista y los desquiciantes movimientos de las placas tectónicas del sistema internacional en Ucrania y Taiwán. Y esto, políticamente hablando, es dinamita. Para desactivar esta bomba de tiempo se requerirá de mucha habilidad política, inteligencia y fuerza, para tomar decisiones difíciles que provocarán encendidos debates. Ojalá que Lula pueda demostrar que posee esas virtudes.
*Fuente: Página12
Artículos Relacionados
Algunas reflexiones sobre las Fuerzas Armadas chilenas
por Juan Carlos Montecinos Urzua (Chile)
19 años atrás 5 min lectura
Gioja, Barrick y los glaciares: El lobo dentro del gallinero
por Silvia Ferreyra (Argentina)
13 años atrás 7 min lectura
Bachelet parece en campaña: «la libertad de prensa es una regla de oro para toda la democracia»
por
19 años atrás 3 min lectura
Crisis de dominación oligárquica y Asamblea Constituyente
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
12 años atrás 3 min lectura
Antofagasta, 6 de febrero de 1906: Masacre de obreros en la Plaza Colón
por Julio Cámara (Chile)
1 hora atrás
06 de febrero de 2026
Hoy, a 120 años de estos hechos, resulta inquietante constatar que gran parte de la comunidad desconoce esta tragedia y el lugar exacto donde ocurrió. La plaza es recordada por su reloj, el odeón, el león o la estatua de la hermandad chileno-española, pero no por la matanza. Recién hace pocos años se instaló un pequeño busto que recuerda lo sucedido, un gesto valioso pero insuficiente para la magnitud del acontecimiento.
Archivos de Epstein: Mientras no haya detenciones, su publicación solo sirve para normalizar «privilegios» de los súper ricos y poderosos
por Aya Velásquez (Alemania)
2 horas atrás
06 de febrero de 2026
Mientras no haya detenciones, la publicación de los archivos de Epstein sirve principalmente a esos fines de «ingeniería social»: un condicionamiento oculto de la conciencia colectiva para que reconozca como «normal» una realidad monstruosa que hasta entonces era nueva para las masas.
Hind Rajab, la niña de 5 años de Gaza asesinada por el ejército israelí
por Equipo Gaza-Avaaz
1 día atrás
05 de enero de 2026
Hoy se cumplen dos años del asesinato de Hind Rajab, la niña palestina de seis años que quedó atrapada en un coche junto a los cuerpos de varios familiares asesinados, antes de que ella también fuera abatida por fuerzas israelíes.
¿Cómo entender esta contradicción tan grande: ser víctima de la dictadura en Chile, pero servidor de un gobierno brutal como el de Marruecos?
por piensaChile
1 semana atrás
28 de enero de 2026