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El incendio que amenaza hoy al mundo se inició en Odessa 

El incendio que amenaza hoy al mundo se inició en Odessa
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Hoy se cumplen 8 años desde la horrible masacre en la Casa de los Sindicatos, en Odessa, Ucrania. Desde esa fecha, hasta febrero de 2022, fueron asesinadas más de 14.000 personas en el Donbass por parte del ejército ucraniano.
La Redacción de piensaChile

2 de mayo de 2022 06:45

Hace ocho años, una turba nazi prendió fuego a la Casa de los Sindicatos de Odessa y asesinó a docenas de personas ante las cámaras, a las que nuestros medios de comunicación sólo llamaban anónimamente «prorrusas». Lo que ocurre hoy en Ucrania es la consecuencia de ese crimen y de la forma en que se lo trató.

Fue hace ocho años, el 2 de mayo de 2014 en Odessa, que tuvo lugar la masacre que los grandes medios de comunicación mantuvieron en silencio – pero sus consecuencias nos han traído, desde entonces, hasta el borde de una guerra mundial. Consecuencias que podrían haberse evitado. Los asesinatos de Odessa infligieron una herida que se podía curar, en los primeros días, en los primeros meses. Pero se convirtió en una úlcera gangrenosa que está envenenando a Europa Occidental centímetro a centímetro.

Una y otra vez intento encontrar nuevas frases para los mismos acontecimientos, y para las líneas de desarrollo que conducen desde allí hasta el presente. El primer texto, más largo sobre este tema, se remonta a enero de 2015, cuando se produjeron los atentados contra la revista satírica Charlie Hebdo en París y todos los medios de comunicación repetían, cada cual más fuerte: «Yo soy Charlie Hebdo»; se convocaban a grandes concentraciones y se invocaban los «valores europeos» por doquier. Yo sólo podía pensar en Odessa y en cómo se había reaccionado de forma totalmente  diferente, es decir, con ninguna reacción (espero que se me perdone por citar mis viejos textos; para una mejor comprensión pongo el año al final de cada cita).

«Porque si había una cosa (y nunca fue más que eso), una sola cosa, en la que todo el discurso de Europa tenía un núcleo de verdad y este núcleo de verdad era «Nunca más el fascismo». No era mucho más que eso; la barbarie del colonialismo, de un modo u otro, nunca terminó, las percepciones acerca del resto del mundo siempre quedaban empañadas por un filtro racista, y cualquier derecho social estaba sujeto a los caprichos del orden del mercado. Al final, no se logró mucho con todas las luchas del siglo XX.

Sólo una cosa, al menos desde la muerte de Franco, era una realidad en Europa: nunca más el fascismo. Y eso fue quemado en Odessa, y las cenizas fueron esparcidas a los vientos por el silencio posterior».

Hay acontecimientos que rompen una narración histórica, en diferentes partes. Tal acontecimiento fue ese 2 de mayo; después hubo personas que lo supieron, que compartieron el horror y el dolor por las víctimas, y otras que no quisieron darse cuenta. En 2016, Rusia presentó una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU pidiendo que se investigara la masacre. Y esa resolución fue rechazada.

«La multitud vitoreaba frente al edificio en llamas. Las chicas sentadas en el suelo, preparando cócteles molotov. Hay desgracias. Pero esto era algo totalmente distinto; un acto de barbarie perpetrado voluntariamente por docenas, cientos de personas. Animado. Filmado y distribuído por correo electrónico.

Hay momentos que traspasan los límites de lo humano de una manera tan terrible que uno piensa que el propio globo terráqueo debe detenerse.

Fue el silencio después de lo ocurrido en Odessa lo que envió el mensaje a Kiev de que todo vale. Ese silencio ha costado innumerables vidas. Sin ese silencio, la guerra en el Donbass no se habría producido. Todos vosotros, Atai, Eigendorfs, Bidder, todos los demás engañadores y tergiversadores, sois cómplices de este crimen.

Hay gente en este país que se atreve a llamarse antifascista y a abrazar y mimar a los que están detrás de la masacre, y todavía son muy pocos los que les escupen a la cara por ello. Caminan por las calles como gente decente. (2016)»

Hoy podemos ver hasta dónde llegan estos mimos. Llega hasta las esvásticas azules y amarillas en los monumentos conmemorativos soviéticos aquí en Alemania, hasta los envíos de tanques a Ucrania, hasta la glorificación de los perpetradores de Odessa en los programas de la televisión alemana. Porque ahora están defendiendo tan valientemente a Ucrania contra Rusia, una Ucrania que no tendría que defenderse de Rusia en absoluto si no hubiera sido por este horrible silencio después de Odessa y este amiguismo desenfrenado.

Todavía se puede encontrar el documental «Lauffeuer» de Ulrich Heyden en Internet; no forma más parte de la narrativa oficial alemana sobre Ucrania hoy que en 2015, cuando se realizó. Pero al otro lado de la grieta que ese día cortó Europa, ese horror se vio en el momento en que ocurrió.

 

«Hubo miles, decenas de miles, que vieron los acontecimientos en directo. Vieron los artefactos incendiarios que volaban desde las filas de los nazis, a la gente arrojándose por las ventanas antes del incendio, a los que mataban a golpes detrás del edificio de los sindicatos, a las tropas de asalto de los fascistas pateando puertas, arrastrando a la gente por los pasillos, buscando teléfonos móviles y cuadernos entre las ropas de los muertos una vez apagado el fuego. «¿Son nuestros?», fue la pregunta en el chat que acompañó al livestream corrido sobre Crimea, y el moderador respondió escuetamente: «Son los nazis, todos los streams son de los nazis»(2017)».

Hay una frase que surgió una y otra vez en los comentarios de ese flujo en ese momento, de un espectador tras otro: «Hoy Ucrania está muerta para mí». ¿Puedes sentirlo, el momento en que se produzca esa ruptura, puedes ver hasta dónde llegarían las consecuencias? Uno puede sentirlo. No se pueden olvidar las imágenes. Nunca. Esto es algo diferente al horror fingido que un John Kirby o una Ursula von der Leyen muestran ante la cámara. Queda grabado en tu alma y, pase lo que pase después, sabes que has tomado una decisión, que has asumido un compromiso con las personas a las que no pudiste ayudar en esos momentos. Si hoy soy incapaz, en cuerpo y alma, de mirar la actitud de los políticos occidentales con algo que no sea desprecio y asco, es por las horas en que el horror de Odessa se desplegó en la pantalla y no pude hacer otra cosa que mirar llorando, para ser testigo al menos.

«Por muy invisibles que sean los acontecimientos de aquel día aquí, son visibles, presentes y de gran alcance al otro lado del frente trazado por la OTAN. El restablecimiento de una vecindad pacífica con Rusia requeriría que se sanara la ruptura creada aquel día; que Occidente percibiera lo ocurrido, en toda su demoledora calidad histórica, y enmendara su vergonzoso silencio. (2017)»

¿Alguien en la política alemana ha pensado en lo que estas imágenes, estos acontecimientos, desencadenaron en el otro lado? ¿Qué se siente al ver a estos vestigios del fascismo de Hitler desatando su odio ciego contra personas que llevaban semanas protestando pacíficamente? ¿Cómo se ve cuando un Andrei Parubiy, una de las figuras políticas más poderosas en todos los años de la Ucrania post-Maidan, se reúne con representantes del Sector Derecho el día antes de la masacre? ¿Qué se siente cuando después los gobiernos instalados por Occidente, uno tras otro, se niegan a perseguir a los autores? ¿Qué se siente cuando en el propio país millones de personas han sido víctimas de atrocidades similares y otros millones han dado su vida para acabar con estas atrocidades?

Cuánto mayor debe ser entonces su asco y su ira, cuando a mi ya casi me destrozan. ¿Cómo no entender lo profundamente que se siente, que se debe sentir, esa amenaza en Rusia, cuando algo como lo que ocurrió en Odessa se encuentra ahora fuertemente armado, en la frontera misma? Y cuando ese algo se ríe de lo que hizo y de los muertos en el Donbass …

«No hay que recurrir a conspiraciones ni demostrar estructuras de mando concretas para reconocer la responsabilidad. Sólo hay que fijarse en aquellos momentos del desarrollo en los que una acción diferente, una reacción diferente, hubiera sido posible sin demasiados problemas.

Uno se imagina si hubiera habido una emisión especial sobre Odessa. Si los periódicos hubieran informado sobre ello, hubieran realizado entrevistas a los supervivientes y posiblemente hubieran localizado a algunos de los autores. Sí, habría quedado claro que el Maidan era una empresa democrática muy dudosa, por decirlo suavemente. Pero, ¿habría perjudicado seriamente al gobierno alemán si, tras el Dos de Mayo de hace cinco años, se hubiera admitido un error y se hubiera intentado insistir en la seguridad de los ucranianos de habla rusa o pedir la disolución de las organizaciones fascistas Svoboda y Sector Derecho? Probablemente no. Si hubiera habido tal acción, no se habría producido la guerra civil.

La guerra en el Donbass, que nunca habría comenzado sin el silencio sobre lus sucesos de Odessa, ridiculiza cualquier declaración de que la UE defiende la paz. La glorificación de los colaboradores nazis en la Ucrania de hoy ridiculiza cualquier declaración de que se está «contra el odio», «contra la derecha» o incluso contra el nazismo. Este camino fue tomado voluntariamente, esta guerra fue deseada en Berlín, y hasta el día de hoy no hay señales de corrección. (2017)»

Eso fue en 2017; aún existía la posibilidad de utilizar los acuerdos de Minsk para dar marcha atrás. Una y otra vez existió esa posibilidad. Hasta el final no se utilizó. En cambio, al menos se toleró, si no se alentó, que el ejército ucraniano se preparara para un ataque, junto con todas las tropas que se desprendieron de la manada de perpetradores de Odessa, ya se llamaran Azov, Dnieper o Kiev. Eso fue hace dos meses. El monstruo que nació en Odessa el 2 de mayo sólo ha sido engordado y fortalecido desde entonces, ni siquiera se le ha frenado.

No, mientras tanto, incluso en Alemania, se explica en la televisión que los rusos no son, de alguna manera, europeos, y se echa todo a este fuego que se encendió en Odessa entonces, para que no se apague, para que crezca y siga ardiendo y, posiblemente, incluso devore a la humanidad. Y cuando veo con qué arrogancia, con qué desprecio por todas las lecciones históricas que hay que aprender en Alemania, en Europa, todo Occidente se lanza a una danza de la muerte en íntimo abrazo con el fascismo ucraniano, entonces estoy tentada a decir: una europea así, yo tampoco quiero ser.

Porque no hay ninguna duda, ni la más mínima, de que fue un crimen fascista, entonces, el 2 de mayo de hace ocho años en Odessa. Un crimen que pertenece a la serie de masacres como Oradour, Distomo y Kalavryta. Un crimen que precedió a su guerra, pero que ya lo llevaba en si.

Mientras veía la transmisión en ese entonces, alternando entre las imágenes y los mensajes del chat en el programa de traducción, surgió brevemente el rumor de que paracaidistas rusos habían aterrizado cerca de Odessa. No duró mucho, pero durante ese breve lapso, el horror dio paso al alivio.

Odessa y todo lo que siguió a Odessa sólo se califica y se desestima aquí en Alemania como «propaganda rusa». Esto es precisamente lo que demuestra que no hay voluntad alguna de hacer la paz. También Europa occidental, también la política alemana, tomó una decisión aquel 2 de mayo y eligió un bando: el de los victimarios. Han seguido consecuentemente esta elección -esto es ya indiscutible- y al hacerlo se han ido pareciendo cada vez más al monstruo al que se han dirigido.

«No se pueden ver las imágenes de ese día sin entender de qué se trata lo que se ve; hay algo inequívocamente fascista en esa mezcla enfermiza de muerte y júbilo; ¿cómo ver esto sin horror si uno mismo no comparte esa convicción? ¿Incluso estar dispuesto a unirse a los vítores? No es posible.

Un día se romperá el silencio. Todo lo que tenga que romperse para que eso ocurra, se romperá. (2016)»

-Traducción desde el alemán para piensaChile: Martin Fischer

*Fuente: RTDE

Más sobre el tema:

 El documental de Oliver Stone sobre Ucrania, prohibido en Youtube:

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