Mañana todo esto puede repetirse en otras regiones del planeta, incluyendo a América Latina.
Dos entrevistas realizadas hace un poco más de una semana se ven diferentes. Están alumbradas por el fuego infernal de la Casa de los Sindicatos de Odesa. En lo político Maidan no resultó ser más que una sangrienta reedición de la Revolución Naranja, que detrás de comparsas y carnavales de simbología rebelde esconde un vulgar enroque de elites oligárquicas. La revolución naranja fue limpia y fotogénica. La de Maidan tiene imagen de turbas de guerreros medievales y olor a carne quemada y a mierda.