16.06.2021
A la luz de los resultados de la segunda vuelta de gobernadores ocurrida hace dos días, intentar un análisis objetivo del panorama político que emergió de ahí, puede ser una difícil tarea, quizás si hasta con ímprobos resultados. Hay, sin embargo, algunas características que prevalecen, cualquiera sea el cristal que se use, y se refieren a ciertos actores que son fácilmente reconocibles, aunque en el camino puedan cambiar múltiples veces de careta. Partamos analizando al actor más voluble y que ha hecho del oportunismo la base de su política: la democracia cristiana.
El Partido Demócrata Cristiano nace en la década de los treinta, aunque no con este nombre, de sucesivas escisiones del Partido Conservador, la expresión política más retrógrada de la oligarquía nacional de aquella época. Son, en su mayoría, jóvenes que se afincan ideológicamente, en el humanismo cristiano esgrimido por el filósofo Jacques Maritain, combinado con un apego idílico a la doctrina social de la iglesia. Nacen como Falange Nacional, planteándose desde su nacimiento, al igual de lo que ocurre con la Falange fascista de España, como alternativa cristiana al comunismo que avanza en esos años con mucha fuerza en el mundo. Es a partir de 1957 cuando aparece oficialmente el Partido Demócrata Cristiano, iniciando un camino anticomunista que es rápidamente apreciado en EE.UU. que en aquel momento se encuentra enfrascado en medio de la guerra fría con la Unión Soviética.
Sin esperanzas de alcanzar el poder disputando la sólida base social de la izquierda, encuentran de pronto, en 1964, su gran oportunidad de llegar al gobierno al convertirse en la alternativa confiable de Estados Unidos y de la derecha nacional, que desembarca sin asco a su candidato Julio Durán para apoyar al demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, ante el inminente triunfo del candidato de la izquierda, Salvador Allende. El Informe Church, desclasificado más tarde por el gobierno norteamericano, dice textual: “En 1964, la agencia Central de Inteligencia (CIA), gastó más de U$ 2,6 millones de dólares en apoyo de la elección del candidato demócrata cristiano para evitar el ascenso a la presidencia del marxista Salvador Allende”.
Desde la perspectiva de esta pequeña reseña, veamos qué es lo que ha ocurrido en nuestros días, y extrapolemos a lo que puede ocurrir en los próximos meses hasta la elección presidencial de noviembre. Desde su condición de veleta, desprovisto de principios sólidos que le han permitido navegar según los vientos de la conveniencia político-social que soplan en determinados momentos, los democristianos llegan al día de hoy sin haber cambiado un ápice de su política zigzagueante. Se apegan a la izquierda si es conveniente, o aceptan sin asco el apoyo de la derecha si les reporta un buen negocio. La presidenta del PDC, Carmen Frei, con una cara dura increíble, que por lo demás no le cuesta mucho poner, se permitió criticar a Jadue y al Apruebo Dignidad por una supuesta campaña errada de Karina Oliva que motivó su derrota, sin reconocer que su candidato Orrego no tenía ninguna posibilidad de ganar la gobernación de Santiago sin el apoyo de la derecha, tal como ocurrió con la presidencia de su padre en 1964. De la misma forma, al ufanarse del triunfo de los otros candidatos a gobernadores de la ex concertación, no mencionó para nada que eso no se hubiera logrado sin el apoyo de la izquierda en cada caso.
Esto fue lo que ocurrió, pero ¿qué pasará de aquí hasta noviembre? Dijimos que íbamos a extrapolar basándonos en una realidad objetiva, por lo que se hace necesario considerar todas las posibilidades. En momentos que esto escribo demócrata cristianos y el resto de la Unidad Constituyente, hacen denodados esfuerzos por ponerse de acuerdo y llevar una sola candidata a la primera vuelta presidencial. Presuponen que esa candidata, que con seguridad será doña Yasna Provoste porque Misia Narváez no calienta ni al marido, (perdonando ustedes este desatino) llegará a noviembre enfrentándose al representante de la derecha, cualquiera sea, y entonces contarán sin ninguna duda con los votos de la izquierda, tal como ocurrió con el triunfo de los candidatos de la ex concertación en las últimas décadas. Pero, ¿qué pasa si, como muchos suponen, a segunda vuelta llega efectivamente su candidata y deba enfrentarse a Daniel Jadue? Ahí salta la otra carta que saliera de la manga de Frei Montalva y ahora último de la de Claudio Orrego: cuentan con que no sólo la derecha en masa se inclinará por ella, si no que hasta pueden llover algunos dolarillos que la CIA volverá a proveer.
A la última conjetura más vale no referirse: ¿y si Jadue pasa a la segunda vuelta para enfrentarse al representante de la derecha? Algo de eso ya mencioné en un amargo artículo publicado en este mismo medio y que titulé “Daniel Jadue no será presidente”. En tal caso, habrá que confiar en la fuerza del pueblo chileno, que desde el estallido del 19 de octubre ha demostrado que está para grandes cosas. Pero también habrá que demostrar que hemos aprendido la lección de 1973, y tener en cuenta que tanto la derecha como la democracia cristiana, no tendrán ningún miramiento en descargar la garra uniformada, como ya lo hicieron aquel aciago año que todavía pesa en la conciencia nacional.
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