La contradicción entre el principio democrático y las normas que coartan la potestad constituyente
por Jorge Franco (Chile)
5 años atrás 3 min lectura
9 de junio de 2021
Como era enteramente previsible, el debate abierto desde la suscripción del acuerdo del 15 de noviembre de 2019 sobre las normas legales fijadas por él para cercenar y con ello desconocer el poder constituyente del pueblo se ha trasladado ahora al seno mismo de la Convención Constitucional. Esto ha ocurrido a raíz de la declaración efectuada en el día de ayer por un grupo de convencionales, haciendo un llamado a «hacer efectiva la soberanía popular de la constituyente». Esto encendió de inmediato las alarmas en la derecha y desató destempladas reacciones entre sus principales voceros.
La base del desacuerdo la proporciona la ostensible contradicción que existe entre el principio democrático –que reconoce en el pueblo soberano el único poder constituyente y en la regla de la mayoría la expresión más legítima de su voluntad– y las normas que le fueron impuestas al funcionamiento de la Convención Constitucional por los firmantes del acuerdo del 15 de noviembre de 2019 con el evidente propósito de burlar ese principio. A eso precisamente apuntan el cuórum supramayoritario de dos tercios y la declaración de intangibilidad de los tratados comerciales con que se pretende encadenar al país a las políticas neoliberales.
Uno de los que salieron a rechazar de inmediato el pronunciamiento de los convencionales firmantes de la declaración antes señalada fue Carlos Peña, a través de una columna publicada hoy en El Mercurio. Pero su argumentación resulta ser extremadamente pobre al eludir deliberadamente el problema de fondo. En efecto, Peña se limita a señalar lo obvio: que dicha declaración «no es posible conciliarla con los acuerdos que rigen el actual proceso político en Chile», limitándose a añadir luego que para que una decisión sea jurídicamente vinculante ha de estar sometida a ciertas reglas.
Pero, evidentemente, la cuestión no es si la labor de la Convención debe o no atenerse a ciertas reglas, algo que nadie ha negado, sino si las que le han sido fijadas por la mayoría del actual parlamento hacen posible elaborar un marco constitucional que sea una clara e incuestionable expresión de la voluntad mayoritaria de la nación o si, por el contrario, pueden llegar a impedirlo. Una manera impecablemente democrática de dirimir esta cuestión sería permitir que se sometiera a plebiscito aquellas normas en las que el cuórum ya establecido de los dos tercios no fuese alcanzado en el seno de la Convención.
Por lo tanto, el problema de fondo es el de la sintonía de esas reglas con el principio democrático que reconoce en la soberanía popular la única fuente de su legitimidad. Más aun, si ellas emanan de un acuerdo alcanzado en el marco de una Constitución que en el plebiscito del 25 de octubre de 2020 fue claramente repudiada por un 80% de quienes concurrieron a las urnas. Ocultando los verdaderos propósitos que los animan, algunos no tienen el menor escrúpulo en sostener que con su participación en dicho plebiscito el pueblo estaba ratificando también la validez de las reglas que son objeto de cuestionamiento. ¡Como si se le hubiese consultado a este respecto!
Pero el problema mayor es que según Peña la voluntad del pueblo «no coincide con la mayoría de la Convención, sino con los resultados del diálogo entre mayorías y minorías». Esto es claramente una falacia. Primero, porque en una democracia ha de imperar la voluntad de la mayoría, salvo en lo que respecta al universal respeto de los derechos humanos. Segundo, porque por más diálogo que exista lo más probable que sea imposible lograr acuerdos tan amplios sobre ciertas materias fundamentales. De atenernos al criterio de Peña y de quienes defienden el actual sistema económico existente en el país ningún cambio social significativo sería posible ya que ni siquiera bastaría para ello con lograr una aplastante mayoría de 65%.
Artículos Relacionados
Mirada desde España: «¿Constitución de Pinochet o cambio? La derecha contraataca en Chile»
por La Base (España)
4 años atrás 1 min lectura
¿Cómo interpretar el resultado del plebiscito del 17 de diciembre?
por Jorge Franco (Chile)
2 años atrás 6 min lectura
Las asambleas llegaron a Chile para romper con el modelo
por Juan Manuel Boccacci (desde Chile, para Página12)
6 años atrás 6 min lectura
La paradoja de la votación de quórum de dos tercios
por Javier Pineda Olcay (Chile)
4 años atrás 7 min lectura
Banderazo en Suecia: «¡Chile En Contra!»
por Canal del Comité Internacional Paz Justicia y Dignidad de los pueblos, capítulo Suecia
2 años atrás 1 min lectura
A 5 años del Estallido Social en Chile
por Canal Universidad de Chile TV.
1 año atrás 1 min lectura
Chas Freeman: La guerra contra Irán podría acabar con la república estadounidense
por Glenn Diesen - Chas Freeman (EE.UU.)
16 mins atrás
01 de marzo de 2026
El embajador Chas Freeman analiza el ataque de Estados Unidos a Irán. En una guerra de desgaste, Irán podría resistir más que Estados Unidos, y la crisis derivada de la falta de una victoria podría destruir la república estadounidense.
El Sionismo une a Kast y Zaliasnik
por Pablo Jofré Leal (Chile)
50 mins atrás
01 de marzo de 2026
La designación del abogado Gabriel Zaliasnik como embajador de Chile ante los territorios palestinos ocupados revela más que un simple nombramiento diplomático. Expone la convergencia política e ideológica entre el presidente electo José Antonio Kast y uno de los principales defensores del sionismo en Chile.
El Sionismo une a Kast y Zaliasnik
por Pablo Jofré Leal (Chile)
50 mins atrás
01 de marzo de 2026
La designación del abogado Gabriel Zaliasnik como embajador de Chile ante los territorios palestinos ocupados revela más que un simple nombramiento diplomático. Expone la convergencia política e ideológica entre el presidente electo José Antonio Kast y uno de los principales defensores del sionismo en Chile.
Los reyes marroquíes que afirmaron no tener soberanía sobre el Sahara Occidental
por Diego R. Cantero (España)
1 hora atrás
01 de marzo de 2026
Se cumple medio siglo desde que España se retiró de su última posesión colonial, el Sahara Occidental, en febrero de 1976. Solo cinco meses antes, el 16 de octubre de 1975, la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva en la que afirmaba que, antes de la colonización española, el Sáhara no estuvo bajo soberanía ni de Marruecos ni de Mauritania