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La Noche de los Cuchillos Largos 

La Noche de los Cuchillos Largos
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Seguramente usted, que es una persona curiosa de la historia, sabe perfectamente a qué alude el título de este artículo. Brevemente le recordaré lo básico: con este nombre se conoció la trifulca habida entre los mismos miembros del entonces flamante partido nazi y que costó la vida y la prisión a decenas de miembros de una fracción de ese partido, las SA, ocurrido todo en una sola noche, la del 30 de junio de 1934. En todo caso, lo que nos interesa aquí no es el origen ideológico de ese hecho, sino la vertiginosa secuencia de su desarrollo que tomó sólo una pocas horas para resolverse.

Me gustó el título como un parangón de lo ocurrido ayer acá en Chile, con motivo de la inscripción de los aspirantes a las primarias con vistas a las próximas elecciones presidenciales. Afortunadamente, con mejor destino que los purgados por Hitler, en menos de 24 horas cayeron algunos conspicuos políticos en rápida sucesión, como si de un juego de palitroques se tratara, en lo que nadie duda en calificar como la jornada más apasionante de los últimos tiempos en nuestra política chilena. Sin embargo, como a algunas epidermis más delicadas les pudiera desagradar que compare yo a nuestro angelicales políticos con el nazismo aberrante, me cambio de inmediato de analogía a una menos ofensiva, aunque no menos urticante. Eugenio Ionesco, usted también lo sabe, fue un genial dramaturgo de origen rumano y uno de los máximos exponentes del llamado “Teatro de lo Absurdo”, un género de comedia donde la incoherencia, lo ilógico y el disparate, son parte esencial de esta forma de dramaturgia.

Si usted siguió como pudo la incoherencia y lo ilógico de los sucesos políticos acaecidos ayer, y que avergonzaron a medio Chile (la otra mitad se frotaba las manos sentada en la galería), entenderá de inmediato la comparación con ese teatro de lo absurdo que nos mostraron ayer, y donde los actores entraban y salían de los diferentes escenarios, siendo el último las oficinas del Servel en calle Esmeralda, poco antes de las doce de la noche. Salvo los integrantes de la única lista que logro inscribirse, y que fue la del Apruebo Dignidad representando al Partido Comunista y al Frente Amplio, el resto quedó desperdigado en un camino de traiciones y ridiculeces, como la que sufriera Ximena Rincón a manos de la directiva de su propio partido que quiso desbancarla en provecho de doña Yasna Provoste, más otras escenas francamente grotescas, como las del Partido Socialista que jugó al “compra huevos” hasta última hora sin que nadie quisiera tragarse sus maniobras.

Para algunos el ridículo más notorio por lo unipersonal, fue el de Carlos Maldonado, presidente del Partido Radical, que llegó tempranamente a las oficinas del Servel, sentándose con tierna ingenuidad, a esperar que algún sobreviviente de las maniobras sibilinas del Partido Socialista, llegara a integrar con él una lista para las primarias de julio. No apareció nadie. Y ahí estuvo don Carlos sin que ninguno de sus socios llegara a ofrecerle siquiera un café para esa fría noche santiaguina. Sin embargo, para mí fue el único representante digno de esa cofradía de oportunistas que quedaron agonizantes luego de su gran derrota del fin de semana pasada. Carlos Maldonado fue también el único que no se doblegó a la estratagema de los socialistas, aquella de blindar a su candidata forzando durante el día, las renuncias de sus aliados de Unidad Constituyente con el fin de llegar respaldados por todos ellos a una primaria donde se medirían con comunistas y frenteamplistas. La maniobra era buena porque así, ganando la primaria, se operaban de inmediato del peligroso dúo de Boris y Jadue, que tenían a su favor haber sido ganadores de las elecciones habidas recientemente.

El resto usted ya lo sabe. Ojalá les sirva de lección que hacer pisar el palito al astuto alcalde de Recoleta, es más difícil que agarrarle el trasero a un ánima. La señora Narváez, que junto a Alvaro Elizalde reaccionaran furiosos lanzando insultos a diestra y siniestra, más a siniestra que a diestra, y que recurrieran incluso a la figura de Salvador Allende, cuyo ejemplo y legado traicionaron vendiendo sus gobiernos al neoliberalismo en estos últimos 30 años, esta señora, digo, que surgió de entre los refajos de Bachelet, no le queda otra que rascarse con sus propias uñas, no importa qué lugar de su cuerpo le esté picando.

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