La cruzada hipócrita de Sérgio Moro contra Jair Bolsonaro
por Gaspard Estrada (Paris, Francia)
6 años atrás 5 min lectura
Jun 11 2020
Ahora que ha salido del gobierno brasileño, el exjuez y exministro ha redescubierto las bondades del Estado de derecho que contribuyó a poner en riesgo. No debemos olvidarlo.
Brasil vive muchas crisis al mismo tiempo. Está por volverse uno de los epicentros mundiales de la pandemia y también cada día se profundiza una crisis política.
En las últimas semanas, al menos cuatro ministros del gobierno de Jair Bolsonaro han renunciado o han sido forzados a renunciar. Quizás la renuncia más desafiante para el presidente sea la de quien fue su Ministro de Justicia, Sérgio Moro. Cuando renunció, acusó públicamente a Bolsonaro de querer interferir políticamente en la policía federal. De este modo, el exjuez —quien dirigió la operación anticorrupción Lava Jato—, dejó clara su intención de recuperar el papel de “justiciero” de Brasil que lo llevó a fama.
Pero al hacerlo, Moro se aventura en un terreno pantanoso.
Al fondo de este súbito cambio de ministro estrella de Bolsonaro a su perseguidor, hay una paradoja que los brasileños no deberían perder de vista: en 2017, como autoridad del poder judicial, Moro condenó al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y se popularizó su frase: “La ley es para todos”. Pero cuando tiempo después se dio a conocer información sobre cómo el exjuez había manipulado los mecanismos de delación compensada y que había ocultado pruebas del proceso a la Suprema Corte—condenó a Lula da Silva por “actos de oficio indeterminados” con el beneplácito de la corte de apelación de Porto Alegre, que estimó que la operación Lava Jato “no necesita seguir las reglas procesales comunes”—, quedó en evidencia que para él la ley no es igual para todo mundo.
Así que cuando Moro acusó a Bolsonaro de querer politizar la justicia intentando interferir en la policía federal para tener información de investigaciones en curso, haríamos bien en ver la ironía.
Si bien es indispensable que se investigue el supuesto intento de Bolsonaro de interferir en órganos judiciales autónomos, la justicia y los ciudadanos no deben dejar de cuestionar (e indagar) los métodos de Moro en su cruzada anticorrupción cuando era juez y su silencio y complicidad cuando fue miembro del gobierno de Bolsonaro.
La revelación de vínculos de la familia del presidente con las milicias que controlan buena parte de Río de Janeiro y las tentativas del presidente, dadas a conocer al público en los meses pasados, para entorpecer las investigaciones judiciales le dan verosimilitud a las denuncias de Moro. Sin embargo, lo que el exjuez no le dijo a la opinión pública —ni a los policías que lo interrogaron recientemente— es que, según algunas investigaciones periodísticas, él también hizo uso de su influencia política como ministro: de acuerdo con el propio Bolsonaro, Moro le dio información privilegiada sobre operaciones en curso de la policía federal que podían afectar a miembros de su gobierno.
Incluso antes de su llegada al gabinete de Bolsonaro, durante su paso por la magistratura, Moro dio señales claras de no respetar el Estado de derecho. Como juez a cargo de Lava Jato, no dejó de intimidar y amedrentar a las pocas personas que lo criticaron en aquel entonces, fueran periodistas, abogados o miembros de la academia. Aunque oenegés como Reporteros Sin Fronteras u organismos como la Orden de Abogados de Brasil protestaron por los métodos de Moro, el entonces juez mantuvo sus prácticas e incluso llegó a espiar ilegalmente las conversaciones telefónicas entre abogados y clientes para anticiparse a las estrategias de la defensa.
En lugar de presentar su renuncia, Moro se limitó a pedir “disculpas” a la Corte Suprema. Esta estrategia ha sido común en el gobierno de Bolsonaro: ha sido suficiente admitir la culpa y no sufrir consecuencias judiciales. El ministro de Ciudadanía, Onyx Lorenzoni, se disculpó por haber recibido dinero ilegal para sus campañas electorales. En vez de iniciar una investigación oficial a través de la policía federal —bajo su comando—, Moro expresó “admiración” por su colega al “asumir la culpa y tomar las medidas para reparar su error”. El propio Jair Bolsonaro ha pedido disculpas (de manera reciente, a una periodista a la que había mandado callar) sin mayores repercusiones.
Cuando Moro era ministro de Bolsonaro se quedó en silencio ante distintos atropellos democráticos. No dijo nada cuando el presidente comenzó a intervenir en los principales organismos del Estado con la intención de controlarlos. Y así fue como el fisco y los servicios de inteligencia fueron progresivamente tutelados por el entorno de Bolsonaro. E incluso, unos días antes de renunciar a su cargo, Moro le sugirió al presidente una vía legal para disminuir las atribuciones de fiscalización del Instituto Brasileño de Protección del Medioambiente.
Habría que hacer un ejercicio de memoria: a finales de 2018, cuando Moro aceptó formar parte del gobierno de Bolsonaro, parecía vender la idea de que su incorporación sería una garantía del respeto al Estado de derecho. Gracias a las revelaciones del periodista Glenn Greenwald y del archivo Vaza Jato, hoy sabemos su idea de Estado de derecho: colusión entre el juez y la acusación, selectividad en las investigaciones, manipulación de denuncias y motivaciones financieras detrás de la bandera “anticorrupción”. Cuando se dio a conocer esa información, Moro respondió adoptando la misma estrategia del presidente: asociando a los periodistas con criminales e intentando destruir pruebas.
Ahora que ha salido del gobierno, Moro ha redescubierto las bondades del Estado de derecho y de la libertad de prensa que contribuyó a poner en riesgo. No debemos olvidarlo.
Hoy la democracia brasileña está en peligro. Aunque Moro haya hecho lo correcto al renunciar y denunciar posibles infracciones a la ley del presidente, la justicia brasileña debe juzgar cuanto antes las investigaciones sobre sus métodos como juez y como ministro.
Si el propio Moro quisiera defender la democracia del país y evitar que los retrocesos autoritarios profundicen la distopía brasileña, debería renunciar a sus ambiciones políticas y reconocer que no se puede luchar contra la corrupción usando métodos corruptos. Una disculpa no es suficiente.
-El autor, Gaspard Estrada (@Gaspard_Estrada). es experto en política latinoamericana. Director ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC) de Sciences Po, en París.
*Fuente: New York Times en español
Artículos Relacionados
Los documentos sobre la corrupción presidencial en el Ecuador
por inapers.org
7 años atrás 3 min lectura
España: alianza “político mediática” busca que la sociedad civil olvide la existencia del pueblo saharaui
por Alfonso Lafarga (España)
2 años atrás 6 min lectura
Las redes políticas de Leonarda: asesores del gobierno y de parlamentarios, vinculados con empresas
por Catalina Olate, Benjamín Miranda y Nicolás Sepúlveda (Chile)
2 años atrás 16 min lectura
Relaciones peligrosas: los pecados de Israel en América Latina
por Lautaro Rivara (España)
2 años atrás 8 min lectura
Colombia: el dato del que nadie habla y es el que explica el enojo de medio país empobrecido
por Gabriel Bulgakov (Rusia)
5 años atrás 1 min lectura
Alsacia Express: Los secretos en Islas Bermudas del mayor operador del Transantiago
por Alberto Arellano (Chile)
8 años atrás 19 min lectura
Fidel, 26 de julio 1989: Si la URSS se desintegrara, «¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!»
por Comandante Fidel Castro (Cuba)
13 horas atrás
29 de abril de 2026
«Si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!»
Peña en Solidaridad con Cuba
por Comité Memorial Puente Bulnes (Chile)
14 horas atrás
29 de abril de 2026
El Comité Memorial Puente Bulnes está desarrollando una campaña de solidaridad con Cuba, por paneles solares, por lo cual se invita a una Peña, este sábado 2 de mayo y/o solicitamos su colaboración.
Habermas después de Gaza
por Amelia Horgan (EE.UU.)
1 semana atrás
20 de abril de 2026
Alemania ha sido un importante proveedor militar de Israel. Entre 2020 y 2024, suministró el 30% de las armas de Israel. Después de los Estados Unidos, es el segundo mayor proveedor militar de Israel. El volumen de exportaciones militares autorizadas de Alemania a Israel aumentó a partir de octubre de 2023: se multiplicó por diez con respecto al año anterior, pasando de 32 millones de euros a 326,5 millones de euros.
Las “dos almas” del PC: un mito cómodo
por Comité Editorial El Despertar (Chile)
1 semana atrás
20 de abril de 2026
El centralismo democrático, formulado por Lenin, es un principio organizativo que combina libertad de discusión interna con unidad de acción hacia el exterior. Lenin lo resumió con precisión: “La libertad de discusión, la unidad en la acción”.