Honduras: Escuadra Cobra se niega a reprimir al pueblo
por Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo (Chile)
8 años atrás 5 min lectura
06/12/2017
La República de Honduras tiene una posición geográfica privilegiada en Centro América: está ubicada muy cerca de Estados Unidos y de México y, además, es el portaviones del narcotráfico, recibiendo las drogas elaboradas de Colombia para ser enviadas a Norteamérica. Después de Haití, Honduras es el segundo país más pobre de América Latina: el 60% de sus habitantes viven en la pobreza, de los cuales el 40% en la extrema pobreza. Este país ha sido utilizado por Estados Unidos para mantener el control político de Centro América: los sucesivos gobiernos se han prestado para el envío de tropas a Nicaragua y el Salvador, luego del triunfo del sandinismo y, en Salvador, contra la guerrilla Farabundo Martí. Anteriormente, fue utilizado para derrocar el gobierno de Jacobo Arbenz, en Guatemala.
Honduras fue el típico ejemplo de un país “bananero”, dominado por las empresas norteamericanas del plátano; hoy, su exportación principal es el café. En el año 2009, el Presidente liberal Manuel Zelaya propuso, unos meses antes de terminar su gobierno, la instalación de una cuarta urna, en que se preguntaría a los ciudadanos si estaban de acuerdo con la convocatoria a una Asamblea Constituyente; aunque esta consulta no tenía carácter vinculante, provocó el terror en la oligarquía hondureña, razón por la cual planificaron un golpe de Estado que, apoyado por el ejército, secuestró a Zelaya y luego lo envió en un avión a San José de Costa Rica.
Para disimular la brutalidad del golpe militar, la oligarquía colocó en el cargo de Presidente a un civil, el viejo congresista Roberto Micheletti. Los demás países latinoamericanos y la OEA se negaron a reconocer al nuevo Presidente, un nuevo Pinochet de pacotilla. El heroico pueblo hondureño resistió, desde el primer momento, la sangrienta tiranía, y el Presidente Zelaya intentó entrar al país por el aeropuerto internacional de la capital, Tegucigalpa, pero fue impedido por los vehículos militares, que hicieron imposible el aterrizaje del avión – en esa ocasión, muchos ciudadanos fueron masacrados por los militares -. Más tarde, Zelaya intentó volver al país por la frontera con Nicaragua, pero sólo alcanzó a llegar hasta el letrero limítrofe.
El derrocado gobierno de Zelaya fue reemplazado, después del corto período de Micheletti, por el también civil Petronio Lobos, quien dio inicio a la dictadura del Partido Nacional. En 2013 lo sucedió Juan Orlando Hernández, después de unas elecciones fraudulentas en que desplazó a Salvador Nasralla.
Los gobiernos del Partido Nacional se han caracterizado por su relación con los narcotraficantes, (el hermano de Petronio Lobos se encuentra en una cárcel, en Estados Unidos). Salvador Nasralla no es un político tradicional, y se hizo famoso como locutor deportivo y, apoyado por sus adherentes, fundó un Partido, Contra la Corrupción, que fue borrado de los Registros por el Tribunal Supremo Electoral.
A las elecciones del 26 de noviembre del presente año se presentaron tres combinaciones políticas: el Partido Nacional, con su candidato, el Presidente en ejercicio – ilegalmente se presentaba a la reelección -; el Partido liberal, de Luis Zelaya y la Alianza contra la Dictadura, liderada por Salvador Nasralla, cuyo coordinador electoral era el ex Presidente, Manuel Zelaya.
Como ocurre en muchos gobiernos de Latinoamérica, el Partido gobernante se va apropiando de todas las instituciones, pues los balances no existen, y la división de poderes en un régimen presidencialista, es un chiste. El actual mandatario gobierna sin ningún control ni contrapeso y nombra, según su voluntad dictatorial, a los magistrados del Tribunal Supremo Electoral.
En las últimas elecciones presidenciales, de parlamentarios y municipales se dio la sorpresa que hasta las 2:00 A.M. estuviera ganando el candidato de la Alianza contra la Dictadura, Salvador Nasralla, por más de 100.000 de diferencia respecto al Presidente de la República, pero a esa hora, sospechosamente, se cayó el sistema computacional y, por su puesto, dejaron de comunicar los resultados. Cuando se repuso el sistema, ¡oh milagro!, apareció ganando el jefe de Estado. Este tipo de fraude eran propios de las Estados inviables, (en México es ya una costumbre el robarse las elecciones, lo hicieron con Cárdenas y dos veces con López Obrador, y en Colombia, hace varias décadas lo hicieron con el ex dictador populista, Gustavo Rojas Pinilla a favor de Misael Pastrana Borrero).
En Honduras fue tan evidente este último fraude que los observadores internacionales de la Comunidad Europea y, mucho más tarde, la OEA, (sigue siendo el ministerio de colonias de Estados Unidos), se vieron forzados a poner en duda los resultados entregados por el Tribunal Supremo Electoral, en que daba por ganador al actual mandatario. Se hace demasiado raro que en el 25% de las Actas, un candidato que iba perdiendo por 100.000 votos, haya logrado superar al ganador Nasralla por 50.000 sufragios.
La Alianza contra la Dictadura solicitó la revisión de 5.174 Actas adulteradas; ahora, como el fraude se hace cada vez más evidente, ha solicitado la revisión de las 18.000 Actas, en un acto público, con la asistencia de representantes dela OEA y de la Unión Europea.
El pueblo hondureño ha tomado el camino de la resistencia civil y no obedecer la medida del Estado de sitio, decretado ilegalmente por el vicepresidente, con un toque de queda desde las 18 horas a las 06 horas del día siguiente.
En San Pedro Sula y otras ciudades se han producido enfrentamientos con la policía, además de saqueos en las principales tiendas del centro de las ciudades.
La policía, agotada por el abuso de un gobierno corrupto, ha decidido iniciar una huelga de brazos caídos, es decir, no reprimir a sus conciudadanos, que también intentan convencer a los sectores de más baja graduación del ejército para que se sumen a su actitud.
El luchador pueblo hondureño es un ejemplo para el resto de los países de América Latina, que luchan por una verdadera democracia.
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