Acabo de leer la noticia acerca de la inclusión de la Filosofía en la malla curricular de estudios medios, incluso en los estudios técnico- profesionales, después de haber pasado por un tiempo en que se pensaba suprimir esta disciplina del campo estudiantil.
Me parece muy importante la inclusión del aprender a reflexionar, a atender a las materias reflexionables y debatir sobre su veracidad y pertinencia dentro del campo de la cultura humana.
Pero, por lo que yo me recuerdo de la clase de Filosofía del colegio, los profesores enseñaban más bien Historia de la Filosofía y no la práctica de filosofar.
Luego en la Universidad, no en mi carrera primaria que fue Economía en la Pontificia UC, en que circularon varios profesores de Filosofía que no lograron transmitirnos nada, así como tampoco los de Cultura Católica, fue en la Universidad Diego Portales, en la carrera de Psicología, donde por primera vez, a los 40 años, tuve varios profesores que nos supieron trasmitir el concepto de filosofar y la importancia de la Lógica en el pensamiento racional y científico.
De eso ha pasado muchos años, y con la reflexión que me ha dado toda una vida, es que sigo creyendo que lo más primordial de la enseñanza, luego de la aritmética, la regla de tres y la geometría, es la reflexión sobre el Ser Humano como creatura biológica, emocional, pensante, parlante, cultural, cívica e histórica.
Todos esos ramos que se enseñan por separado, deberían referirse a la unidad del Ser Humano y su entorno, comenzando en el Jardín Infantil. Y esta unidad la encontramos en la Filosofía.
No podemos pensar en seres humanos como recolectores de información, sin que esta información no se refiera a nosotros mismos y a nuestra vida en relación a nuestra naturaleza biológica y cultural.
Ni Heráclito ni Parménides, van a tener sentido, si no nos reconocemos en nuestro prójimo, si no reconocemos nuestras emociones y aprendemos a manejarlas, si no nos sentimos partes de una sociedad, con una cultura y un lenguaje que tienen un propósito.
Antes de conocer a los Merovingios, tenemos que partir reconociendo quienes somos, donde estamos, y cuáles son nuestros sueños para el futuro.
Antes de aceptar en nuestra mente las guerras y conquistas como algo natural, tenemos que conocer las ventajas de convivir en paz. Antes de lamentar el Holocausto racial, y la violencia azuzada por las ideologías maniqueas (o blanco o negro) debemos extirpar las ideas mitológicas de razas, que son solo variaciones fenotípicas del ser humano que se expresa en toda la gama de colores, y que tienen que pensar y repensar constantemente cómo se organiza en pueblos y estados para la buena convivencia.
Antes de gritar contra el Estado, debemos reconocer la función de éste para vivir en orden aceptando normas comunes para no andar a las patadas; y antes de querer que todo lo resuelva el Estado, debemos darle crédito a que nadie es igual al otro ni se puede fabricar un solo modelo de camisa, y que la creatividad individual es fuente dinámica de progreso.
Y al comenzar la discusión política, el manejo de la Polis es decir de la Ciudad-Estado de los Griegos, donde buscaremos el acomodo entre Individuo y Sociedad, debemos aplicar la buena voluntad de llegar a consenso, y la Ética del recto pensar, del pensar lógico y no mezclar peras con manzanas para confundir al contrincante. Solamente de ese modo podremos tener leyes sabias que fomenten la buena convivencia.
El conocimiento de la naturaleza Física de nuestro entorno, y la naturaleza Biológica de nuestro cuerpo, nos enseña nuestras limitaciones como cuerpos físicos y el origen de muchas de nuestras emociones.
El conocimiento de nuestra historia con sus partes claras y oscuras, nos muestra lo difícil que es organizarse y como el entorno histórico cultural del mundo ha influido en lo que somos, o lo que no somos.
El conocimiento de nuestra lengua materna nos ayuda a delimitar conceptos en forma clara que nos permitan comunicarnos sin ambigüedades.
Así, ejerciendo la reflexión, podremos aplicar nuestra curiosidad y creatividad a nuestro vivir, y podremos ser más felices ejerciendo nuestras facultades humanas para crear mundos mejores.
Y toda la reflexión sobre nosotros y nuestro quehacer en este mundo, es Filosofía.
Y vale la pena cultivarla.
Olga Larrazabal S.
Marzo 2017
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