Santos, Nobel de Paz: Bofetada a las víctimas de los falsos positivos
por José Antonio Gutiérrez D. (Tlaxcala)
10 años atrás 7 min lectura
Por fin Santos logró lo que tanto anhelaba: el premio Nobel de la Paz. Desde luego, la firma del acuerdo en Cartagena el día 26 de Septiembre había sido cuadrada de manera premeditada para que coincidiera, como de casualidad, con la nominación.

Es que Santos no da puntada sin hilo, y una vez más, como para su reelección, las FARC-EP lo ayudaron a cumplir un sueño. No el sueño de la paz en Colombia, sino su sueño personal, al cual se han supeditado todas sus acciones –aún cosas tan mínimas como la elección de fechas para los momentos claves del proceso de paz. Lamentablemente para ellas, Santos ni siquiera los reconoció salvo de pasada y de manera implícita en la ceremonia de entrega. ¿Para qué? Si este premio vuelve a demostrar que la paz que se está construyendo es la paz de Santos y la insurgencia son los malos de la película, el sapo que hay que tragarse pero en el que no cabe ninguna clase de reconocimiento.
Quienes aún afirman que esta es una paz sin vencedores ni vencidos, una paz entre dos partes iguales, equivalentes, donde reina la bilateralidad, etc., no se han percatado de nada ni entienden nada. La comunidad internacional es parte de esta narrativa que se está forjando para el postconflicto: a Santos se le trata con la admiración con la cual los niños en el circo observan al domador de leones. Santos es así, mitad domesticador, mitad pacificador. En sus fases más benevolentes, le gusta presentarse como el padre del hijo pródigo que acepta en el marco de la sociedad burguesa a su hijo descarriado. El comunicado del comité del Nobel da la impresión que Santos ha logrado como un encantador de fieras sentar a las FARC-EP a hablar de paz. Por eso el premio es para él solito, para nadie más.
Su vanidad y su ego deben estar por las nubes y ya debe estar soñando que le queda solamente una cosa por delante para haber cumplido todas sus metas en la vida. Entrar al panteón de los héroes nacionales, junto a Bolívar, Santander, Núñez, Reyes, como el presidente de la paz en Colombia. Uno de esos héroes polivalentes que se posicionan por encima del bien y del mal, de izquierda y derecha, como referente para toda la nación. Sin embargo su impopularidad en Colombia, le impiden de momento esa distinción. Por lo pronto, entra a compartir el panteón de los personajes ilustres para la comunidad internacional (la que sin lugar a dudas, lo quiere más que los colombianos).
Se convierte así en el segundo colombiano en ganar un Nobel después de García Márquez, ese sí bien merecido. Se suma a otros personajes galardonados por la academia del Nobel por sus supuestos servicios a la paz del mundo. Entre ellos los presidentes norteamericanos Theodore Roosevelt (sí, el mismo que arrebató Panamá a Colombia e inauguró la “diplomacia de las cañoneras”), Barack Obama (el mismo que ha fortalecido los programas nucleares, que ha estado activamente detrás de la guerra en Siria y Libia, que ha aumentado el pie de fuerza en Afganistán y que, siendo el primer presidente negro, ha presidido la administración en la que más violencia se ha reportado en contra de los negros en las últimas décadas). Eso sin olvidar al eximio diplomático norteamericano Henry Kissinger, uno de los ideólogos de la política de exterminio en Vietnam. Así, Santos se suma a estos Nobel de la paz cuyas manos están bien manchadas con sangre.
Una cosa es reconocer que Santos –desde su perspectiva egoísta y los intereses gremiales del sector oligárquico que representa, interesados en profundizar la inversión en los territorios- abrió la mesa de negociaciones con las FARC-EP. Otra cosa es olvidar que Santos fue ministro estrella de defensa de Uribe cuando cobraba forma el escándalo de las chuzadas y de la parapolítica. Olvidar que fue él quien presidió el bombardeo a territorio ecuatoriano en el 2008, el que en su campaña se ufanó de estar orgulloso de que Colombia fuera visto como el Israel de América Latina y el que, como presidente, lloró de alegría cuando asesinó alevosamente, en estado de indefensión, y mientras negociaban la apertura de negociaciones, al comandante de las FARC-EP Alfonso Cano. Un crimen atroz y que puso en peligro la posibilidad de avanzar en el proceso de paz.

Pero el peor crimen del cual él fue directamente responsable fue el cobarde y perverso asesinato de miles de jóvenes colombianos en el escándalo de los llamados “falsos positivos”*. Fue él quien impuso a la soldadesca como muestra de “éxito”, el macabro conteo de de muertos, es directamente el responsable del secuestro y asesinato de estos jóvenes, y luego de la cadena de mentiras con que se justificaron las muertes, obstruyendo a la justicia en miles de casos. No creo que este Nobel, así lo celebre todo el país político, sea objeto de celebración para las madres de Soacha y las miles de personas que lloran la muerte de algún ser querido en este escándalo, y a quienes Santos ha sistemáticamente ignorado.

Mientras los medios destacaron solamente del discurso de Timochenko en Cartagena cuando pidió perdón, Santos no siente la necesidad de pedirle perdón a nadie, ni siquiera a las víctimas de este crimen de lesa humanidad del cual él fue directamente responsable. Acá no hay tal bilateralidad y toda la institucionalidad está buscando reforzar la imagen de que la insurgencia ha sido derrotada militarmente (lo que explica el susto con los Kfir y las declaraciones rimbombantes de los generales), y por lo que políticamente se achaca exclusiva y erróneamente el voto NO (como un voto únicamente de rechazo a las FARC-EP) y también moralmente (son ellas las que tienen que pedir perdón, nadie más). El premio Nobel de la paz sencillamente termina de cuadrar el círculo, como se dice. Este es el triunfo de Santos, la paz de Santos, que logró pacificar a una de las “guerrillas más sanguinarias del mundo”, como les llama la revista Semana[1].

Las Madres de Soacha

Alfamir Castillo, madre de Darbey Mosquera Castillo, asesinado junto con Alex Ramírez Hurtado. Fueron presentados como «NN pertenecientes a bandas criminales al servicio del narcotráfico»
Santos ha dicho que este triunfo es de todas las víctimas, de las cuales habla en neutral, como si él no tuviera nada que ver en todo esto. Le recomiendo a Santos que tenga un acto de humildad en su vida, vaya a Soacha, visite a esas madres que él ha rechazado y que sus guardaespaldas han sacado a patadas de sus actos, y que a través de ellas les pida perdón a todas las víctimas de los falsos positivos. Que visite a mujeres de la talla de Alfamir Castillo -cuyo hijo fue asesinado y presentado como un falso positivo- y que ha sido desplazada y exiliada no una, sino varias veces, por exigir justicia. Y aprovechando el impulso, ya que están jodiendo tanto a las FARC-EP para que declaren sus bienes y reparen a las víctimas, asegurarse de que los 850.000 euros que le van a otorgar con el premio, los entregue y así repare él también a las víctimas de los falsos positivos. Ellas, a diferencia de Santos que pertenece a una de las familias de la aristocracia más rancia, sí los necesitan. Es que la oligarquía colombiana es mezquina hasta para eso: la plata para las víctimas la sacan de los contribuyentes. Es decir, de los mismos pobres.
Qué insulto es este Nobel para las víctimas en Colombia, particularmente para las de los falsos positivos, así como para miles de personas que arriesgaron su vida exigiendo la solución negociada al conflicto cuando Santos estaba repitiendo las mantras de la seguridad democrática. Nuevamente queda claro que la popularidad de Santos es inversamente proporcional en el extranjero y en Colombia. Mientras más lo aplauden afuera, más impopular es en su propio país.
Nota del autor
[1]http://www.semana.com/nacion/articulo/firma-de-la-paz-entre-el-gobierno-y-las-farc/495636
Nota del editor
*El escándalo de los Falsos Positivos en Colombia es como se conoce a las revelaciones hechas a finales de 2008 sobre el involucramiento de miembros del Ejército de Colombia en el asesinato de civiles inocentes, haciéndolos pasar como guerrilleros muertos en combate dentro del marco del combate a grupos armados irregulares que vive el país. Estos asesinatos tenían como objetivo presentar resultados por parte de las brigadas de combate. A estos casos se les conoce en el Derecho Internacional Humanitario como ejecuciones extrajudiciales y en el Derecho Penal Colombiano como homicidios en persona protegida.
https://www.youtube.com/watch?v=Srxt7bGBsr4
Gracias a: Tlaxcala
Fecha de publicación del artículo original: 08/10/2016
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