Una opinión acerca del artículo «Soy partidario que los militares chilenos pidan perdón […]
por Hermes H. Benítez (Canadá)
10 años atrás 4 min lectura
El autor parte afirmando en su artículo ( «Soy partidario que los militares chilenos pidan perdòn […]) que «Los militares chilenos deben pedir perdón y abrirse a un diálogo que de verdad repare a Chile». Uno que saque a la luz los más egregios e irresueltos crímenes de la dictadura, pero no solo aquellos cometidos contra la vida de sus enemigos y opositores, sino también sus mayores «crímenes» económicos. No cabe duda que «en pedir no hay engaño». Porque la solicitud de Adolfo Latorre es, en las actuales condiciones políticas de nuestro país, es algo enteramente irrealista, utópico. Es manifiesto que, tal como los Nazis juzgados en Nüremberg con posterioridad al término de la Segunda Guerra Mundial, los militares chilenos que cometieron crímenes de lesa humanidad bajo la dictadura, no reconocerán jamás su responsabilidad en tales acciones, como lo evidencia su empecinada negativa a entregar información que permitiera ubicar los lugares donde fueron lanzadas o enterradas sus víctimas.
En cuanto a los crímenes económicos que se cometieron en contra del Estado chileno durante la dictadura, y especialmente aquellos que tuvieron lugar en las últimas semanas y días previos a su reemplazo por la «Democracia Tutelada», parecieran existir mayores posibilidades de que lleguen a ser investigados y castigados. Pero, como es manifiesto, ello requeriría de la creación de una compleja serie de condiciones políticas que aún estamos muy lejos de poder alcanzar.
Dejaré de lado aquellos pasajes del artículo de Adolfo Latorre en los que éste pareciera intentar una explicación de las razones del Golpe, por referencia al «estado psíquico» de Pinochet, y otras frases por el estilo, que me parecen tener sentido solo si se las interpreta como una forma irónica de argumentar. Como quien dice, a la manera de un Mark Twain, pero que, a mi juicio, descaminan y confunden la argumentación que allí se hace.
En seguida Adolfo Latorre nos informa que él es uno de aquellos que creen «que Allende se equivocó al posponer el plebiscito más allá de julio o agosto». No cabe duda que el Presidente Allende cometió varios errores políticos y tácticos durante su gobierno, y algunos de gran calado. Pero no me parece que él se haya equivocado en lo que le achaca Adolfo Latorre. Porque en realidad no hubo una tal postegación de la fecha del llamado al plebiscito por parte de Allende. Lo que ocurre es que el articulista asume, inconcientemente, que la idea de realizar una consulta plebiscitaria habría estado en la cabeza del Presidente desde hacía varios meses, o semanas, antes del Golpe. Pero esta me parece una suposición infundada. Hasta donde sabemos, no existe ningún documento o testimonio que demuestre que Allende hubiera contemplado aquella posibilidad por largo tiempo. Le estaría muy agradecido a Adolfo Latorre si él pudiera poner a mi alcance a información que permitiera refutar lo que aquí afirmo.
Parece mucho más razonable suponer que la idea de hacer un plebiscito se le ocurrió al Presidente pocos días antes, en su búsqueda desesperada de una salida a la aguda crisis política provocada por las acciones, tanto legales como fuera de la ley, de la oposición derechista y democristiana en contra de su gobierno, así como los movimientos sediciosos en la sombra de las FF.AA, que permitían a Allende, así como a cualquier chileno medianamente bien informado, anticipar la inminencia de un golpe cívico-militar de Estado.
En cuanto a lo que Latorre denomina como «la razón de por qué las FF.AA. no dieron tiempo a Allende para comunicar el plebiscito», (es decir, por qué ellas se anticiparon a su anuncio público en aquel acto a realizarse en la Universidad Técnica del Estado aquella mañana, y dieron el Golpe la madrugada del día 11), existe una a explicación mucho más sencilla que todas las hipótesis propuestas por el articulista.
La razón es que el Golpe, que estaba originalmente planeado para una fecha posterior, fue adelantado por los conspiradores, precisamente porque un llamado a plebiscito por parte de Allende destruía una de las principales pseudo justificaciones esgrimidas por la Derecha y la DC para derrocar al Gobierno Popular, esto es, que Allende carecía de toda legitimidad porque su gobierno se había puesto al margen de la legalidad. Los cabecillas golpistas comprendieron de inmediato que si Allende llamaba a un plebiscito aquel día podía terminarse para ellos toda posibilidad de dar un golpe o, en el mejor de los casos, que éste podía postergarse indefinidamente. Como la oposición unida y financiada por el Imperio no fue capaz de ganarle limpiamente a Allende en este juego de ajedréz, del que dependía la vida y el bienestar de nuestro pueblo por muchos años, simplemente procedieron «a patear el tablero», con la bota de las Fuerzas Armadas.
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HBenitez una vez más poniendo los puntos sobre las ies
Gracias, Sr Benítez.
A veces la señora Verdad encuentra una buena memoria para completar un rompecabezas de hace 40 años
Lo cierto es que Allende y sus aliados visibles -e invisibles- encontró una rendija que jamás la oligarquía tradicional chilena había tenido en cuenta, y alcanzó a filtrarse.
La oligarquía argentina de entonces, tras derrocar a Perón y hasta la Democracia, simplemente ocupó todos los cuartos con militares en el gobierno y en la calle.
No hubo rendijas disponibles. El marxismo buscó siempre aliarse con quien sea, pero no tuvo éxito. La D.C. de allá se escondió.
Y la masacre vino y se fue.