El amaranto: la planta justiciera que ataca a los cultivos transgénicos
por Vera Júarez (La BioGuía)
10 años atrás 3 min lectura
El amaranto, conocido en Perú como «kiwicha», le está trayendo dolor de cabeza a la trasnacional empresa Monsanto, el gigante estadounidense tristemente conocido por su producción y comercialización de semillas transgénicas. Esta «mala hierba» o yuyo, crece naturalmente y termina por acabar con los sembrados de soja. Los agricultores de Estados Unidos debieron abandonar 5 mil hectáreas de soja transgénica y al poner bajo amenaza otras 50 mil. El fenómeno ya se ha extendido de Carolina del Sur y del Norte, Arkansas, Tennessee y Missouri.

Los campos donde creció el amaranto habían sido sembrados con granos «Roundup Ready«, que contienen una semilla que ha recibido un gen capaz de resistir al potente herbicida. Sin embargo, en el 2004 se comprobó que algunos brotes de amaranto habían sido capaces de resistir a ese poderoso producto, cuyo principio activo principal es el peligroso glifosato. Aunque sea difícil de creer, actualmente en América del Sur se aplican, en promedio, 15 litros de glifosato por hectárea por año.
Según un grupo de científicos británicos, se ha generado una transferencia de genes entre la planta modificada genéticamente y algunas hierbas como es el caso del amaranto; lo cual contradice las afirmaciones de los defensores de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) que sostienen que la hibridación es imposible.
Frente a esto, la única solución pareciera ser arrancar manualmente las malas hierbas, pero esto ya no es posible debido a las enormes dimensiones de los cultivos y al hecho de que se encuentran profundamente arraigadas. Las tierras, entonces, fueron directamente abandonadas.
Amaranto vs transgénicos

Aunque el amaranto era una planta sagrada para los Incas, los conquistadores españoles prohibieron su cultivo y su consumo; seguramente atemorizados por el uso que se le asignaba en los rituales de aquellos pueblos originarios. Solo en algunos lugares de América se siguió cultivando, especialmente en las zonas montañosas de México y los Andes.
Ahora, se enfrenta a uno de los mayores (y más peligrosos) gigantes transnacionales, convirtiéndose en un enemigo de la agricultura genética. Así, la naturaleza le devuelve un efecto bumerang a Monsanto al instalar en sus dominios, una planta que además, podría alimentar a la humanidad en caso de hambruna.

Los amarantos son plantas de hoja ancha que producen cantidades significativas de grano de “cereal” comestible. En las épocas precolombinas era concebido como uno de los alimentos básicos, casi tan importante como el maíz y el frijol.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el amaranto tiene un alto contenido de aminoácidos esenciales que, al combinarse con otros cereales, produce un alimento que se acerca al ideal para consumo humano. Sus hojas son aun más ricas en proteínas que la soja, contienen vitaminas A y C y sales minerales. Además, actualmente se detectó su capacidad para reducir el colesterol, la presencia de compuestos antioxidantes y sus propiedades antihipertensivas y antitumorales. Como fuente inagotable de proteínas de origen vegetal, también es recomendado en dietas hiperenergéticas e hiperproteicas.

En este marco, el proyecto Amaranth Future Food, subvencionado por la Unión Europea, busca incrementar el uso y productividad del amaranto para contribuir a la seguridad alimentaria y diversificación de la agricultura. También se desarrollan tareas sobre el cultivo y producción de alimentos con amaranto en cooperativas de mujeres en Nicaragua, y el cultivo de 18 variedades en suelos argentinos y del sur europeo para identificar los mejores genotipos.
Ésta es otra de las ventajas más importantes del amaranto en su lucha contra la soja transgénica y el hambre mundial: no sólo es capaz de resistir sequías, calor y plagas, sino que además puede adaptarse con facilidad a nuevas tierras y ambientes. Por eso, es una planta con un gran potencial que se despliega naturalmente y del que todos podríamos beneficiarnos.
*Fuente: La BioGuía
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«No creo que haya habido un pueblo judío hasta recientemente. Incluso le diré que ni siquiera pienso que hoy haya un pueblo judío»
¡¡Cómo emociona la lucha de la naturaleza contra los laboratorios asesinos!!
Tengo entendido que el traspaso horizontal de material genético inter especies, es una de las formas más habituales de la adquisición de nuevas propiedades por parte de seres vivos. De ese modo se producen cambios genéticos como los que hicieron posible la digestión de lactosa por parte del ser humano, o la digestión de harinas, sin morir en el intento. Hay que tener en cuenta que cuando comemos, nos estamos comiendo la genética de la planta o del animal y le estamos añadiendo sus genes a los nuestros. Y esto es posible porque nuestros genes y los de todo lo que nos rodea son muy parecidos.
Ahí vemos como los biólogos están jugando con la genética y no pueden predecir lo que va a suceder. Y un gene productor de veneno o de esterilidad se puede expandir por todo el mundo vegetal y no hay nadie que responda por el tema.
Hola!
Leo de Olga L., con sorpresa y alta preocupación:
– “un gene productor de esterilidad se puede expandir por todo el mundo vegetal”-
Pregunto:
– ¿Estaríamos frente a un GENOCIDIO VEGETAL?
– ¿Con-secuencias?
…………………
Sigo leyendo:
– “y no hay nadie que responda por el tema”-
Pregunto:
– ¿Se parecería, acaso, a algo como firmar un TPP con secretitos?
Don Oscar: le dio Ud. en el clavo, ya que ambas acciones están hipotecando el futuro de la comunidad y se han hecho sin consultar a nadie.