La situación de la política es también culpa de la ciudadanía que no convoca
por Andrés Ojeda (Chile)
11 años atrás 5 min lectura
Sábado 21 de febrero 2015
El sociólogo y analista político Manuel Antonio Garretón conversó con Radio Universidad de Chile sobre la actual situación que vive la política chilena y también sobre la perspectiva de la ciudadanía respecto de la actividad política.
Garretón, en ese sentido, expresó una postura crítica al carácter individualista de la sociedad actual y cómo ésta se ha centrado en buscar el propio interés en vez de movilizarse, salvo casos excepcionales, por el bien común.
¿Por qué cree usted que la ciudadanía no está participando en la política, existe una crisis?
Hay una separación entre política y sociedad que hace que la política sea vista cada vez más como una actividad que gira en torno a sí misma y que no responde a los grandes problemas de la sociedad. Y por otro lado, hay una sociedad conformada por una ciudadanía que es a mi juicio, salvo ciertos momentos, bastante amorfa, que tiene componentes individualistas y consumistas que le hacen imposible pensar en la sociedad en su conjunto. Le hacen rechazar la política, cuando ésta es la actividad en torno al conjunto, en torno a lo común.
Entonces, ¿cómo define las expresiones ciudadanas, las diversas marchas por el Transantiago, por la molestia con La Polar y por el rechazo a diversas acciones en que cae la llamada clase política y que se traducen en las bajas de la confianza de la ciudadanía en las encuestas?
Las expresiones ciudadanas no son la suma de opiniones individuales que se dan en la encuestas, ni son el alegato contra el Transantiago o contra La Polar. Las expresiones ciudadanas suponen un proyecto y para que haya proyecto tiene que haber una visión de conjunto y esa visión de conjunto no la obtiene, salvo momentos de crisis muy radicales como guerras o algo así, no vienen de la ciudadanía. Vienen precisamente de la política, de los partidos políticos cuya función es esa. El gran problema es que los partidos políticos no presentan proyecto histórico y que la ciudadanía no se interesa por el tema común y esos proyectos históricos.
Ante esa ausencia de protagonismo de los partidos políticos, ¿cómo la gente puede recobrar la confianza en la política?
El producto de una Asamblea Constituyente es una nueva Constitución que supere la heredada de la dictadura, pero también es un proceso por el cual se reconstituyen relaciones entre partidos políticos, políticos y ciudadanía, ¿por qué? porque es entorno a un proyecto. Es entorno a proyectos de sociedad que reconstituyen las relaciones entre política y ciudadanía, que se resuelve la crisis de la sociedad chilena, que es la crisis de la separación entre política y sociedad civil, por lo cual la política no cumple su rol y la ciudadanía tampoco cumple su rol.
¿Podemos decir que el problema entonces es que la ciudadanía no está “despierta”, no participa?
El problema no es que despierte la ciudadanía. El problema es que en la ciudadanía, que al igual que la clase política, hay una ausencia o el déficit de un proyecto histórico. Hay una expresión en lo que llamamos la ciudadanía, hay una expresión no ciudadana. Si la gente se expresa, la gente está despierta, pero está despierta por sus intereses; Esta despierta por sí misma; Esta despierta por lo que le interesa a ellos; Esta despierta porque sus hijos tengan una buena educación, independientemente que los otros no la tengan.
Entonces tiene ese problema, no es un problema del despertar de la ciudadanía. A mi juicio, el problema es que no hay movilizaciones o movimientos sociales que sean capaces de interpelar a la política y, al mismo tiempo, al apoyo y la movilización ciudadanas, como fueron por ejemplo las movilizaciones de 2011. Ahí está la importancia crucial, es un hito en la historia de Chile de ese momento.
Entonces ¿en Chile debiera vivir un periodo de crisis política para que la ciudadanía participe, cómo sucedió en Grecia?
Ahí se produjo una crisis radical de los partidos. Todos los partidos perdieron credibilidad, pero -por lo menos- usted tiene si uno se va a los actos políticos, no digo a las encuestas, a los actos políticos, al menos un 50 por ciento de la población vota por los partidos políticos, en promedio, y no hay otras alternativas, no se han planteado otras alternativas. Entonces, si se buscan otras alternativas, es probable es que no sólo se renueven estos partidos políticos sino que aparezcan otros. Pero de eso no le eche la culpa a los actuales partidos políticos, échele la culpa a la ciudadanía o a sectores de la ciudadanía que no son capaces de convocar en términos políticos. Lo que hacen es reclamar contra la política. Eso es lo que hace hoy la ciudadanía, apoyada por El Mercurio y La Tercera. En ese sentido hay una colusión entre la protesta ciudadana contra la política y lo que quieren los poderes facticos y los poderes económicos.
¿Qué futuro les espera a los partidos políticos? ¿Podrían desaparecer?
Mi impresión es que van a seguir existiendo y son de algún modo insustituibles. No estamos hablando que sean necesariamente estos partidos ni estas alianzas, pero para eso hay que reconstituir una relación, hay que tener un espacio. En la sociedad chilena de los treinta para adelante el espacio político era el espacio de encuentro. El Partido Comunista ¿qué es lo que era?, era sindicatos más partido político; el Partido Socialista era movimiento popular más partido político; el Partido Democratacristiano era el movimiento campesino, el movimiento estudiantil y partido político. Esa relación se rompió y yo no creo que pueda volver a ser igual. Eso sí que le aseguraría. Yo creo que van a haber fórmulas distintas de expresión ciudadana. Pero yo insisto, las expresiones ciudadanas no son la suma de opiniones individuales que se dan en las encuestas.
*Fuente: Radio U de Chile
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Indudablemente que la culpa no la tiene el chancho sino el que lo alimenta, la ciudadania elige al parlamentario que le entregue algo personal no importanto si se perjudica al resto de la ciudadania, por esta razon los politicos hacen y promueven programas donde hay provecho politico y no ciudadano, los politicos se seleccionan entre ellos para ser elegidos por la ciudadania, quien se compromete ha alimentarlos por el resto de su vida politica e incluso mas alla con honerosas pensiones cuyos valores jamas seran igualados por sus nacionales. Los programas del pueblo jamas seran aceptados por los politicos porque contravienen sus intereses personales. La culpa no la tiene el chancho.
Para que se acabe con la «cocina» de la derecha duopólica de modo que la patronal no impida satisfacer las urgencias de los trabajadores, para que se terminen los privilegios de la élite política y empresarial y así dejen de controlarnos, de robarnos, de traficar influencias y de armar grandes negociados, etc., lo que necesitamos es confiar y respaldarnos en nuestra propia fuerza. En la práctica ello significa organizarnos como clase para combatir cualquier variante política de los dominantes, en primer lugar su «democracia» abstracta, formal y de nulo sentido.
Las batallas a librar son duras porque el gobierno y la Alianza no nos toleran, ni hablar de respeto; de hecho, esterilizan todo cambio real con sus reformas con letra chica, con sus arreglines e indicaciones, también con cada vez más represión contra cualquiera que se atreva a desafiar su soberbia: sean los trabajadores más humildes, los mejor capacitados, los estudiantes o mapuches. Seguirán moderando y hablándonos de «pragmatismo». Sólo podremos conquistar nuestros derechos con los métodos de la lucha de clases, insistiendo con la Asamblea Constituyente Autoconvocada.