El universo según Monsanto: Todo es mío y lo tuyo también
por Gerardo Iglesias (Uruguay)
12 años atrás 4 min lectura
«La biotecnología y las transnacionales le están quitando al campesino una de las pocas cosas que supo estar en su poder: las SEMILLAS. La industria está produciendo variedades patentadas que uno no puede reproducir, y si lo haces corres el riesgo de pagar fuertes multas o ir preso. Están lanzando al mercado variedades resistentes pero no a las plagas, sino a los herbicidas que producen las mismas transnacionales. Todos los años tienes que comprar sus semillas y su herbicida. Control absoluto, poder absoluto. Eso no tiene nada que ver con aumento de productividad, eso se llama CONSPIRACION».
José Lutzenberger
La dictadura de las transnacionales
Colombia, Bangladesh, Brasil, India, Argentina, Sudáfrica, España… y la lista podría seguir hasta nombrar 29 países de todo el mundo. Son los que ya han caído ante el programa estratégico de las corporaciones transnacionales de la alimentación, uno de cuyos primeros objetivos fue y continúa siendo imponer sus semillas transgénicas en todo el mundo, y a como dé lugar.
A pesar de la gran resistencia que oponen miles de organizaciones sindicales, campesinas, políticas y ciudadanas en todas las latitudes, hay que reconocer que llevan la delantera.
Uno de los capítulos más recientes de esta lucha se produjo en India, donde una comisión científica nombrada por la Suprema Corte de Justicia, gobiernos y parlamentos estaduales y hasta el Comité Parlamentario Permanente en Agricultura se han pronunciado en contra de la liberación de cultivos genéticamente modificados.
Monsanto contra la berenjena libre Y el patrimonio de la humanidad
La berenjena constituye uno de los alimentos básicos en la India, y fue en ese país donde la berenjena transgénica pretendió ser introducida por Mahyco, la filial local de Monsanto, propietaria de la patente de ese cultivo. Pero la oposición generalizada que levantó provocó que las transnacionales adoptaran el Plan B.
“Si la India no quiere, no importa -reflexionaron los gerentes de Monsanto- crucemos la frontera hacia Bangladesh”. Y eso hicieron. Este país acaba de anunciar con bombos y platillos la liberación del cultivo de la llamada “Berenjena Bt” –la misma variedad rechazada en India– que contiene un gen del bacillus thuringiensis que le aporta resistencia a dos insectos endémicos en la región.
Poco importa si Bangladesh posee hasta ahora 100 variedades diferentes de berenjena, y que la región sea centro de origen de esta planta. Chitra Devi, científica de la Oficina Nacional de Recursos Fitogenéticos de India, informó que “La estructura de la flor de la berenjena favorece un proceso rápido de polinización cruzada. Por eso la contaminación con genes de la bacteria incorporados a la berenjena transgénica sería rápida e irreversible”.
El hecho consumado. La misma estrategia que utilizó Monsanto en América Latina para imponer su soja transgénica desde Argentina, donde logró instalar un cuartel general para la región hace casi dos décadas.
A partir de entonces se introdujeron de contrabando toneladas de semillas de soja transgénica en Brasil y otros países limítrofes, hasta que liberar su cultivo fue simplemente ajustar la norma a lo que ya era una realidad.
Hoy muchas organizaciones sociales recuerdan que de esta misma forma, de contrabando desde Bangladesh, fue como terminó ingresando e imponiéndose en la India el algodón transgénico en la actualidad extendido por todo el país.
Usted no puede, no sabe, usted no interesa De campesinos a delincuentes
Pero hay otros sitios donde Monsanto y las demás corporaciones de la alimentación cuentan con instrumentos –leyes y gobiernos- mucho más “amigables” que el de la India, incluso más sometidos que el de Bangladesh.
Colombia firmó una Tratado de Libre Comercio con Estado Unidos. Obedeciendo a los compromisos adquiridos en ese acto, el gobierno aprobó la llamada Resolución 970 según el cual no se podrán vender, ni siquiera intercambiar o utilizar en territorio colombiano ninguna semilla de ningún cultivo que previamente no haya sido certificada, obviamente, por las propias estructuras del gobierno sometido al TLC y las corporaciones.
Escandalosamente, ya se han decomisado toneladas de semillas criollas de los pequeños y medianos campesinos que se oponen a esta reglamentación, acorralándolos para que deban usar las semillas transgénicas aprobadas en masa y a ojos cerrados por el gobierno.
El reciente Paro Nacional Agrario colombiano de agosto pasado logró sacudir al gobierno que no tuvo más remedio que prometer que “congelaría” la Resolución 970. Apenas unos meses después está promoviendo un nuevo texto que los campesinos y sindicalistas estiman “aún peor que el anterior”.
La primera pregunta es: ¿alguien duda de que la meta de las corporaciones en Colombia es imponer un modelo agrícola en el cual unas pocas transnacionales monopolicen la producción de los alimentos básicos?
La segunda es: ¿alguien duda de que diseminar ese modelo a escala planetaria es la siguiente meta?
La tercera: ¿lo lograrán?
Fuente: Rel-UITA
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