Francisco: “Pecadores, sí, corruptos, no”
por Agencia Informativa Católica Argentina
12 años atrás 4 min lectura
Lunes 11 Nov 2013
Ciudad del Vaticano (AICA): El que no se arrepiente y “simula ser cristiano” hace mucho mal a la Iglesia, afirmó el papa Francisco en la Misa de esta mañana celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. El Papa señaló que todos debemos reconocernos “pecadores”, pero debemos estar atentos a no convertirnos en “corruptos”. Quien es benefactor de la Iglesia pero roba al Estado, añadió Francisco, es “un injusto” que conduce una “doble vida”.
El que no se arrepiente y “simula ser cristiano” hace mucho mal a la Iglesia, afirmó el papa Francisco en la Misa de esta mañana celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. El Papa señaló que todos debemos reconocernos “pecadores”, pero debemos estar atentos a no convertirnos en “corruptos”. Quien es benefactor de la Iglesia pero roba al Estado, añadió Francisco, es “un injusto” que conduce una “doble vida”.
Jesús “no se cansa de perdonar y nos aconseja” que hagamos lo mismo. El Papa se detuvo en su homilía sobre la exhortación del Señor a perdonar al hermano arrepentido, del que habla el Evangelio. Cuando Jesús pide que se perdone siete veces al día, observó el Pontífice, “hace un retrato de sí mismo”. Jesús, prosiguió, “perdona” pero en este pasaje evangélico también dice: “Atención a quien causa escándalos”. No habla de pecado, sino de escándalo, que es otra cosa. Y añade que “es mejor para él que se le ponga una piedra de molino al cuello y se lo arroje al mar, antes de que escandalice a uno de estos pequeños”. De ahí que el Papa se preguntara qué diferencia hay entre “pecar y escandalizar”:
“La diferencia es que quien peca y se arrepiente, pide perdón, se siente débil, se siente hijo de Dios, se humilla, y pide precisamente la salvación de Jesús. Pero de aquel otro que escandaliza, ¿qué cosa escandaliza? Que no se arrepiente. Sigue pecando, pero finge ser cristiano: la doble vida. Y la doble vida de un cristiano hace mucho mal, mucho mal. ‘¡Pero, yo soy un benefactor de la Iglesia! Meto la mano en el bolsillo y doy a la Iglesia. Pero con la otra mano, roba: al Estado, a los pobres… roba. Es un injusto. Ésta es doble vida. Y esto merece –lo dice Jesús, no lo digo yo– que le pongan en el cuello una muela de molino y sea arrojado al mar. No habla de perdón, aquí”.
Y esto, subrayó el Pontífice, porque “esta persona engaña”, y “donde está el engaño, no está el Espíritu de Dios. Ésta es la diferencia entre pecador y corrupto”. Quien “conduce una doble vida – dijo – es un corrupto”. Diverso es quien “peca y quisiera no pecar, pero es débil” y “va a lo del Señor” y pide perdón: “¡a ese el Señor lo quiere! Lo acompaña, y está con él”:
“Y nosotros debemos decirnos pecadores, sí, ¡todos, aquí, todos lo somos. Corruptos, no. El corrupto está fijo en un estado de suficiencia, no sabe qué cosa es la humildad. Jesús, a estos corruptos, les decía: ‘La belleza de ser sepulcros blanqueados, que parecen bellos, por afuera, pero dentro están llenos de huesos muertos y de putrefacción. Y un cristiano que se vanagloria de ser cristiano, pero que no hace vida de cristiano, es uno de estos corruptos. Todos conocemos a alguien que está en esta situación, ¡y cuánto mal hacen a la Iglesia! Cristianos corruptos, sacerdotes corruptos… ¡Cuánto mal hace a la Iglesia! Porque no viven en el espíritu del Evangelio, sino en el espíritu de la mundanidad”.
El Santo Padre recordó que San Pablo lo dice claramente en su Carta a los cristianos de Roma: “No se uniformen a este mundo”. Es más, precisó, el “texto original es más fuerte” porque afirma que no hay que “entrar en los esquemas de este mundo, en los parámetros de este mundo”. Esquemas, reafirmó, que “son esta mundanidad que te lleva a la doble vida”.
“Una podredumbre barnizada: ésta es la vida del corrupto. Y Jesús no les decía sencillamente ‘pecadores’ a estos, les decía: ‘hipócritas’. Y qué bello, aquel otro, ¿no? ‘Si cometiera una culpa siete veces al día contra ti y siete veces viniera a ti diciendo: ‘Estoy arrepentido, soy pecador’, tu lo perdonarás’. Es lo que Él hace con los pecadores. Él no se cansa de perdonar, sólo con la condición de no querer hacer esta doble vida, de ir a Él arrepentidos: ‘¡Perdóname, Señor, soy pecador!’. ‘Pero, vas adelante, vas adelante: yo lo sé’. Y así es el Señor. Pidamos hoy la gracia al Espíritu Santo que huye de todo engaño, pidamos la gracia de reconocernos pecadores: somos pecadores. Pecadores, sí. Corruptos, no”.+
*Fuente: Agencia Informativa Católica Argentina
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Una entrevista muy interesante que permite acceder a una opinión que describe la compleja situación que viven los pueblos de Palestina, el Líbano y los demás pueblos de esa región que Israel trata de apropiarse para transformarse en el loco sueño de los sionistas. «El Gran Israel».
No es mi intención criticar al Papa Francisco, porque comprendo que bastante está haciendo con intentar cambiar el rumbo de la Iglesia. Pero me gustaría saber en qué grupo (de pecadores o corruptos), integra él a los neo-liberales, a los socialistas y a los comunistas; así, por separado.
Tanto la Biblia como las actuales palabras del Papa, (prescindiendo de ideologías políticas), describen a Jesucristo como un buen comunista (el mejor por ser quien fue).
Sr. Papa Francisco: creo que Ud. estará de acuerdo conmigo en que «quien es anticomunista es también anticristo». A Ud. le ha caído en «suerte», canonizar como santos a los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II el próximo año.
Juan Pablo II (el polaco Wojtyla), fue un feroz anticomunista y por lo tanto, anticristo; ¿puede ser proclamado santo quien fue un anticristo?.
Todavía estaría a tiempo de rectificar, si los delincuentes que le acorralan, dentro y fuera del Vaticano se lo permitiesen, pero esos dominan muy bien la técnica de los asesinatos silenciosos y Ud. está en peligro. No sé si llegará a ser un gran y buen Papa, pero hasta ahora, está demostrando ser Ud. un gran hombre.
Parece ser que el concepto de «pecado» del cristianismo tradicional institucionalizado es de «ofensas a Dios» ý el concepto viene del Antiguo Testamento y del catálogo de pecados contenidos en la Torah, que es algo así como la Constitución de los israelitas. Si observamos, la mayoría de los pecados son sociales, requieren un prójimo y una comunidad, cosa que fue ratificada por Jesús. De modo que la corrupción sería una categoría entre los pecados, en que el pecador, corrupto o como queramos llamarlo, es adicionalmente un hipócrita que lleva una doble vida tratando de quedar bien con la comunidad, pero haciendo trampa por abajo. Y no se arrepiente en absoluto porque su finalidad es el poder y no la comunidad, tal como lo predicaba Jesús. Y esa fue una de las tentaciones de Jesús, que son muy ilustrativas y recomiendo leerlas. Algo así como los políticos en las elecciones que tienen discursos populistas para obtener el poder, y después actúan y legislan contra el pueblo y son los más acérrimos defensores de la beatería. Pero parece que no leen el mensaje del fundador de la religión, sino prefieren el de la Iglesia que se perdona con avemarías y golpes de pecho. El diablo vendiendo cruces.
Lo de siempre: a Dios ruegos, penitencias y reincidencias, al César los impuestos o la cárcel.
La verdadera honestidad no corresponde a los sistemas que hemos creado.
Aparecerá y se hará evidente cuando saquemos de una vez por todas de nuestros hombros al diablillo de la izquierda y al angelito del derecho. Esto para los que reconocen tener conciencia religiosa.
En el caso de los que tenemos conciencia ciudadana corriente, botar al genio anarquista, desaliñado y barbón y al otro, al complaciente legalista de cuello blanco y almidonado, siempre detrás de vidrios polarizados.
Este Papa puede resultar fuera de serie, y no me cabe duda que es especial, nada más como lo suelen ser algunos argentinos en general. Demoramos mucho en desprendernos de un idealismo ascético místico para ser lo que somos. Especialmente cuando nos formamos en una estructura de cierto peso moral-dogmático.
Pero al menos nos pone a pensar en profundidad sobre la diferencia entre ser corrupto y ser pecador.
Dios nos perdona, sí. Pero la conciencia que muere con nuestro cuerpo, esa no perdona.
Te hace ser como eres, mientras tu te crees ser como te ven y escuchan.
Pero no. No solo tú sabes a ciencia cierta quién eres.