Crónicas de un país anormal
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
El jefe de la “Gestapo chilena”, desde su hotel cinco estrellas, habla en televisión.
Imaginémonos, un solo instante, que Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo, diera una conferencia de Prensa, desde una prisión “dorada”, y declarara que los campos de concentración nunca existieron y que los nazis jamás quisieron exterminar al pueblo judío. Sólo en Chile, un país anormal, el director de la DINA, Manuel Contreras, desde una cárcel de lujo, financiada por todos los chilenos – incluidos los familiares de detenidos desaparecidos, fusilados, torturados, exonerados, exiliados y ex presos políticos – se le da la oportunidad de dirigirse a toda la nación, a través de canales de televisión, para proferir mentiras, amenazas y declarar, en forma brutal, que la “Gestapo chilena” nunca violó los derechos humanos, jamás torturó, jamás asesinó, ni jamás hizo desaparecer personas – sólo se dedicó, según él, a combatir a los terroristas en una guerra de guerrillas -.
Es tanta la maldad de esta alimaña humana que es capaz de burlarse, no sólo de los jueces, sino también de los familiares de sus víctimas, afirmando que miles de “los detenidos desaparecidos se encuentran en los patios 9, 12, 24, 25, 26, 27, 28 y 29”. Este “santo varón”, que cumplía sólo órdenes de su compadre, el tirano Pinochet niega, con cinismo, la existencia de campos de tortura dependientes de la siniestra DINA, aduciendo que se trataba sólo de cuarteles donde se interrogaba a los terroristas, a fin de obtener información, incluso utilizando “el hipnotismo”. Este perverso personaje, en su esquizofrenia, cree que aún es dueño del país y se atreve a sostener que era “ex íntimo amigo de Eduardo Frei Ruiz-Tagle”; por otra parte, sostiene que él no se encuentra en una cárcel, sino en un recinto militar – como corresponde a un salvador del país de la “plaga del comunismo” – y, además, se da el lujo de recordar, en forma amenazadora y demencial, que cuando fue tomado preso habría podido realizar un golpe de Estado.
Habla muy mal de este país anormal el hecho de que el jefe de la aterrante “Gestapo chilena”, condenado a más de trescientos años por crímenes de lesa humanidad, pueda expresarse, con toda libertad, de la manera bruta e inhumana, como lo hizo este 10 de septiembre, sin siquiera tener un castigo penitenciario – Chile sigue siendo un país donde se puede hacer apología de los crímenes más abyectos, alabar un ejército de ocupación y el sistemático terrorismo de Estado -; es que en Chile gran parte de la derecha es, claramente nazi y sus servidores, los militares, emplearon el terror y el crimen para que volvieran, con todo el poder, a ser los dueños de su fundo personal.
El nazismo es la expresión histórica del miedo de la derecha frente a un pueblo que, durante la Unidad Popular, ejerció plenamente su dignidad y comenzó a caminar por “las grandes alamedas” con libertad y conciencia de su valer como sujeto fundamental de la historia. La brutalidad con la cual procedieron los militares, muy propia de un ejército de ocupación que, desde el comienzo aplicó un terrorismo cuyo objetivo era aniquilar, a sangre y fuego la fuerza de un movimiento social y que había llegado a su más alta expresión en la historia de Chile
Es inexplicable en un país civilizado que el jefe “Gestapo chilena” conserve el grado de general y, cuando muera, pueda recibir honores equivalentes a ese cargo, y aún más inaceptable es que dos de los gobiernos democráticos de la Concertación hayan permitido la construcción de dos hoteles de lujo para albergar a los siniestros personajes de la dictadura, entre ellos Manuel Contreras – en algún momento, al menos, durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el ministro de Obras Públicas, Ricardo Lagos, tuvo el gesto de dignidad de negarse a aceptar la construcción de la cárcel militar de Punta Peuco, pero fue amenazado por el Presidente de ser reemplazado por José Miguel Insulza -. Según Francisco Vidal, ex ministro de Michelle Bachelet, Manuel Contreras fue trasladado a la cárcel Cordillera – de mejor calidad que Punta Peuco.
Si tuviéramos la suerte a elegir, alguna vez, a un gobierno digno, con valores y nociones de justicia e igualdad, un mínimo exigible sería trasladar estos despreciables y repugnantes genocidas – que no tuvieron ninguna piedad ni consideración con sus compatriotas, perpetrando los más atroces e inhumanos crímenes – a las cárceles adonde van los delincuentes chilenos, por delitos infinitamente menores que los de los torturadores y genocidas. Ya es hora de que las fuerzas armadas dejen de lado el pacto de silencio e indiquen el paradero de los ciudadanos desaparecidos, como también que la justicia actúa con más diligencia en el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad y en el castigo a los culpables.
A los cuarenta años del golpe de Estado parece incomprensible que, en este país, un sector importante de la derecha siga avalando el nazismo y continúe justificando los atropellos a la dignidad humana, inaceptables éticamente y, que además, pretendan ser baluartes de la civilización llamada cristiana. Es que en Chile aún vivimos en un país anormal, en que los verdugos son homenajeados y las víctimas, vilipendiadas. Esta es la triste historia de la democracia de los empates.
11/09/2013
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