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Dos pueblos hermanos 

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Foto Marcelo Segura02 / 05 / 13

En esta historia, la primera imagen es igual a la del final. El maorí Weitini Mitai Ngati (54) aparece con su mano estrechando la de un niño mapuche. Sus narices están pegadas en un saludo fraterno y antiguo.

–No se asusten los niños con lo que verán –advierte Mitai–. Fíjense en mis ojos y en mi lengua.

En su rostro lleva pintado el Ta Moko, símbolo ancestral que los primeros maoríes se tatuaban para ir a la guerra. Entonces, Weitini endereza su columna, flecta las rodillas, abre los ojos hasta que casi se salen de sus órbitas y saca toda su lengua.

Es el comienzo del haka, una danza ceremonial que hoy es usada por los All Blacks, el equipo nacional de rugby en Nueva Zelandia, y que sus antepasados interpretaban frente a sus enemigos antes de la batalla con el fin de aterrorizarlos.

Frente a él, una mujer que viste un chamal y el trarilonko –característico cintillo de monedas de plata mapuche– lo observa muda de pies a cabeza.

–¿Por qué no andas con tu vestimenta tradicional?– le pregunta.
–Hace mucho frío– dice el maorí.

El encuentro, a mediados de abril, ha sido organizado por Corfo Biobío y CorpArauco, en el marco del Programa de Turismo de Intereses Especiales del Territorio (PIT). Los maoríes darían a conocer su exitosa experiencia en el turismo étnico y cultural indígena, que aporta el 23% al PIB de su país.

Según el último censo, en Chile el 11,11% de la población se considera perteneciente a un pueblo indígena. De ellos, 1.442.214 son mapuches. Del otro lado del Pacífico, los maoríes ascienden a 620 mil sólo en Nueva Zelandia, casi el 20% de la población total. En 15 años aseguraron el 5,5% de la superficie de su país, su lengua es la segunda nacional y tienen 14 parlamentarios. No es lo mismo para los mapuches en Chile.

Es hora de comer, y Weitini tiene en frente sopaipillas con pebre, piñones y otras preparaciones. El lonco Pascual Pilquilmán (67), líder de la comunidad Camping Lorcura, en Tirúa, lo alienta.

–¿Vamos a jugar hockey? –pregunta Weitini cuando ve a un niño con una chueca entre sus manos.
–No, te vamos a enseñar a jugar palín– le responde el lonco.

Un hombre lanza una bola al aire y cae al suelo. Pascual y otros mapuches se la disputan. Weitini, de pie, observa sin saber qué hacer. A la orilla del lago Lleu Lleu, el viento sopla fuerte. El maorí se percata de que hay animales cerca.

–Son vacas– le dice una mujer.
–En mi tierra los animales están muriendo –responde Weitini.
–Acá nos sobran– bromea ella.

El maorí se despide del viejo mapuche con el mismo saludo. Nariz contra nariz, en una realidad ancestral tan distinta a la de sus anfitriones.

Intercambio histórico

La Oficina Nacional de Turismo Maorí  ha sido clave en el desarrollo de esta industria en Nueva Zelanda. Entre sus principales tareas destacan el posicionamiento de su cultura como elemento básico de la experiencia turística de ese país; promover de manera medible el desarrollo de productos maoríes de alta calidad y experiencias turísticas; aumentar el número de visitantes interesados en el negocio turístico maorí; incrementar los rendimientos para sus operadores turísticos; aumentar las inversiones y capacidad empresarial en este sector; y mejorar los niveles de satisfacción del cliente con sus productos y servicios turísticos.

Para lograr dichos objetivos, el plan de acción establece cinco áreas de trabajo que deberían generar ingentes beneficios con los recursos disponibles. Estas buscan integrar el turismo maorí en las principales ciudades, eventos, regiones, áreas de conservación y comercio. La dirección y ejecución del plan corresponden a la oficina de turismo maorí, la que cuenta con el apoyo de Tourism New Zealand, ministerios de Desarrollo Económico, de Desarrollo Maorí y de Cultura, sector empresarial y Departamento de Conservación.

Su labor se focaliza en identificar y promover iniciativas conjuntas de alta prioridad; comprometer recursos para la construcción conjunta de emprendimientos turísticos existentes o para el desarrollo de iniciativas de alta producción; extraer sinergias de esfuerzos de cooperación coordinados entre las entidades gubernamentales y las agencias; y maximizar el retorno de la inversión mediante el trabajo con organizaciones de partes interesadas relevantes.

Con el fin de obtener resultados, el plan de acción -que dura tres años y un presupuesto de 4 millones de dólares- identifica tres estrategias posibles: la necesidad de que los productos y servicios deben ser auténticos y de gran calidad si se pretende alcanzar un alto retorno, lo que demanda un aumento de capacidades; investigación y desarrollo de una mejor capacidad de evaluación, utilizando datos para conducir al éxito empresarial; y una mayor promoción de marcas.

*Fuente: Azkintuwe

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