El descenso de los cielos de la virgen Michelle
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 4 min lectura
No puedo de recurrir a metáforas bíblicas – estamos en Semana Santa, además – para referirme al “domingo de ramos” de la candidata a la Presidencia, Michelle Bachelet, que no apareció sobre un pollino, sino sobre un aparato alado. Los jefes del PPD y del PS prepararon mucho mejor la recepción, en el aeropuerto, que los apóstoles de Jesús, a su entrada triunfante a Jerusalén: el genio que preparó la llegada de Michelle no pudo elegir mejor a los protagonistas de esta escena, pues escondió a todos los “bacalaos” y sólo mostró lo más calado y representativo de la Concertación, entre quienes se encontraban personajes queridos y carismáticos, como Jonny Carrasco y la Carola Tohá – como si Pudahuel y Santiago la recibieran – y una grupo de mujeres, la mayoría dirigentes poblaciones del PS-PPD, quienes representaban a todo el género que portó la banda presidencial en toma de mando del primer gobierno de Michelle Bachelet.
El “jueves santo” vendrá el lavado de pies por parte de Osvaldo Andrade y Jaime Quintana a los “humildes electores”, cual Jesús en la Última Cena. En este caso, a diferencia del episodio bíblico, no habrá ningún “Judas” entre los invitados a la Cena, pues como decía un personaje político chileno al ser reprochado por una señora muy pechoña al verlo vestido de rojo el viernes santo, “Señora, yo estoy al tanto de la noticia de que el domingo va a resucitar”.
Le deseo todo el bien posible a la carismática candidata Michelle Bachelet – por cierto, no sufrirá el viernes, ni tampoco resucitará el domingo, pues es tan humana como todos nosotros – pero todos los creyentes debemos aguardar “la segunda venida de Cristo en gloria y majestad” para resucitar en cuerpo y alma.
De la historia de Chile se me viene el recuerdo la recepción del “demagogo y demoledor” – al decir de Ricardo Donoso – Arturo Alessandri, en 1925 – sin aviones, sólo en barco y en tren – quien fue recibido en la Estación Mapocho por una frenética multitud; los militares Ibáñez y Grove se escondieron, lo mismo que los máximos dirigentes del PPD-PS en el día de hoy – que hay que entenderlo por táctica -. En los años 20, esa historia terminó en un “viernes santo”, en febrero de 1927, cuando Ibáñez se tomó el ministerio del Interior y, con él, todo el poder.
No siempre tener un amplio apoyo popular es signo de buen gobierno – recuerdo que Carlos Ibáñez obtuvo casi la mayoría absoluta, en 1952, y su gobierno fue uno de los más malos en la historia de nuestro país.
Durante el primer gobierno de Michelle Bachelet trató de superar a los partidos políticos y de hacer “un gobierno ciudadano”, como ella lo llamaba. Parecía que las mismas mujeres que hoy, 27 de marzo, la esperaban en el aeropuerto se habían tomado el poder: en ese entonces se mantuvo la paridad de género, con ministras geniales – Paulina Veloso, por ejemplo, con su look parecido al futbolista colombiano, el pibe Valderrama – pero bastó la rebelión de “los pingüinos” para que reinstalaran los “bacalaos” de siempre, para no abandonarla más.
Según Max Weber, lo que caracteriza a un liderazgo carismático es que quien posee esta cualidad, tomada de la religión, es quien determina las reglas: Michelle Bachelet podrá aprovechar esta gloria efímera para poner en cintura a los “seguidores incondicionales” que hoy la rodean, pero al primer obstáculo – como siempre ha ocurrido en la teología y en la historia – estos fanáticos terminan imponiéndose o abandonarla en los momentos álgidos de su existencia. Para seguir con el recuerdo de la Semana Santa, ¿acaso Pedro no lo negó tres veces antes del canto del gallo, y sus discípulos pasaron a la clandestinidad? Sólo aparecieron cuando la “palomita se posó sobre sus cabezas” y entonces reaccionaron hablando en todos los idiomas.
Michelle Bachelet tiene la suerte de que el “espíritu santo” se le presenta, al momento de embarcarse con el milagro de 2 – 0 goles de Chile contra Uruguay y, como dicen los comentaristas de futbol, “la marraqueta está más rica y crujiente esta mañana”. A los líderes carismáticos siempre los apoya la fortuna. Pensemos cómo aprovechó Mussolini la marcha sobre Roma; otro tanto podríamos decir de Gandhi en la “marcha de la sal”; Mahoma no sería un profeta si San Gabriel no “le hubiera dictado” el Corán, siendo analfabeto.
En el día de hoy, Michelle Bachelet llegó de los cielos, supuestamente, para hacer milagros a la derrotada Concertación y sus apóstoles están de jolgorio y se preparan para las posibles bienaventuranzas del poder.
27/03/2013
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