“Nunca como hoy ha sido tan necesario el socialismo, ni jamás ha estado tan lejos. Esto es así porque ha desaparecido de nuestro imaginario la idea de revolución. Se trata, en el fondo, de un problema de Hegemonía gramsciana”.
Con estas palabras ha resumido el politólogo Manuel Monereo la vigencia del pensamiento de Antonio Gramsci. Abogado laboralista, miembro del Consejo Político Federal de IU, del Frente Cívico y de Socialismo 21, Monereo ha analizado la figura de Gramsci en el Seminario Crítico de Ciencias Sociales, organizado por ATTAC-PV y la fundación CEPS.
En “Antonio Gramsci, introducción al estudio de la filosofía” (Ed. Crítica, 1985), el filósofo marxista Manuel Sacristán señalaba que la cuestión de la Hegemonía es “la más conocida de las ideas de Gramsci”. Y añadía que esta idea “tiene que ver con su convicción de que la derrota de la clase obrera italiana y europeo-occidental en el momento revolucionario de la primera posguerra mundial era explicable, entre otras cosas, por su falta de autonomía cultural”. ¿Qué decir a día de hoy, con masas de desempleados que votan a favor de políticas neoliberales y avalan a gobernantes procesados por corrupción?
Gramsci introdujo otras categorías igual de útiles para el análisis político: “bloque histórico”, “intelectual orgánico”, la cultura nacional-popular, una renovadora lectura de Maquiavelo…Pero la misma o mayor relevancia posee el Gramsci político, en tanto que dirigente comunista; o el Gramsci humano, que agoniza y muere en la cárcel el 27 de abril de 1937. “No quiero hacer ni de mártir ni de héroe. Creo que soy sencillamente un hombre medio, que tiene sus convicciones propias y no las vende por nada del mundo”, llega a afirmar. Y, junto a todos ellos, el Gramsci militante: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no debe dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida”.
Por estas razones, “seguramente sean Antonio Gramsci y Ernesto Che Guevara los comunistas-marxistas más leídos y comentados hoy en todo el mundo”, afirma Monereo. Además, “la difusión de estudios gramscianos es descomunal en todos los idiomas”. Pero la vigencia del revolucionario italiano no se reduce al trabajo teórico pues, recuerda Manuel Monereo, “continúa siendo un inspirador de las nuevas generaciones de luchadores sociales en los cinco continentes: Desde el subcomandante Marcos, hasta el 15-M o los foros sociales”.
Monereo recuerda que, en su “Teoría de las generaciones”, Ortega y Gasset plantea que éstas responden más a un hecho histórico que biológico. Y Antonio Gramsci es un personaje de su generación, encarnado en el periodo histórico que le toca vivir. “Al principio no poseía una definida vocación política, pero fue la coyuntura histórica la que fue marcando su compromiso”, subraya Manuel Monereo. Es tan así que un Gramsci joven llega a Turín cuando esta ciudad constituye uno de los epicentros obreros de la época, con industrias como la FIAT. Ingresa en el Partido Socialista; aunque bebe del mismo, discute el idealismo de Croce, muy influyente en la filosofía del momento; participa en los debates sobre la Primera Guerra Mundial y vive la “traición” de la dirigencia socialdemócrata; el triunfo de la revolución rusa; funda “L’Ordine Nuevo”, embrión del PCI; recibe la poderosa influencia de la figura de Lenin y la III Internacional, se enfrenta contra el fascismo…
Para Gramsci, y para toda su generación, “Lenin fue determinante”, sentencia Manuel Monereo. “La III Internacional y Lenin representaron la lucha por la revolución proletaria a escala mundial” (La I y la II Internacional abarcaron un ámbito fundamentalmente euroamericano). Es más, “para los países de la periferia –incluidos Japón, India, Sudáfrica, América Latina y el mundo árabe- la III Internacional supuso un gran referente para la lucha antiimperialista”. “Se asumía el leninismo como el marxismo de la época imperialista”, resume Monereo.
Pero más allá de la influencia general en la época, Manuel Monereo subraya que Gramsci fue “el leninista más coherente de occidente; quien mejor entendió la reflexión de Lenin sobre por qué fracasó la revolución en occidente”. Pero no sólo eso. Gramsci aportó al análisis marxista conceptos para explicar este fracaso. Y lo hace, aclara Monereo, “desde el leninismo, pero yendo más allá de Lenin”. Gramsci “reconstruye a Lenin, a Marx y el instrumental analítico del socialismo y el comunismo aplicado al fracaso de la revolución social en Europa”, explica el politólogo andaluz.
Para ello, Gramsci entra en el viejo debate sobre las diferencias entre las sociedades orientales (primitivas y en las cuales el estado lo es todo) y occidentales (más densas, complejas y donde, además del estado, existe una sociedad civil articulada). Es en este punto donde el análisis del filósofo, político y periodista italiano adquiere toda su vigencia. Porque, según Gramsci, el estado en occidente no podía definirse como la adición, sin más, de los intereses generales de la burguesía. “El estado es coerción, pero también legitimidad; es, en definitiva, Hegemonía”, enfatiza Monereo. Antonio Gramsci revisa, así pues, la teoría marxista del estado y para ello introduce factores decisivos, como la construcción de consensos y las herramientas para forjar legitimidades.
En su polémica con Trotski y Rosa Luxemburgo a cerca de la relación entre crisis económica y revolución, Gramsci llega a parecidas conclusiones. A grandes rasgos, para los dos primeros la crisis económica conduciría a una crisis social, y ésta a una crisis política que, prácticamente en secuencia lineal, desembocaría en una situación revolucionaria. Gramsci reconoce la posibilidad de que esta concatenación pueda darse en oriente, pero la realidad occidental resulta más compleja. Porque, según los análisis de Trotski y Rosa Luxemburgo, ¿Cómo se explica el fracaso de la revolución en occidente? o ¿Cómo se explica el ascenso de nuevos elementos como el fascismo? Estas interrogantes le llevan otra vez a Gramsci a la cuestión de la Hegemonía.
Además, en torno a este concepto planea constantemente en Gramsci una obsesión: el rol del intelectual. Éste no es alguien que se caracterice por unas facultades superiores a las de la gente común. “El intelectual –en términos gramscianos- es un actor con capacidad de crear Hegemonía en un estado determinado. De ahí su importancia”, explica Manuel Monereo. Y de ahí que los cuadros comunistas deban convertirse en intelectuales de la clase obrera. En intelectuales orgánicos, cuya misión será la de formular de manera coherente la cultura obrera.
En algunos artículos y conferencias, Monereo ha rescatado otro concepto de la obra gramsciana –el “transformismo”- para el análisis del presente. Para el dirigente comunista italiano, el “transformismo” es el dispositivo por el que las clases dominantes, sobre todo en tiempo de crisis política, cooptan a las élites (los intelectuales) de las capas subalternas, ampliando su base social y perpetuando su poder. Según Monereo, “es un hecho que en España vivimos hoy una grave crisis política (una crisis orgánica del capitalismo español) que puede culminar en un cambio de régimen”. Algo muy parecido ocurrió también durante la crisis de la I República italiana y los escándalos de la Tangentópolis.
Para trazar el paralelismo, recuerda Monereo que actualmente en España hay un actor decisivo que desaparece: los poderes económicos. “La cuestión de fondo en una democracia capitalista es compleja. ¿Cómo mandan los que no se presentan a las elecciones? Es decir, ¿Cómo controlan e influyen en las decisiones de la clase política los que tienen el poder económico? La corrupción ha sido y es el mejor instrumento. El problema (aquí y ahora) es la captura del poder político por los grupos de poder económico, mediáticos y financieros”.
Siguiendo con esta reflexión, y con las especulaciones gramscianas sobre la política y el estado, Monereo subraya que “una cosa es el sistema de partidos y otra la concepción orgánica de estos partidos”. En términos simples, “Gramsci no tendría duda en que el PP y el PSOE están al servicio de la derecha económica por el papel que desempeñan, más allá de lo que hagan, digan en sus discursos o de que se presenten con diferentes siglas”, concluye el politólogo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
*Fuente: El Rebelde
Artículos Relacionados
Don Mario vuelve a las andadas…
por Roberto Quesada (Nueva York, EE.UU.)
13 años atrás 8 min lectura
México: La guerra que más le interesa a Peña Nieto
por Víctor M. Quintana S. (Chihuaha, México)
12 años atrás 4 min lectura
Morir a golpes en Chile: Justicia Militar chilena al banquillo
por Lucía Sepúlveda Ruiz (Chile)
16 años atrás 5 min lectura
La NSA espió a Chávez el 2006 en Roma luego al G-20 el 2009
por Gianni Cipriani (Italia)
13 años atrás 6 min lectura
Venezuela: un país en transformación
por Joâo Pedro Stedile (MST-Brasil)
21 años atrás 9 min lectura
La gran perdedora: la Democracia Cristiana
por Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo (Chile)
9 años atrás 6 min lectura
3 Comentarios
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.
Nelson Quichillao: el crimen impune que marca a Bachelet
por CTC
3 horas atrás
25 de julio de 2026 Nelson Quichillao López, nacido en La Unión, al sur de Chile, llegó a la mina de El Salvador motivado por su hermano José, ex…
La gratitud que humilla (la de Delcy Rodríguez agradeciendo a Trump)
por Eduardo Álvarez Estévez|
3 horas atrás
25 de julio de 2026
Delcy Rodríguez agradeció públicamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por el apoyo brindado a Venezuela tras los fuertes terremotos que sacudieron el país.
Violación de los DD.HH. en los territorios palestinos ocupados por Israel: «Más de lo que un ser humano puede soportar»
por Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado
1 semana atrás
18 de julio de 2026
Estaba tumbado en el suelo, completamente desnudo. Los soldados me exigieron que besara la bandera israelí, pero me negué, por lo que me golpearon brutalmente y me dieron patadas en los genitales. Como consecuencia, vomité. Sentía dolor y tenía los testículos hinchados y magullados por la paliza. Perdí el conocimiento durante un breve periodo de tiempo y, al despertar, me di cuenta de que seguían golpeándome.
Los criminales de guerra israelíes están torturando al Dr. Hussam Abu Safiya. Hasta cuando seguirá el mundo guardando silencio
por Medios Internacionales
1 semana atrás
17 de julio de 2026
El Dr. Hussam Abu Safiya suplica que lo salven. No pide compasión. Pide al mundo que actúe. Difundan su nombre. Salgan a las calles. Exijan respuestas a sus políticos. Exijan acceso independiente. Exijan su liberación.
ambivalencia en la lucha de clases y para mantenerse y consolidarse como el aliado subalterno de la burguesía, con teorías y políticas emanadas de personajes como Antonio Gramsci.
Enric Llopis, nos señala que el politólogo M. Monereo (Abogado laboralista, miembro del Consejo Político Federal de IU, del Frente Cívico y de Socialismo 21 (vaya qué títulos)), decía: “(…), según Gramsci, (…) “El estado es coerción, pero también LEGITIMIDAD; es, en definitiva, Hegemonía”, enfatiza Monereo que Antonio Gramsci revisa la teoría marxista del estado y para ello introduce factores decisivos, como la construcción de consensos y las herramientas para forjar legitimidades”.
Problema central de todo marxista-leninista es precisamente el entendimiento sobre el papel del ESTADO (represor y opresor de la clase obrera y el pueblo a nombre de la burguesía) y la tarea que nos corresponde (su destrucción para construir el estado socialista).
Pero para Enric Llopis, y su politólogo Monereo, el estado no solo es coerción, es también LEGITIMIDAD, por lo que la tarea es la construcción de CONSENSOS y herramientas para legitimarse dentro de este Estado burgués. Consensos (o alianzas) con la contrarrevolución y las formas (herramientas como Consejo Político Federal, Frente Cívico, Socialismo 21, movimientos como el 15-M o los foros sociales) para legitimarse dentro del Estado burgués
CORRIGIENDO UNA OMISIÓNN INVOLUNTARIA
El Primer párrafo de mi comentario se encuentra cortada, DEBE DECIR:
La pequeña burguesía, para su “lucha democrática”, recurre a triquiñuelas para “ocultar” su ambivalencia en la lucha de clases y para mantenerse y consolidarse como el aliado subalterno de la burguesía, con teorías y políticas emanadas de personajes como Antonio Gramsci.
Disculpen
Los escritos de Gramsci, son difíciles de comprender por su carácter fragmental. Sin duda el mayor aporte realizado dice relación a la problemática de la Hegemonía, concepto que no es Gramsciano, pero que este lo eleva a nivel de categoría. Por ejemplo señala entre muchas cosas que, el capitalismo es ideológicamente hegemónico en tanto que convence a la gente de que no hay otra forma de vivir que la que le ofrece el sistema.
La hegemonía no es solo político, es cultural y valórico.
Otro ejemplo, mas practico, el modelo neoliberal nos enseño durante décadas que la economía y la política (Estado ) deberían estar lo mas separadas al punto de eliminar toda regulación posible, bien ahora vemos al desastre al que puede llevar una ideología hegemónica.
El tema es entonces, ciudadanos occidentales, de que se lamentan, del chancho o del que da el afrecho ???
Gramsci, lo revelo por el año 30, el Estado y el Mercado no son temas separados, vaya forma de aprender.